DICCIONARIO MÉDICO
Ibopamina
La ibopamina es el éster diisobutírico de la N-metildopamina, un profármaco que, una vez absorbido, se transforma en epinina, su forma activa. Actúa como agonista de los receptores dopaminérgicos y, en menor medida, adrenérgicos, con un efecto predominantemente vasodilatador. Se investigó como inotrópico oral para la insuficiencia cardíaca, un uso que quedó abandonado tras comprobarse que aumentaba la mortalidad. Su código en la clasificación ATC es C01CA16. Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). Químicamente, la ibopamina es un profármaco: por sí misma tiene poca actividad y solo la libera cuando las esterasas del intestino, el hígado y el plasma la hidrolizan y la convierten en epinina (N-metildopamina), la molécula responsable del efecto. La epinina se parece a la dopamina y comparte buena parte de su perfil: estimula los receptores dopaminérgicos D1 y D2 y, a concentraciones mayores, los receptores alfa y beta adrenérgicos. El resultado neto es una vasodilatación periférica y renal que reduce la carga contra la que trabaja el corazón. A ella se suma una modulación hormonal, con descenso de los niveles de noradrenalina, renina y aldosterona. La ventaja que en su día la hizo atractiva era la vía oral. Las catecolaminas clásicas, como la propia dopamina, se administran por vena y sirven para situaciones agudas; la ibopamina, en cambio, se absorbe por el tubo digestivo, lo que abría la puerta a un uso prolongado fuera del hospital. La misma molécula tuvo una segunda vida en oftalmología, donde se ha estudiado por vía tópica por su capacidad de dilatar la pupila sin paralizar la acomodación y de modificar la presión intraocular; ese empleo ocular tiene un código ATC propio, el S01FB03. La historia de la ibopamina se cita hoy sobre todo como advertencia. A comienzos de los años noventa parecía un buen candidato: aliviaba los síntomas de la insuficiencia cardíaca y mejoraba la tolerancia al esfuerzo. Pero que un paciente se sienta mejor no garantiza que viva más, y eso es justo lo que se propuso comprobar el ensayo PRIME II (Second Prospective Randomised Study of Ibopamine on Mortality and Efficacy). El estudio, publicado en The Lancet en 1997, repartió al azar a más de 1.900 pacientes con insuficiencia cardíaca avanzada entre ibopamina y placebo, sobre el mejor tratamiento disponible en cada caso. Hubo que detenerlo antes de tiempo. En el grupo tratado murieron 232 de 953 pacientes, frente a 193 de 953 en el grupo placebo: un exceso de mortalidad cercano al 26 %. El hallazgo situó a la ibopamina junto a otros inotrópicos orales que, en aquella misma década, mostraron el mismo patrón inquietante, el de alivio a corto plazo y más muertes a medio. La molécula dejó de emplearse en cardiología. La epinina, o N-metildopamina, es la forma activa en la que se convierte la ibopamina dentro del organismo. Es la que se une a los receptores y produce los efectos; la ibopamina funciona como su transportador por vía oral. Porque un ensayo amplio, el PRIME II, demostró en 1997 que aumentaba la mortalidad en los pacientes con enfermedad avanzada, pese a aliviar sus síntomas. Ese resultado, coherente con lo observado en otros inotrópicos orales de la época, la retiró de la práctica cardiológica. No. La dopamina es una catecolamina natural que se administra por vía intravenosa; la ibopamina es un profármaco oral que, al metabolizarse, genera epinina, una molécula emparentada con la dopamina pero distinta. Comparten diana, no estructura ni forma de empleo.Qué es la ibopamina
La lección del estudio PRIME II
Preguntas frecuentes
¿Qué es la epinina?
¿Por qué se dejó de usar la ibopamina en la insuficiencia cardíaca?
¿Es lo mismo la ibopamina que la dopamina?
Referencias
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