DICCIONARIO MÉDICO
Identificación
En psicología, la identificación nombra el proceso inconsciente por el que una persona toma rasgos, actitudes o valores de otra y los incorpora a su propia manera de ser. No equivale a copiar una conducta: modifica la personalidad desde dentro. Sigmund Freud la situó en el centro de la formación del yo y de la conciencia moral. La palabra procede del latín tardío identificare, formada sobre identicus (idéntico, derivado de idem, «lo mismo») y facere (hacer). Su sentido literal, «hacer idéntico» o «volverse idéntico a», describe con bastante fidelidad lo que ocurre en el fenómeno psíquico: alguien se aproxima a otra persona hasta asumir algo suyo como propio. En la teoría psicoanalítica, la identificación designa el proceso por el cual el sujeto asimila un aspecto, una cualidad o un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente, sobre ese modelo. Freud no la trató como un mecanismo de defensa más entre los que cataloga la psicología del yo. Para él era una operación constitutiva. El yo, sostuvo, se forma en buena parte como sedimento de las identificaciones que una persona va dejando a lo largo de su biografía, empezando por las más tempranas con quienes la cuidan. De esa misma raíz nace la conciencia moral. Lo que Freud llamó superyó (la instancia que prohíbe, juzga y exige) surge cuando el niño se identifica con las figuras parentales y hace suyas sus normas. Por eso conviene distinguir la identificación de la identidad: la segunda es el resultado, el sentido continuo de ser uno mismo; la primera es uno de los mecanismos que lo van construyendo. Freud diferenció dos momentos. La identificación primaria es la más arcaica, anterior incluso a que el bebé distinga con nitidez entre él y el mundo. No se dirige todavía a un objeto elegido, sino que funciona como el molde primero sobre el que se organizará el psiquismo. La identificación secundaria llega después, ligada ya a vínculos concretos, y con frecuencia opera como sustituto: cuando se pierde o se abandona una relación afectiva importante, el sujeto conserva algo de esa persona incorporándola a su carácter. Se ama menos, pero se es un poco más como aquel a quien se amó. Este segundo mecanismo explica un rasgo cotidiano de los duelos. Tras una pérdida es habitual adoptar gestos, expresiones o aficiones de quien ya no está. La respuesta es silenciosa. El carácter se remodela sin que la persona lo advierta, y ahí reside parte de su interés clínico. Más allá de la distinción entre primaria y secundaria, la tradición psicoanalítica ha descrito modalidades con perfil propio: La identificación histérica permite compartir un síntoma con otra persona sobre la base de un deseo común, sin que medie contagio real. La identificación con el agresor, descrita por Anna Freud y por Sándor Ferenczi, hace que quien se siente amenazado asuma los rasgos de quien lo amenaza y pase, en su vivencia, de agredido a agresor. La identificación proyectiva, formulada por Melanie Klein, funciona en sentido inverso: el sujeto deposita partes de sí mismo en otra persona para controlarla o preservarlas. Cada una de estas variantes tiene su propia entrada. Conviene no confundir identificación con imitación. Imitar es reproducir de forma consciente y voluntaria una conducta externa, sin que la estructura de la personalidad quede alterada; se puede dejar de imitar cuando uno quiere. La identificación es inconsciente y deja huella: transforma al sujeto. Tampoco coincide con la introyección, aunque estén emparentadas. Ferenczi acuñó este último término para la fantasía de introducir en uno mismo un objeto exterior; la identificación sería más bien la modificación del yo que resulta de ese movimiento. Y se distingue de la proyección, que hace justamente lo contrario: expulsa hacia afuera contenidos propios que resultan inaceptables. Fuera de la psicología, la palabra identificación tiene un uso corriente muy distinto, el de establecer quién es alguien (identificación de un paciente, identificación forense). Este artículo se ocupa del sentido psíquico del término. Del latín tardío identificare, «hacer idéntico», sobre idem («lo mismo») y facere («hacer»). El sentido etimológico anticipa el psicológico: volverse, en algo, idéntico a otro. No. Puede funcionar como defensa frente a la angustia, pero en la obra de Freud es sobre todo un proceso normal y necesario que forma la personalidad. Sin identificaciones no habría yo ni conciencia moral. La imitación es consciente, deliberada y reversible, y afecta a la conducta visible. La identificación opera sin que la persona lo note y modifica su carácter de forma duradera. No. La identidad es el sentido estable de ser uno mismo a lo largo del tiempo. La identificación es uno de los procesos que contribuyen a construirla.Qué es la identificación
Cómo interviene en la formación del yo
Tipos de identificación
Diferencias con conceptos próximos
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra identificación?
¿La identificación es siempre un mecanismo de defensa?
¿En qué se diferencia de imitar a alguien?
¿Identificación e identidad son lo mismo?
Referencias
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