DICCIONARIO MÉDICO
Histeria
La histeria es un antiguo concepto médico que agrupaba una serie de trastornos con manifestaciones físicas, sobre todo neurológicas, sin una lesión orgánica que las explicara. Nació ligado al útero, pasó por la neurología y el psicoanálisis del siglo XIX y hoy está en desuso: la medicina ha repartido lo que antes llamaba histeria entre varias categorías diagnósticas distintas. El término procede del griego hystéra (ὑστέρα), que significa útero o matriz. La medicina hipocrática sostenía que ciertos cuadros de la mujer se debían al desplazamiento del útero por el interior del cuerpo, la célebre teoría del útero errante. Esa idea, hoy desacreditada, dejó una huella lingüística que ha durado veinticinco siglos: cada vez que se pronuncia la palabra histeria se está nombrando, sin saberlo, al útero. Durante buena parte de la historia de la medicina, la histeria designó un conjunto abigarrado de síntomas (parálisis, cegueras, convulsiones, pérdidas de sensibilidad, mutismos) que aparecían sin una causa orgánica demostrable. El paciente no fingía. Los síntomas eran reales, incapacitantes y, sin embargo, no encajaban con ninguna lesión conocida del sistema nervioso. Esa paradoja, la de un cuerpo que enferma sin sustrato anatómico visible, es la que convirtió a la histeria en uno de los grandes enigmas de la medicina. Grecia legó la primera explicación: un útero que se movía y comprimía otros órganos. La Edad Media reinterpretó muchos de aquellos cuadros en clave de posesión, y no fue hasta el siglo XIX cuando la histeria entró en el laboratorio clínico. En el hospital parisino de la Salpêtrière, el neurólogo Jean-Martin Charcot la estudió con un método sistemático y la presentó como una afección de origen nervioso, no uterino. Sus demostraciones con hipnosis ante un auditorio abarrotado hicieron célebre el cuadro en toda Europa. Entre quienes acudieron a escucharle estaba un joven médico vienés, Sigmund Freud. Freud, junto con Josef Breuer, publicó en 1895 los Estudios sobre la histeria, con el caso de Anna O. como pieza central. Ahí situaron el origen del trastorno no en una lesión, sino en conflictos psíquicos reprimidos que se traducían en síntomas corporales, un mecanismo al que llamaron conversión. Pierre Janet, por la misma época, prefirió hablar de disociación. De aquellas discusiones nació buena parte de la psiquiatría y el psicoanálisis del siglo XX. La histeria ya no figura como diagnóstico. Los manuales la consideran un término confuso, cargado de connotaciones peyorativas y sesgado por su asociación histórica con lo femenino, y desaconsejan su uso. Lo que antes se agrupaba bajo esa etiqueta se ha repartido entre entidades más precisas. La antigua conversión histérica corresponde hoy al trastorno de conversión, rebautizado en el DSM-5 como trastorno de síntomas neurológicos funcionales. Otros rasgos que se atribuían a la personalidad histérica se recogen ahora en el trastorno histriónico de la personalidad. Los cuadros de amnesia o desdoblamiento pasaron a los trastornos disociativos, y la tendencia a expresar el malestar psíquico mediante molestias físicas se estudia dentro de la somatización y los trastornos de síntomas somáticos. El recorrido por los manuales diagnósticos lo ilustra bien. El DSM-I de 1952 aún recogía la reacción de conversión; el DSM-II de 1968 hablaba de neurosis histérica; y desde el DSM-III de 1980 el término desapareció, desmembrado en las categorías que se usan hoy. Conviene distinguir la histeria clínica de otros dos usos de la palabra. Uno es la histeria colectiva o enfermedad psicógena masiva, un fenómeno en el que varias personas de un mismo grupo desarrollan síntomas físicos por un mecanismo de sugestión, sin agente físico que los provoque. El otro es el uso cotidiano, que emplea histérico como sinónimo de exaltación o nerviosismo desbordado. Ese sentido coloquial ha terminado por vaciar de contenido médico al término. Un apunte para evitar confusiones frecuentes: histeria no guarda relación alguna con histéresis, una palabra parecida pero de raíz distinta que pertenece a la física y describe el retraso de un efecto respecto a su causa. Porque la medicina griega creía que el útero podía desplazarse dentro del cuerpo y provocar así los síntomas. De esa creencia procede el nombre, tomado del griego hystéra, útero. La asociación se mantuvo durante siglos y explica que la histeria se considerara, erróneamente, una dolencia exclusiva de la mujer. No. Los sistemas de clasificación actuales han abandonado el término y lo han sustituido por diagnósticos más definidos, como el trastorno de síntomas neurológicos funcionales o el trastorno histriónico de la personalidad. Jean-Martin Charcot fue el primero en abordarla de forma sistemática en la Salpêtrière de París a finales del siglo XIX. Su discípulo Sigmund Freud, con Josef Breuer, dio el paso siguiente al vincularla a conflictos psíquicos en los Estudios sobre la histeria de 1895. No exactamente. La histeria colectiva describe la aparición simultánea de síntomas en un grupo por sugestión, mientras que la histeria clínica se refería al cuadro individual. Comparten la ausencia de una causa orgánica, pero son fenómenos distintos.Qué es la histeria
Del útero errante a la neurosis
Qué ha sido de la histeria en la clasificación médica actual
Histeria colectiva y uso coloquial
Preguntas frecuentes
¿Por qué la histeria se asoció al útero?
¿Se sigue diagnosticando histeria hoy?
¿Quién estudió la histeria con criterio científico?
¿Es lo mismo histeria que histeria colectiva?
Referencias
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