DICCIONARIO MÉDICO
Fractura longitudinal
Una fractura longitudinal es una fractura cuyo trazo discurre paralelo o casi paralelo al eje mayor del hueso afectado. Es uno de los tipos de rotura ósea clasificados según la dirección de la línea de fractura, junto con la fractura transversal, la oblicua y la espiroidea. El adjetivo "longitudinal" deriva del latín tardío longitudinalis, formado sobre longitudo ("longitud", "largo"), a su vez de longus. Describe, en este contexto, una línea de rotura que sigue el eje largo de la pieza ósea, a diferencia del trazo transversal (perpendicular al eje), el oblicuo (inclinado respecto al eje) o el espiroideo (que recorre el hueso en espiral). Este tipo de trazo puede aparecer en cualquier hueso, pero tiene especial relevancia clínica en dos localizaciones: los huesos largos de las extremidades (fémur, tibia, húmero) y el hueso temporal del cráneo. En los huesos largos, la línea recorre la diáfisis sin cruzarla, lo que a menudo preserva la continuidad del cilindro cortical en el plano perpendicular y confiere al hueso cierta estabilidad residual. En traumatología craneal, la clasificación tradicional de las fracturas del peñasco temporal distingue entre longitudinales y transversales según la relación del trazo con el eje largo de la porción petrosa. Las fracturas longitudinales del temporal, más frecuentes (representan entre el 70 y el 80 por ciento de los casos), siguen la dirección del eje largo del peñasco y suelen producirse por impactos laterales sobre la región temporoparietal. Afectan al oído medio con mayor frecuencia que al oído interno, por lo que la hipoacusia asociada tiende a ser de conducción. Clasificaciones más recientes han sustituido la división longitudinal/transversal por el criterio de si la fractura viola o respeta la cápsula ótica, lo que predice con mayor fiabilidad las secuelas auditivas y vestibulares. Pese a ello, la terminología clásica sigue utilizándose. La clasificación según el trazo es descriptiva y no implica por sí sola un pronóstico determinado: el mismo hueso puede romperse de formas muy distintas en función de la dirección, la magnitud y la velocidad de la fuerza aplicada. Un impacto directo tiende a producir trazos transversales; fuerzas de torsión generan fracturas espirales; y las cargas axiales aplicadas a lo largo del eje óseo favorecen el trazo longitudinal o las fracturas por compresión. La fractura conminuta, con múltiples fragmentos, puede combinar varios de estos patrones en un mismo foco. Del latín longitudo, "longitud" o "largo". Aplicado a una fractura, indica que el trazo corre en la misma dirección que la dimensión mayor del hueso, es decir, a lo largo de su eje. No especialmente. En los huesos largos de las extremidades, los trazos más habituales son el transversal, el oblicuo y el espiroideo. El trazo longitudinal puro es menos común y se observa sobre todo cuando la fuerza se aplica en la dirección del propio eje del hueso. Porque muchas fracturas del temporal no encajan limpiamente en la categoría longitudinal ni en la transversal, y la distinción clínica que más importa es si la línea de fractura atraviesa la cápsula ótica (con riesgo de hipoacusia neurosensorial y lesión del nervio facial) o la respeta. La nueva clasificación en fracturas que violan o preservan la cápsula ótica predice mejor las secuelas funcionales.Qué es una fractura longitudinal
El caso particular del hueso temporal
Diferenciación con otros trazos de fractura
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede el término "longitudinal"?
¿Es frecuente la fractura longitudinal en huesos largos?
¿Por qué la clasificación del temporal está cambiando?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026