DICCIONARIO MÉDICO
Sesgo cognitivo
El sesgo cognitivo es un patrón sistemático de desviación respecto del juicio racional que se origina en la forma en que el cerebro procesa la información al decidir o valorar una situación. No nace de la falta de datos ni de mala voluntad. Aparece incluso en personas expertas y bien informadas, porque surge de los mismos atajos mentales que, la mayor parte del tiempo, permiten pensar con rapidez. El concepto tomó forma científica en la psicología de la década de 1970 y hoy es uno de los más citados de toda la disciplina. Cognitivo llega del latín cognoscere, conocer, y se refiere a todo lo relacionado con adquirir y procesar información: percibir, recordar, razonar, decidir. Aplicado a sesgo, el adjetivo acota el terreno a un tipo concreto de desviación sistemática, la que ocurre dentro del propio aparato mental y no en el diseño de un experimento ni en la conducta de quien responde a una encuesta. El término despegó con el artículo de los psicólogos Amos Tversky y Daniel Kahneman publicado en la revista Science en 1974, resultado de un programa de investigación que ambos habían puesto en marcha unos años antes. El trabajo describía tres heurísticas (representatividad, disponibilidad y anclaje) que las personas emplean para juzgar probabilidades bajo incertidumbre, y mostraba que esas heurísticas producen errores predecibles y repetibles, no ruido aleatorio. Kahneman recibiría en 2002 el Premio Nobel de Ciencias Económicas por integrar esa psicología del juicio en la teoría económica. Tversky, fallecido en 1996, no pudo compartirlo. Una heurística no es un error. Es un procedimiento simplificado que sustituye un cálculo complejo por una regla rápida, casi siempre razonable. El sesgo aparece cuando esa regla se aplica fuera del contexto para el que resultaba útil y el resultado se aleja de forma sistemática de lo correcto. Confundir heurística con sesgo es habitual, pero son cosas distintas: una es el proceso, el otro es el efecto que ese proceso produce cuando falla. Kahneman popularizó en su libro Thinking, Fast and Slow (2011) una metáfora que ayuda a visualizar el mecanismo: un sistema rápido y en gran medida automático, que él llamó Sistema 1, y otro lento, deliberado y que exige esfuerzo, el Sistema 2. La etiqueta no era suya en origen, la tomó del psicólogo Keith Stanovich, pero fue el libro de Kahneman el que la difundió fuera de la academia. La mayoría de los sesgos cognitivos se explican porque el Sistema 1 entrega una respuesta antes de que el Sistema 2 tenga ocasión de revisarla. No existe un catálogo único ni definitivo, pero conviene distinguir al menos tres familias. Los sesgos de juicio probabilístico incluyen el anclaje, que ata la estimación final al primer número que se ha visto, y la disponibilidad, que sobrevalora lo que viene fácilmente a la memoria por ser reciente o vívido. Los sesgos de memoria, entre ellos el retrospectivo o hindsight, hacen que un desenlace ya conocido parezca, en el recuerdo, más previsible de lo que era antes de ocurrir. Los sesgos de confirmación y motivacionales llevan, por su lado, a buscar e interpretar la información de un modo que refuerza lo que ya se creía de antemano. Ninguna de estas categorías es estanca. Un mismo error de juicio suele tener a la vez un componente de memoria y otro motivacional, y separarlos con nitidez es, más que una descripción de la realidad, una comodidad para explicarla. El sesgo atencional es un caso particular que actúa en una fase anterior, la de seleccionar qué estímulo llega siquiera a percibirse, antes de que haya nada que juzgar. El sesgo de respuesta pertenece a otra familia por completo: no describe un fallo del juicio de nadie, sino un comportamiento de quienes participan en un estudio al contestar preguntas, y se estudia dentro de la metodología de la investigación, no de la psicología del pensamiento. No todos los investigadores aceptan sin matices el marco de Tversky y Kahneman. El psicólogo alemán Gerd Gigerenzer defiende, desde finales de la década de 1990, que muchas heurísticas son racionales dentro del entorno para el que evolucionaron, y que llamarlas sesgo sin más es juzgar el pensamiento humano con la vara de un ideal estadístico que rara vez hace falta alcanzar en la vida real. El debate sigue abierto. Se atribuye a Amos Tversky y Daniel Kahneman, que lo emplearon en su investigación sobre el juicio bajo incertidumbre durante los primeros años de la década de 1970, antes de sintetizar sus hallazgos en el célebre artículo de 1974 en Science. Se atenúan, pero no desaparecen del todo. Incluso quienes se dedican a la estadística caen en el sesgo de anclaje o en el de disponibilidad cuando razonan fuera de su área de trabajo, y a menudo también dentro de ella. No exactamente. Prejuicio suele reservarse para actitudes negativas hacia un grupo de personas. Sesgo cognitivo es un término más amplio que incluye también errores de cálculo, de memoria o de estimación sin ninguna carga social. No. La mayoría de las heurísticas de las que nacen funcionan bien en las condiciones habituales de la vida cotidiana. El problema surge en los casos concretos, a menudo poco frecuentes, en los que esas condiciones no se cumplen. Sí, mediante tareas experimentales diseñadas para aislar el efecto de un sesgo concreto, comparando la respuesta real de los participantes con la que predeciría un modelo de decisión puramente racional.Qué es el sesgo cognitivo
El mecanismo: heurísticas y dos velocidades de pensamiento
Clasificación
Diferenciación
Preguntas frecuentes
¿Quién acuñó el término sesgo cognitivo?
¿Los sesgos cognitivos desaparecen con la formación o la experiencia?
¿Es lo mismo sesgo cognitivo que prejuicio?
¿Todos los sesgos cognitivos son perjudiciales?
¿Se pueden medir en el laboratorio?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026