DICCIONARIO MÉDICO
Fototerapia
La fototerapia es el empleo controlado de radiaciones electromagnéticas, habitualmente del espectro ultravioleta o de la luz visible, con finalidad terapéutica. En dermatología se utiliza para modular la respuesta inflamatoria e inmunitaria de la piel, mientras que en neonatología aprovecha la capacidad de determinadas longitudes de onda para transformar la bilirrubina en compuestos hidrosolubles eliminables por el organismo. El término procede del griego φῶς, φωτός (phôs, phōtós, "luz") y θεραπεία (therapeía, "cuidado, curación"). Designa cualquier procedimiento médico en el que la luz, natural o generada artificialmente, actúa como agente terapéutico sobre tejidos o sustancias del organismo. No debe confundirse con la terapia fotodinámica, que combina un fármaco fotosensibilizante con una fuente lumínica para destruir selectivamente tejido patológico, ni con la helioterapia, término más antiguo reservado a la exposición dosificada al sol con intención curativa. Dos grandes campos de aplicación concentran hoy la práctica clínica de la fototerapia. En dermatología, las cabinas de luz ultravioleta emiten radiación UV-B de banda estrecha (centrada en torno a 311 nm) o UV-A, que penetra en la piel y altera la proliferación celular y la respuesta inmunitaria local. En neonatología, lámparas de espectro azul (entre 460 y 490 nm, aproximadamente) inciden sobre la piel del recién nacido para degradar la bilirrubina acumulada en los tejidos, un recurso habitual frente a la ictericia neonatal. Cuando un fotón de longitud de onda adecuada alcanza un cromóforo biológico (una molécula capaz de absorber esa energía), se desencadenan reacciones fotoquímicas cuya naturaleza depende del tejido diana y de la banda espectral empleada. En la piel, la radiación UV-B reduce la síntesis de ADN en los queratinocitos, modifica la liberación de citocinas proinflamatorias y altera la función de las células de Langerhans, lo que se traduce en un efecto inmunomodulador. La UV-A, de mayor longitud de onda, penetra hasta la dermis y puede inducir apoptosis de linfocitos T mediante la generación de especies reactivas de oxígeno. En el recién nacido el mecanismo es diferente. La bilirrubina no conjugada depositada en la piel y el tejido subcutáneo absorbe la luz azul y sufre una isomerización estructural que la convierte en lumirrubina, un fotoisómero soluble en agua que el riñón y el hígado pueden excretar sin necesidad de conjugación hepática previa. El proceso no destruye la molécula: la reorganiza espacialmente para que deje de ser liposoluble. El uso terapéutico de la luz tiene antecedentes antiguos (griegos y romanos practicaban baños de sol con intención curativa), pero la fototerapia moderna arranca en la última década del siglo XIX. En 1893, el médico danés Niels Ryberg Finsen publicó sus primeras observaciones sobre los efectos de distintas longitudes de onda en los tejidos, y en 1895 comenzó a tratar con luz concentrada de arco eléctrico a pacientes con lupus vulgar, una forma de tuberculosis cutánea que desfiguraba el rostro y carecía de remedio eficaz. Los resultados fueron lo bastante llamativos como para que en pocos años se abrieran más de cuarenta institutos Finsen en Europa y Norteamérica. Finsen recibió en 1903 el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por su contribución. Padecía él mismo la enfermedad de Niemann-Pick, y fue la observación de que la luz solar aliviaba su fatiga crónica lo que le empujó a investigar los efectos biológicos de la radiación. Murió un año después del Nobel, a los 43 años, sin llegar a ver cómo la fototerapia se consolidaría como pilar del arsenal dermatológico. La segunda gran aplicación, la fototerapia neonatal, nació por azar en 1958, cuando la enfermera británica Jean Ward observó que los recién nacidos ictéricos expuestos a la luz solar a través de las ventanas de la unidad neonatal del Rochford Hospital mejoraban antes que los que permanecían en sombra. Poco después, el pediatra R. J. Cremer confirmó experimentalmente que la luz azul aceleraba la degradación de la bilirrubina, y la técnica se generalizó en la década de 1970. Las variantes actuales se clasifican según la banda del espectro empleada y la vía de administración del fotosensibilizante, cuando este es necesario. La UV-B de banda estrecha (311 nm) se ha convertido en la modalidad de elección en dermatología por su equilibrio entre eficacia y tolerabilidad. La piel se expone en cabinas corporales o unidades localizadas (manos, pies, cuero cabelludo), y la dosis se ajusta individualmente en función de la dosis eritematógena mínima del paciente. No requiere fármaco acompañante. La PUVA (psoraleno + UV-A) combina la administración oral o tópica de un psoraleno con la exposición a radiación UV-A. El psoraleno se intercala en el ADN celular y, al absorber la UV-A, forma aductos que frenan la proliferación de los queratinocitos. Su uso ha disminuido desde que la UV-B de banda estrecha demostró resultados comparables con menos efectos secundarios a largo plazo. En neonatología, las fuentes luminosas han evolucionado desde las lámparas fluorescentes convencionales hasta los dispositivos de diodos LED de espectro azul, que generan menor calor residual y permiten una irradiancia más homogénea sobre la superficie corporal del recién nacido. Se forma con dos raíces griegas: φῶς (phôs), genitivo φωτός (phōtós), que significa "luz", y θεραπεία (therapeía), "cuidado" o "curación". El compuesto se acuñó en el entorno médico europeo a finales del siglo XIX, cuando las investigaciones de Finsen dieron categoría científica al empleo terapéutico de la luz. No. La fototerapia actúa directamente mediante la energía lumínica sobre cromóforos naturales del organismo (ADN, bilirrubina, melanina). La terapia fotodinámica necesita administrar antes un agente fotosensibilizante exógeno que se acumula en las células diana; solo cuando la luz activa ese agente se produce el efecto citotóxico. Los mecanismos, las indicaciones y el perfil de riesgo son distintos. Sí, en determinados casos. Existen unidades de UV-B de banda estrecha diseñadas para uso domiciliario bajo prescripción y seguimiento médico periódico. También la fototerapia neonatal puede administrarse en el domicilio con mantas de fibra óptica cuando la ictericia es leve y el neonato cumple criterios de alta hospitalaria con control ambulatorio. Depende de la enfermedad, la extensión y la respuesta individual. Es habitual que la piel empiece a mostrar mejoría a partir de la sexta u octava sesión, y que un ciclo completo comprenda entre veinte y treinta exposiciones repartidas en varias semanas. La frecuencia más utilizada es de dos a tres sesiones semanales. Consulte también la información clínica completa sobre fototerapia Si busca información sobre indicaciones, tipos de radiación, protocolo de sesiones y efectos secundarios, puede consultar la ficha de fototerapia como tratamiento elaborada por el Servicio de Dermatología de la Clínica Universidad de Navarra. Entradas relacionadasQué es la fototerapia
Mecanismo general de la fototerapia
Origen histórico
Modalidades de fototerapia
Preguntas frecuentes
De dónde viene la palabra "fototerapia"
Son lo mismo fototerapia y terapia fotodinámica
Puede emplearse la fototerapia fuera del hospital
Cuántas sesiones suelen ser necesarias en dermatología
Referencias
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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