DICCIONARIO MÉDICO
Indefensión aprendida
La indefensión aprendida es el estado psicológico en el que un individuo, tras enfrentarse de forma repetida a situaciones adversas que no puede controlar, deja de intentar cambiar su circunstancia aunque más tarde disponga de medios para lograrlo. Descrito en el laboratorio a finales de los años sesenta, el concepto se convirtió en un modelo influyente para entender la depresión y, en general, el efecto que la falta de control ejerce sobre la conducta. La expresión traduce el inglés learned helplessness. En español, indefensión se compone del prefijo privativo in- y de un derivado del latín defensio, de defendere (apartar, proteger), de modo que designa la incapacidad de defenderse o protegerse. El adjetivo aprendida remite a que ese estado no es innato, sino adquirido a partir de la experiencia. Lo que se adquiere, en la formulación clásica, es la expectativa de que las propias acciones no influyen en lo que ocurre. En su descripción original, la indefensión reúne tres tipos de déficit. Uno motivacional, con una caída en los intentos de responder o escapar. Otro cognitivo, con dificultad para percibir que la situación ha cambiado y que ahora sí existe control. Y otro emocional, con abatimiento y menor respuesta ante lo gratificante. Los tres suelen aparecer juntos. El fenómeno se identificó en 1967 en la Universidad de Pensilvania, en trabajos de Martin Seligman con Steven Maier y J. Bruce Overmier. El diseño clásico repartía a los animales en tres grupos y sometía a dos de ellos a descargas: uno podía interrumpirlas con una respuesta, el otro las recibía sin ninguna posibilidad de control. Después, en una nueva situación de la que era sencillo escapar, los animales que antes no habían podido hacer nada permanecían pasivos y soportaban la descarga sin intentar evitarla. Seligman divulgó el constructo en su libro Helplessness (1975) y lo extendió al ser humano. En los estudios con personas, las descargas se sustituyeron por ruidos molestos o por problemas sin solución, y luego se medía el rendimiento en tareas que sí tenían salida. El patrón se reprodujo: la exposición previa a lo incontrolable entorpecía el aprendizaje posterior. Pronto se vio que el modelo puramente conductual no bastaba para explicar la conducta humana. En 1978, Lyn Abramson, Seligman y John Teasdale propusieron una versión atribucional: lo decisivo no es solo la falta de control, sino cómo la persona explica sus fracasos. Atribuirlos a causas internas, estables y globales (algo que depende de uno mismo, que durará y que afecta a todos los ámbitos) favorece la aparición del cuadro. Aquí se distinguió también entre indefensión personal, cuando el sujeto cree que otros sí podrían resolver la situación, y universal, cuando la juzga irresoluble para cualquiera. Esta reformulación afianzó el vínculo entre indefensión y depresión. Cincuenta años de neurociencia obligaron a revisar la idea. En 2016, Maier y Seligman publicaron una reinterpretación con un mensaje llamativo: la teoría original estaba invertida. La pasividad ante lo adverso no se aprende. Es la respuesta por defecto del mamífero ante una experiencia aversiva prolongada, mediada por la actividad serotoninérgica del núcleo dorsal del rafe. Lo que de verdad se aprende es el control: la corteza prefrontal ventromedial detecta que la conducta influye sobre lo que ocurre y, cuando lo hace, inhibe esa respuesta de pasividad. El nombre histórico, sin embargo, se ha mantenido. Porque traduce el término inglés learned helplessness: describe un estado de incapacidad para defenderse o reaccionar que no viene de fábrica, sino que se adquiere a través de la experiencia de no poder controlar lo que sucede. No. La indefensión aprendida es un mecanismo psicológico que sirve como modelo para estudiar la depresión y comparte rasgos con ella, como la pasividad o el abatimiento. No es, en sí misma, un diagnóstico clínico. Martin Seligman, junto con Steven Maier y J. Bruce Overmier, en la Universidad de Pensilvania en 1967. Seligman lo popularizó después en su libro Helplessness, de 1975. No del todo. En 2016, Maier y Seligman revisaron el modelo a la luz de la neurociencia y concluyeron que su lógica estaba al revés. La pasividad no se aprende: es la reacción por defecto ante lo adverso prolongado, ligada al núcleo dorsal del rafe. Lo que el cerebro aprende es a reconocer cuándo puede controlar la situación, tarea que recae en la corteza prefrontal ventromedial. Cuando detecta control, frena la pasividad. El término se conserva por razones históricas, aunque hoy se entienda de otro modo.Qué es la indefensión aprendida
El origen experimental
De la conducta a la cognición: la reformulación de 1978
Un giro reciente: qué se aprende en realidad
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama indefensión aprendida?
¿Es lo mismo que la depresión?
¿Quién describió el fenómeno y cuándo?
¿La teoría sigue vigente tal como se formuló?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026