DICCIONARIO MÉDICO
Hidralazina
La hidralazina es un vasodilatador de acción directa que relaja el músculo liso de las arterias y las arteriolas, sin apenas efecto sobre el territorio venoso. Se emplea como antihipertensivo, casi siempre en combinación con otros fármacos. Pertenece a los derivados hidrazinoftalazínicos y su código en la clasificación ATC es C02DB02. Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). La hidralazina es una molécula derivada de la ftalazina que actúa directamente sobre la pared de las arterias de pequeño calibre. Al relajar el músculo liso arteriolar reduce la resistencia que los vasos oponen al paso de la sangre, y con ello desciende la presión arterial. Su acción se concentra en el lecho arterial: sobre las venas influye poco, lo que la distingue de otros vasodilatadores que dilatan también el territorio venoso. Esa selectividad tiene una consecuencia hemodinámica concreta. Al actuar sobre las arteriolas, la hidralazina reduce sobre todo la poscarga, es decir, la resistencia contra la que el corazón tiene que expulsar la sangre. El retorno venoso apenas se modifica. Dentro de la clasificación ATC ocupa el grupo C02DB, reservado a los agentes que actúan sobre el músculo liso arteriolar. El mecanismo molecular de la hidralazina no se conoce por completo, algo poco habitual en un fármaco con más de setenta años de uso clínico. Se han propuesto varias vías que probablemente coexisten. La más documentada es la interferencia con el manejo del calcio dentro de la célula muscular: la hidralazina limita la liberación de calcio desde el retículo sarcoplasmático, y sin ese calcio disponible las proteínas contráctiles no pueden generar tensión. El resultado es una fibra muscular relajada y un vaso dilatado. A esa vía se suman otras. Distintos trabajos apuntan a que la hidralazina favorece la disponibilidad de óxido nítrico, el mensajero que el propio endotelio libera para relajar los vasos, y que actúa como antioxidante preservándolo de la degradación. También se ha descrito la activación de factores inducidos por hipoxia. Ninguna de estas explicaciones agota el fenómeno por separado. La molécula es antigua; su farmacología, todavía objeto de estudio. La caída de la presión pone en marcha una respuesta compensadora del sistema nervioso simpático: el corazón late más rápido y con más fuerza, y el riñón tiende a retener sodio y agua. Por ese motivo la hidralazina rara vez se administra sola. Combinada con un betabloqueante, que frena la taquicardia refleja, y con un diurético, que contrarresta la retención de líquidos, su rendimiento mejora y los efectos indeseados de cada componente se atenúan. El organismo elimina la hidralazina mediante acetilación, una reacción química catalizada por la enzima N-acetiltransferasa 2 (NAT2). El gen que codifica esta enzima es muy variable de una persona a otra, de modo que la población se reparte en acetiladores rápidos y lentos, en proporciones cercanas a la mitad a escala mundial. En los acetiladores lentos el fármaco se degrada con menos eficiencia, alcanza concentraciones más altas en sangre y ejerce un efecto mayor, tanto terapéutico como tóxico. Se trata de una de las asociaciones más tempranas que estudió la farmacogenética. La cara adversa de este perfil es un cuadro autoinmunitario conocido como síndrome lúpico inducido por fármacos, que remeda al lupus eritematoso sistémico y suele revertir al retirar la medicación. Los primeros casos se describieron en 1953, apenas dos años después de la introducción del fármaco. El riesgo se relaciona con la dosis acumulada, la duración prolongada del tratamiento, el sexo femenino y, precisamente, el fenotipo acetilador lento. Es la razón por la que la hidralazina exige vigilancia en los tratamientos largos. El nombre alude a su estructura química: es un derivado de la ftalazina con un grupo hidrazina en el anillo. De hecho, entre las muchas ftalazinas ensayadas en los años cuarenta, solo las que incorporaban esa porción hidrazina en una posición concreta mostraron actividad vasodilatadora. Porque al bajar la presión provoca una reacción refleja del organismo: el corazón se acelera y el riñón retiene líquido, dos respuestas que tienden a anular su efecto con el tiempo. Asociarla a un betabloqueante y a un diurético neutraliza ese fenómeno. Cuando se comprendió esta lógica compensadora, el fármaco, que al principio se había usado poco por la taquicardia que generaba, encontró su sitio en la terapia combinada. Sí, aunque hoy ocupa una posición de segunda línea. Mantiene indicaciones muy vigentes: fue el primer vasodilatador que demostró reducir la mortalidad en la insuficiencia cardíaca, en los ensayos V-HeFT de los años ochenta, combinado con nitratos. Conserva un papel relevante en pacientes que no toleran otros grupos farmacológicos y en la hipertensión grave del embarazo. Si desea ampliar información, puede consultar:Qué es la hidralazina
Cómo produce la vasodilatación
El fenotipo acetilador y el síndrome lúpico
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre hidralazina?
¿Por qué casi nunca se receta sola?
¿Sigue utilizándose hoy?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026