DICCIONARIO MÉDICO
Fractura supracondílea
La fractura supracondílea es una rotura que se localiza en la región metafisaria distal del húmero, por encima de los cóndilos y proximal a la línea fisaria. Constituye la fractura de codo más frecuente en la edad pediátrica, con un pico de incidencia entre los cinco y los siete años. El término combina el prefijo latino supra- («por encima de») con condylus, adaptación latina del griego kóndylos (κόνδυλος), que significa «nudillo» o «prominencia articular». Describe con precisión la ubicación: la línea de fractura cruza la zona más adelgazada de la paleta humeral, justo donde las fosas coronoidea (anterior) y olecraneana (posterior) reducen la sección cortical del hueso a un espesor mínimo. Esa debilidad estructural intrínseca explica por qué la región supracondílea es un punto preferente de rotura cuando el codo recibe una carga axial. Dos tercios de los niños hospitalizados por una lesión del codo presentan este tipo de fractura. La prevalencia global oscila entre el 3 % y el 16 % de todas las fracturas pediátricas, con predominio en varones. En adultos, la fractura supracondílea aislada es rara; lo más habitual es encontrar patrones supraintercondíleos o intercondíleos que implican también la superficie articular. Entre el 90 % y el 95 % de las fracturas supracondíleas se producen por un mecanismo en extensión: el niño cae sobre la mano con el codo extendido y el antebrazo pronado, y la fuerza se transmite a través de la articulación hasta la metáfisis humeral. El olécranon actúa como fulcro posterior, y la cortical anterior se rompe en primer lugar. El resultado es un desplazamiento posterior del fragmento distal. Las fracturas en flexión, mucho menos frecuentes (5-10 % de los casos), se producen por un impacto directo sobre la cara posterior del codo flexionado. En ellas el fragmento distal se desplaza hacia delante, y el patrón de lesión neurovascular asociada difiere del de las fracturas en extensión. La clasificación de Gartland, publicada en 1959 y modificada después por Wilkins en 1984, es la más utilizada para las fracturas supracondíleas en extensión. Distingue tres tipos según el grado de desplazamiento: el tipo I agrupa las fracturas sin desplazamiento o con desplazamiento inferior a 2 mm, con periostio íntegro en toda su circunferencia; el tipo II presenta desplazamiento con angulación, pero conserva la cortical posterior como bisagra; y el tipo III incluye las fracturas con desplazamiento completo, sin contacto cortical entre los fragmentos. Leitch y colaboradores añadieron en 2006 un tipo IV, definido por inestabilidad multidireccional con lesión perióstica circunferencial: el fragmento distal se desplaza tanto en flexión como en extensión, lo que impide la reducción estable por vía cerrada. Esta ampliación refleja la complejidad de las lesiones que se sitúan en el extremo grave del espectro. La proximidad del foco de fractura a estructuras neurovasculares de primer orden confiere a esta lesión una gravedad que va más allá de la rotura ósea. La arteria braquial y el nervio mediano discurren por la cara anterior de la paleta humeral; el nervio radial cruza lateralmente, y el nervio cubital pasa por la cara medial posterior. Un desplazamiento significativo puede comprimir, elongar o incluso seccionar cualquiera de estas estructuras. El compromiso vascular del miembro, detectable por la ausencia de pulso radial o la palidez distal, requiere valoración inmediata. Las lesiones nerviosas se manifiestan habitualmente como neuropraxia transitoria en la mayoría de los casos, aunque la manipulación inadecuada de los fragmentos puede convertir una lesión reversible en una permanente. El nervio que con más frecuencia se afecta en las fracturas por extensión es el interóseo anterior (rama del mediano); en las fracturas por flexión, es el cubital. Sí, pero con mucha menor frecuencia. En el adulto, la región supracondílea ya no presenta la debilidad relativa que tiene en el niño (cuyas fosas olecraneana y coronoidea son proporcionalmente más amplias en relación con la sección cortical), y los traumatismos del húmero distal tienden a generar patrones intercondíleos o supraintercondíleos que afectan la superficie articular. Porque asocia de forma directa el grado de desplazamiento con la decisión terapéutica. Un tipo I se maneja habitualmente con inmovilización, un tipo II puede requerir reducción y fijación, y un tipo III precisa intervención quirúrgica. Esa correspondencia sencilla entre clasificación y conducta la ha mantenido como referencia en la práctica diaria, a pesar de que otros sistemas (como el de la AO) ofrezcan mayor detalle morfológico. Un parámetro radiográfico que se mide en la proyección anteroposterior del codo. Corresponde al ángulo formado entre la línea fisaria del cóndilo lateral del húmero y el eje longitudinal de la diáfisis humeral. Su valor normal oscila entre 64 y 81 grados, y se utiliza para evaluar el alineamiento en varo o valgo tras la reducción de una fractura supracondílea.Qué es la fractura supracondílea
Mecanismo de producción
Clasificación de Gartland
Importancia de la anatomía regional
Preguntas frecuentes
¿Puede producirse en adultos?
¿Por qué la clasificación de Gartland sigue vigente después de más de seis décadas?
¿Qué es el ángulo de Baumann?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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