DICCIONARIO MÉDICO
Estilo atribucional depresógeno
El estilo atribucional depresógeno es un patrón cognitivo en el que la persona tiende a explicar los acontecimientos negativos de su vida atribuyéndolos a causas internas ("es culpa mía"), estables ("siempre será así") y globales ("afecta a todo lo que hago"). Fue descrito en 1978 por Lyn Abramson, Martin Seligman y John Teasdale como factor de vulnerabilidad para la depresión. Cuando a una persona le ocurre algo desagradable (un fracaso laboral, una ruptura sentimental, un suspenso), necesita encontrar una explicación. La psicología cognitiva denomina "atribución causal" a ese proceso de buscar una causa para lo que sucede. El estilo atribucional es la tendencia relativamente estable que cada individuo tiene a la hora de realizar esas atribuciones en situaciones muy distintas. El adjetivo "depresógeno" señala que determinado patrón atribucional favorece la aparición de síntomas depresivos. Abramson, Seligman y Teasdale lo formularon dentro de la reformulación de la teoría de la indefensión aprendida: la versión original de 1975, basada en los experimentos de Seligman con animales expuestos a descargas eléctricas inevitables, no lograba explicar por qué unas personas se deprimían ante la adversidad y otras no. La reformulación de 1978 introdujo las atribuciones causales como el eslabón que faltaba. Abramson y sus colegas propusieron que las explicaciones causales varían en tres ejes. El primero es la internalidad: la persona puede atribuir el fracaso a algo propio (falta de capacidad, su carácter) o a algo externo (mala suerte, dificultad excesiva de la tarea). El segundo es la estabilidad: la causa se percibe como permanente o como transitoria. El tercero es la globalidad: la causa afecta a muchas áreas de la vida o se limita a la situación concreta que la provocó. Un estudiante que suspende un examen y piensa "soy incapaz" (interno), "nunca he servido para estudiar" (estable) y "nada me sale bien" (global) está haciendo una atribución depresógena. Otro que piensa "esta vez no estudié lo suficiente" (interno pero inestable y específico) no muestra el mismo patrón. La diferencia no está en el hecho, sino en cómo se interpreta. La reformulación de 1978 fue, a su vez, revisada en 1989 por Abramson, Metalsky y Alloy, que propusieron la teoría de la desesperanza (hopelessness theory). En este modelo más refinado, el estilo atribucional depresógeno actúa como un factor de vulnerabilidad cognitiva: no causa la depresión por sí solo, pero aumenta la probabilidad de que los sucesos negativos desencadenen un estado de desesperanza. Esa desesperanza (la expectativa de que las cosas malas seguirán ocurriendo y de que uno no puede hacer nada para evitarlas) sería la causa próxima de un subtipo específico de depresión que los autores denominaron "depresión por desesperanza". El matiz es relevante. No basta con tener un estilo atribucional negativo para deprimirse; hace falta que, además, ocurran sucesos vitales estresantes. Es la interacción entre la vulnerabilidad cognitiva y el estrés ambiental la que pone en marcha la cadena depresiva. Un modelo de diátesis-estrés, en la terminología psicopatológica. El instrumento más utilizado para evaluar el estilo atribucional es el Attributional Style Questionnaire (ASQ), diseñado por Seligman, Abramson, Semmel y von Baeyer en 1979. Presenta doce situaciones hipotéticas (seis positivas y seis negativas) y pide al sujeto que imagine una causa, que luego puntúa en las tres dimensiones (internalidad, estabilidad, globalidad). La puntuación compuesta negativa refleja el grado en que una persona exhibe un estilo depresógeno. El ASQ ha sido traducido y validado en numerosos idiomas. En español, las adaptaciones de Sanjuán y Palomares (1998) y de Ferrándiz (1995) han sido las más empleadas en investigación. No es un instrumento de diagnóstico clínico de la depresión; lo que mide es una disposición cognitiva que, según el modelo, confiere vulnerabilidad. No. El estilo atribucional depresógeno es un factor de vulnerabilidad, no un diagnóstico. Una persona puede mostrar este patrón cognitivo durante años sin desarrollar un episodio depresivo, siempre que no confluyan sucesos negativos significativos. Es la combinación del patrón con el estrés vital lo que aumenta el riesgo. Lyn Abramson, Martin Seligman y John Teasdale, en un artículo de 1978 que reformulaba la teoría original de la indefensión aprendida. En 1989, Abramson, Metalsky y Alloy refinaron el modelo con la teoría de la desesperanza. Sí. La terapia cognitivo-conductual trabaja, entre otros aspectos, la reestructuración de las atribuciones. Se entrena a la persona para identificar cuándo está haciendo atribuciones internas, estables y globales ante un fracaso, y para generar explicaciones alternativas más ajustadas a la realidad. Están emparentados pero no son idénticos. Los sesgos cognitivos son errores sistemáticos en el procesamiento de la información (por ejemplo, la generalización excesiva o el filtro mental). El estilo atribucional depresógeno puede considerarse un patrón que engloba varios de esos sesgos aplicados a la explicación de los sucesos negativos, pero como constructo se centra específicamente en las tres dimensiones de la atribución causal. Si desea profundizar en conceptos asociados al estilo atribucional depresógeno, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el estilo atribucional depresógeno
Las tres dimensiones de la atribución
De la indefensión aprendida a la teoría de la desesperanza
Medición del estilo atribucional
Preguntas frecuentes
¿Tener un estilo atribucional depresógeno significa estar deprimido?
¿Quiénes formularon este concepto?
¿Se puede modificar el estilo atribucional?
¿Es lo mismo que un sesgo cognitivo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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