DICCIONARIO MÉDICO
Filtro vascular
Un filtro vascular es un dispositivo metálico de pequeño tamaño que se implanta por vía percutánea en el interior de la vena cava inferior para interceptar trombos procedentes de las venas profundas de las extremidades inferiores o de la pelvis y evitar que alcancen la circulación pulmonar. También se le conoce como filtro de vena cava inferior (FVC o filtro de VCI). El término combina filtro, del latín tardío filtrum ("fieltro para colar"), con vascular, del latín vasculāris (vasculum, diminutivo de vas, "vaso, recipiente"). En la práctica clínica se utiliza casi exclusivamente para designar el filtro de vena cava inferior, aunque en sentido amplio podría referirse a cualquier dispositivo de filtración implantado en un vaso sanguíneo. La idea de interrumpir mecánicamente la vena cava para impedir la migración de trombos hacia el pulmón no es reciente. Ya en la primera mitad del siglo XX se practicaban ligaduras y colocación de clips quirúrgicos en la vena cava inferior, procedimientos invasivos que requerían cirugía abierta y que comprometían parcial o totalmente el retorno venoso. El salto cualitativo llegó en 1967, cuando Peter Eichelter y Worthington Schenk publicaron un trabajo experimental sobre profilaxis de la embolia pulmonar que dio lugar al primer dispositivo intraluminal, el filtro "sombrilla" de Mobin-Uddin, insertado por flebotomía de la vena yugular interna. El filtro de Mobin-Uddin tenía una membrana de silicona fenestrada que obstruía casi por completo la luz de la vena cava. Funcionaba, pero causaba una tasa alta de oclusión venosa. En 1973, Lazar Greenfield introdujo un diseño cónico de seis patas de acero inoxidable que atrapaba los trombos en el vértice del cono y preservaba el flujo periférico por los laterales. Ese principio marcó la dirección de todos los modelos posteriores. Desde entonces han aparecido numerosas variantes. Los primeros filtros eran permanentes: una vez desplegados en la vena cava, allí quedaban de por vida. A partir de la década de 2000 se generalizaron los filtros recuperables, diseñados para ser extraídos por vía percutánea una vez superado el período de riesgo tromboembólico. Más recientemente se han desarrollado filtros bioconvertibles, fabricados con materiales que se reabsorben pasado un tiempo determinado, dejando la luz del vaso libre de material metálico sin necesidad de un segundo procedimiento de retirada. El filtro se introduce plegado dentro de un catéter a través de una vena de acceso (yugular interna o femoral), se avanza bajo control fluoroscópico hasta la vena cava inferior y se libera habitualmente por debajo de la desembocadura de las venas renales. Al desplegarse, el dispositivo se ancla a la pared de la vena mediante pequeños ganchos o patas de fijación. Su diseño permite que la sangre circule a través del filtro sin obstrucción significativa. Cuando un trombo desprendido de las venas profundas de los miembros inferiores o de la pelvis asciende por la vena cava, queda atrapado en la estructura metálica antes de alcanzar las cavidades derechas del corazón y la arteria pulmonar. No previene la formación de nuevos trombos: su función se limita a interceptar los ya existentes. La indicación más clara es la presencia de tromboembolismo venoso en un paciente que no puede recibir anticoagulación (por hemorragia activa, intervención quirúrgica reciente u otra contraindicación) o que sufre embolia pulmonar recurrente pese a una anticoagulación correcta. No del todo. El concepto de filtro intraluminal nació con Mobin-Uddin en 1967, pero fue el modelo de Greenfield de 1973 el que demostró que era posible atrapar trombos sin obstruir la vena cava. Su diseño cónico se convirtió en el patrón de referencia durante más de dos décadas, y su apellido quedó asociado de forma popular al dispositivo, aunque hoy existen decenas de modelos diferentes. Depende del tipo. Los permanentes se quedan implantados de forma indefinida. Los recuperables pueden extraerse mediante un catéter especial una vez que el riesgo tromboembólico ha disminuido, generalmente entre cuatro y seis semanas después de la implantación. Y los bioconvertibles de última generación se reabsorben por sí solos pasado un periodo de meses, sin necesidad de retirada. Sí. Entre las complicaciones descritas figuran la inclinación o migración del dispositivo, la perforación de la pared venosa, la fractura de alguna de sus patas y la trombosis de la propia vena cava por acumulación de material trombótico en el filtro. Precisamente para evitar esos riesgos, la tendencia actual favorece la retirada del filtro en cuanto la situación clínica lo permite.Qué es el filtro vascular
Evolución del diseño
Mecanismo y ubicación
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se plantea su uso?
¿El nombre se lo debe a Greenfield?
¿El filtro se queda para siempre?
¿Puede un filtro de vena cava causar problemas a largo plazo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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