DICCIONARIO MÉDICO
Galio
El galio (Ga) es un elemento químico de número atómico 31 perteneciente al grupo 13 de la tabla periódica. Metal blando y plateado, se caracteriza por un punto de fusión inusualmente bajo (29,76 °C) que le permite licuarse con el calor de la mano. En medicina, sus isótopos radiactivos (galio-67 y galio-68) se emplean como radiotrazadores en estudios de imagen nuclear, y ciertas sales de galio han mostrado actividad antimicrobiana y antirresorptiva ósea en contextos de investigación. El galio es un metal del bloque p de la tabla periódica. Su símbolo químico es Ga y su número atómico, 31. Pertenece al grupo 13 (antiguamente denominado IIIA), junto al aluminio, al que se parece en comportamiento químico. No se encuentra libre en la naturaleza: aparece en trazas en minerales de zinc (esfalerita) y de aluminio (bauxita), y se obtiene como subproducto de la extracción industrial de estos dos metales. Su propiedad física más llamativa es el punto de fusión, apenas 29,76 °C. Un fragmento de galio sólido se licúa literalmente al sostenerlo entre los dedos. Combinado con un punto de ebullición de 2204 °C, el galio presenta uno de los rangos líquidos más amplios de todos los elementos, lo que le ha conferido utilidad en termómetros de alta temperatura y en aleaciones de bajo punto de fusión. Es un metal frágil en estado sólido y de color plateado que, al fundirse, adquiere un brillo similar al del mercurio. En 1871, Dmitri Mendeléyev publicó su tabla periódica y predijo la existencia de un elemento aún desconocido al que llamó provisionalmente eka-aluminio. Describió con notable precisión sus propiedades: peso atómico, densidad y comportamiento químico. Cuatro años después, en 1875, el químico francés Paul-Émile Lecoq de Boisbaudran detectó las líneas espectrales características de un elemento nuevo en una muestra de esfalerita procedente de los Pirineos. Había hallado el eka-aluminio de Mendeléyev. Lecoq de Boisbaudran bautizó al elemento como gallium, del latín Gallia ("Galia", la Francia antigua). Se ha señalado repetidamente que el nombre contiene también un juego de palabras inadvertido (o no tan inadvertido): gallus en latín significa "gallo", y le coq en francés, también. Lecoq desmintió la coincidencia en un artículo de 1877, aunque la anécdota ha perdurado más que el desmentido. La confirmación de las predicciones de Mendeléyev fue recibida como una validación del sistema periódico y contribuyó decisivamente a su aceptación en la comunidad científica. El interés médico por el galio comenzó en la década de 1940, cuando H. C. Dudley y sus colaboradores exploraron su potencial como agente terapéutico y de diagnóstico. El hallazgo clave fue la capacidad de ciertos isótopos del galio para concentrarse en tejidos con actividad inflamatoria, infecciosa o tumoral, una propiedad que abrió la puerta a su uso en imagen nuclear. Desde el punto de vista bioquímico, el galio (en su estado de oxidación +3) se comporta como un análogo del ion férrico (Fe³⁺). Tiene un radio iónico y una carga similares, lo que le permite unirse a la transferrina plasmática y seguir las mismas rutas de captación celular que el hierro. Las células con alta expresión de receptores de transferrina (como ciertas células tumorales, macrófagos activados y microorganismos productores de sideróforos) captan preferentemente el galio, lo que explica su acumulación selectiva en focos patológicos. Los dos isótopos con aplicación clínica son el galio-67, que emite radiación gamma y se emplea en gammagrafías convencionales, y el galio-68, emisor de positrones utilizado en tomografía por emisión de positrones (PET). El galio-68 ha cobrado especial relevancia en los últimos años por su uso en radioligandos dirigidos a receptores de somatostatina (tumores neuroendocrinos) y al antígeno de membrana específico de próstata (PSMA). Ambos isótopos se producen artificialmente: el galio-67 en un ciclotrón y el galio-68 a partir de un generador de germanio-68. Por otra parte, compuestos como el nitrato de galio y el maltolato de galio han demostrado actividad antimicrobiana in vitro al competir con el hierro en las rutas metabólicas bacterianas, una línea de investigación que explora nuevas estrategias frente a patógenos multirresistentes. El galio también ha sido estudiado como agente antirresorptivo óseo, con cierta capacidad para inhibir la actividad osteoclástica. Paul-Émile Lecoq de Boisbaudran lo nombró gallium en 1875, a partir del latín Gallia ("Galia", nombre romano de Francia). La coincidencia entre gallus (latín, "gallo") y le coq (francés, "el gallo"), el apellido de su descubridor, ha alimentado la sospecha de un doble sentido, pero Lecoq lo negó explícitamente. El galio metálico no se absorbe significativamente por vía oral y su toxicidad aguda es baja. Las sales de galio empleadas en contextos clínicos o de investigación requieren, como cualquier compuesto metálico, un manejo controlado. No. "Galio" designa al elemento químico en su forma estable. El galio-67 es uno de sus isótopos radiactivos, producido artificialmente en un ciclotrón, con una vida media de 78 horas y utilizado como radiotrazador en medicina nuclear. El galio natural contiene dos isótopos estables: galio-69 (60,1 %) y galio-71 (39,9 %). Si desea profundizar en conceptos asociados al galio, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el galio
Historia del descubrimiento
Relevancia médica del galio
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama galio?
¿El galio es tóxico?
¿Es lo mismo galio que galio-67?
Referencias
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