DICCIONARIO MÉDICO
Identificación con el agresor
La identificación con el agresor es un mecanismo de defensa por el que una persona amenazada asume los rasgos, las actitudes o incluso la agresividad de quien la amenaza. En su vivencia interna deja de ser el agredido para pasar a ocupar, en parte, el lugar del que agrede. Lo describieron Anna Freud y Sándor Ferenczi. Ante una figura que inspira miedo, el psiquismo dispone de una salida paradójica: en lugar de huir del agresor, hacerse como él. Quien recurre a este mecanismo adopta sus gestos, sus opiniones o su fuerza, y con ese movimiento atenúa el temor. La lógica inconsciente podría resumirse así: si soy fuerte y temible como él, ya no tengo motivos para temerlo. Se trata de una forma particular de identificación, el proceso general por el que el sujeto asimila atributos de otra persona y los hace propios. Aquí el modelo no se elige por admiración ni por afecto, sino por miedo, y esa es su singularidad. El término se consolidó con Anna Freud, que lo desarrolló en El yo y los mecanismos de defensa (1936). Ella observó que el niño, al hacer suyas la crítica y la prohibición del adulto que lo intimida, da un paso en la construcción de su conciencia moral: interioriza al que juzga y empieza a juzgarse a sí mismo. Unos años antes, en 1932, Sándor Ferenczi había descrito un fenómeno afín en niños que sufren maltrato. Abrumado por una situación que lo desborda, el pequeño se somete a la voluntad del adulto, la introyecta y llega a cargar con la culpa que correspondería al agresor. Ferenczi hablaba de una identificación ansiosa que borra al niño como sujeto. Las dos formulaciones comparten el núcleo, aunque parten de experiencias distintas. En el lenguaje corriente, la identificación con el agresor suele asociarse al llamado síndrome de Estocolmo, el vínculo afectivo que a veces desarrolla una persona secuestrada hacia quien la retiene. El nombre proviene de un asalto a un banco de Estocolmo en 1973, cuyos rehenes acabaron defendiendo a los asaltantes. Conviene precisar que no son términos equivalentes: el síndrome de Estocolmo es una etiqueta descriptiva y popular, mientras que la identificación con el agresor es un concepto psicoanalítico más amplio que también opera en contextos cotidianos, lejos de cualquier cautiverio. Ambos mecanismos parten de la identificación, pero se mueven en direcciones opuestas. En la identificación con el agresor el sujeto toma algo de fuera (los atributos del otro) y lo incorpora. En la identificación proyectiva hace lo contrario: expulsa partes de sí mismo hacia otra persona. Uno introyecta para defenderse del miedo; el otro proyecta para controlar o preservar. Anna Freud le dio nombre en 1936, y Sándor Ferenczi había descrito en 1932 un fenómeno muy próximo en niños maltratados. No exactamente. El síndrome de Estocolmo es un término popular referido a secuestros; la identificación con el agresor es un concepto psicoanalítico más general que puede darse en muchas otras situaciones. Porque asumir la fuerza del agresor reduce, de forma inconsciente, el sentimiento de indefensión. Convertirse en parte en el otro es una manera de dejar de temerlo.Qué es la identificación con el agresor
Origen del concepto
Relación con el síndrome de Estocolmo
Diferencia con la identificación proyectiva
Preguntas frecuentes
¿Quién describió la identificación con el agresor?
¿Es lo mismo que el síndrome de Estocolmo?
¿Por qué alguien imitaría a quien le hace daño?
Referencias
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