DICCIONARIO MÉDICO
Fotodermatitis
La fotodermatitis es una reacción inflamatoria de la piel desencadenada por la exposición a la radiación ultravioleta, ya sea solar o de fuentes artificiales, en presencia de un agente fotosensibilizante o por una respuesta inmunológica anómala del propio organismo. Se manifiesta predominantemente en las zonas cutáneas expuestas a la luz y puede obedecer a mecanismos fototóxicos (no inmunológicos) o fotoalérgicos (mediados por el sistema inmunitario). La palabra procede del griego φῶς, φωτός (phōs, phōtós, "luz"), δέρμα, δέρματος (dérma, dérmatos, "piel") y el sufijo -ῖτις (-îtis), que en la terminología médica indica inflamación. Su equivalente inglés, photodermatitis, aparece documentado desde 1949. En la práctica clínica, el término se emplea como sinónimo amplio de dermatitis inducida o agravada por la luz, aunque algunos autores reservan fotodermatosis como categoría más extensa que incluye también procesos no estrictamente inflamatorios. Frente a una quemadura solar corriente, la fotodermatitis implica la participación de un factor adicional: una sustancia química (exógena o endógena) que actúa como fotosensibilizante, o bien una predisposición inmunológica individual que amplifica la respuesta cutánea más allá de lo esperable para la dosis de radiación recibida. Conviene separar dos vías patogénicas que, aunque a veces coexisten, responden a lógicas biológicas diferentes. La fototoxicidad es la más frecuente. Se produce cuando una sustancia presente en la piel absorbe la radiación ultravioleta A (UVA) y pasa a un estado energético excitado. Esa energía se transfiere al oxígeno molecular circundante, generando especies reactivas de oxígeno que dañan directamente las membranas celulares y el ADN de los queratinocitos. No interviene el sistema inmunitario, de modo que la reacción puede aparecer en cualquier persona la primera vez que se expone simultáneamente al agente y a la luz solar, siempre que ambas dosis superen un umbral determinado. La intensidad del cuadro guarda relación directa con la cantidad de sustancia y con la dosis de radiación recibida. En la fotoalergia el proceso es distinto. La radiación UV transforma químicamente la molécula fotosensibilizante y genera un fotoproducto capaz de unirse a proteínas cutáneas, formando un antígeno completo que el sistema inmunitario reconoce como extraño. Se desencadena entonces una reacción de hipersensibilidad retardada (tipo IV), mediada por linfocitos T. La fotoalergia, sin embargo, requiere un período previo de sensibilización: la primera exposición pasa inadvertida, y es a partir de la segunda o sucesivas cuando aparecen las lesiones, que pueden surgir incluso con cantidades mínimas del agente o con dosis bajas de radiación. Aunque la fotodermatitis constituye el grupo más representativo, se integra dentro de una clasificación más amplia de fotodermatosis que abarca cuatro categorías: Las fotodermatosis idiopáticas o inmunomediadas de causa desconocida comprenden entidades como la erupción polimorfa solar (la forma más prevalente, con cifras de entre el 10 % y el 20 % de la población en latitudes templadas), la dermatitis actínica crónica y el prúrigo actínico. Al segundo grupo pertenecen las fotodermatitis inducidas por agentes exógenos o endógenos, que son las propiamente fototóxicas y fotoalérgicas. Entre las endógenas destacan la porfiria cutánea tardía, donde la acumulación de porfirinas en la piel actúa como fotosensibilizante interno, y la pelagra, asociada al déficit de niacina. Las exógenas obedecen al contacto con sustancias del exterior: determinados grupos farmacológicos (tetraciclinas, quinolonas, antiinflamatorios no esteroideos, hidroclorotiazida, amiodarona, clorpromazina), productos cosméticos, filtros solares que contengan oxibenzona, fragancias y plantas de la familia de las umbelíferas o las rutáceas, como la ruda (Ruta graveolens) o el perejil gigante (Heracleum mantegazzianum). Cuando el agente es de origen vegetal, se habla específicamente de fitofotodermatitis. Existe un tercer grupo formado por dermatosis que, sin ser fotodermatitis en sentido estricto, se agravan con la exposición solar: el lupus eritematoso sistémico, la dermatomiositis o ciertos casos de dermatitis atópica. Un cuarto grupo, mucho menos frecuente, incluye enfermedades genéticas con defectos en la reparación del ADN que confieren una fotosensibilidad extrema, como el xeroderma pigmentoso. La fotodermatitis afecta de manera característica a las áreas de piel descubierta: cara, escote, superficie dorsal de las manos y antebrazos. Hay un dato semiológico que orienta al clínico: las zonas habitualmente protegidas por la propia anatomía (pliegues nasolabiales, párpados superiores, zona submentoniana, región retroauricular) suelen quedar respetadas, lo que dibuja un patrón de distribución coherente con la exposición directa a la radiación. Si las lesiones se extienden a zonas cubiertas, el clínico debe considerar la posibilidad de una dermatitis de contacto convencional o de una reacción fotoalérgica por aerotransportados. Es un neologismo compuesto por tres elementos griegos: φῶς ("luz"), δέρμα ("piel") e -ῖτις ("inflamación"). Traduce literalmente "inflamación de la piel causada por la luz" y se documentó por primera vez en inglés en 1949. No del todo. "Alergia al sol" es una expresión coloquial que suele referirse a la erupción polimorfa solar, una fotodermatosis idiopática. La fotodermatitis, en sentido técnico, exige la intervención de un agente fotosensibilizante o un mecanismo inmunológico específico, y abarca un abanico de cuadros más amplio que la mera "alergia al sol". La fototoxicidad produce lesiones similares a una quemadura solar intensa (eritema, edema, vesículas), aparece en la primera exposición y su intensidad depende de la dosis. La fotoalergia genera un eccema con prurito, requiere sensibilización previa y puede desencadenarse con cantidades muy pequeñas del agente. Existe una prueba diagnóstica diferencial, el test de fotoparches, que consiste en aplicar los presuntos alergenos sobre la piel y exponer una de las zonas a radiación UVA para comparar la reacción con la del parche no irradiado. Las responsables más habituales pertenecen a las familias Apiaceae (umbelíferas) y Rutaceae. Entre ellas figuran la ruda, el apio, la chirivía, el perejil gigante y la higuera. Todas contienen furocumarinas, compuestos que, al depositarse sobre la piel y recibir radiación UVA, generan la reacción fototóxica. Sí, y con frecuencia sucede. La sospecha se orienta hacia la fotodermatitis cuando la reacción resulta desproporcionada para la exposición solar (quemadura intensa tras pocos minutos al aire libre) o cuando se identifica una distribución de las lesiones que sigue el patrón de contacto con una sustancia (marcas lineales por el tallo de una planta, por ejemplo, en la fitofotodermatitis).Qué es la fotodermatitis
Mecanismos de la reacción cutánea
Clasificación de las fotodermatosis
Distribución y localización
Preguntas frecuentes
¿Qué significa exactamente la palabra fotodermatitis?
¿Es lo mismo fotodermatitis que alergia al sol?
¿Cómo se distingue la fototoxicidad de la fotoalergia en la práctica?
¿Qué plantas pueden producir fitofotodermatitis?
¿Puede confundirse la fotodermatitis con una quemadura solar corriente?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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