DICCIONARIO MÉDICO
Envejecimiento
El envejecimiento es el proceso biológico de deterioro funcional progresivo que experimenta el organismo después de alcanzar la madurez reproductiva. No se trata de una enfermedad, sino de un fenómeno universal que afecta a todas las especies, si bien su ritmo y sus manifestaciones varían considerablemente entre individuos. En 2023, la Organización Mundial de la Salud estimó que la proporción de personas mayores de 60 años se habrá duplicado en 2050, lo que convierte la comprensión de este proceso en una prioridad sanitaria global. Desde el punto de vista biológico, el envejecimiento designa la pérdida gradual e irreversible de la capacidad funcional de las células, los tejidos y los sistemas orgánicos una vez superada la fase de desarrollo. La voz castellana procede del latín inveterascĕre (hacerse viejo), derivado de vetus, veteris (viejo). En la literatura médica anglosajona se distingue entre aging (el proceso cronológico) y senescence (el deterioro biológico propiamente dicho), una distinción que no tiene equivalente léxico exacto en español. Conviene separar dos conceptos que a menudo se confunden. La geriatría se ocupa de la patología propia de las personas mayores; la gerontología, en cambio, estudia el envejecimiento en sí mismo, incluidas sus dimensiones psicológicas y sociales. El envejecimiento es el objeto de estudio de la segunda, no una condición clínica que gestione la primera. En 2013, Carlos López-Otín y colaboradores publicaron en Cell un marco conceptual que identificaba nueve mecanismos moleculares del envejecimiento. Una década más tarde, el mismo grupo amplió la lista a doce en una revisión actualizada. Los tres añadidos fueron la autofagia comprometida, la inflamación crónica de bajo grado (a la que se ha dado el nombre de inflammaging) y la disbiosis de la microbiota intestinal. Entre los mecanismos originales figura el acortamiento de los telómeros, las secuencias repetitivas de ADN que protegen los extremos de los cromosomas. Cada división celular recorta un fragmento de estas secuencias. Cuando la longitud telomérica desciende por debajo de un umbral crítico, la célula entra en un estado denominado senescencia replicativa y deja de dividirse. La enzima telomerasa puede contrarrestar parcialmente este acortamiento, pero su actividad es escasa en la mayor parte de las células somáticas adultas. Otro de los pilares es la acumulación de daño genómico. El ADN celular sufre miles de lesiones cada día por acción de los radicales libres de oxígeno y por errores durante la replicación. Los sistemas de reparación, eficaces en la juventud, pierden precisión con los años. La disfunción mitocondrial contribuye a este ciclo porque las mitocondrias envejecidas generan más especies reactivas de oxígeno y producen menos ATP, lo que compromete la capacidad energética de la célula. La senescencia celular merece un párrafo aparte. Las células senescentes no mueren por apoptosis sino que permanecen metabólicamente activas y secretan citocinas proinflamatorias, proteasas y factores de crecimiento. Este fenotipo secretor asociado a la senescencia altera el microambiente tisular y puede favorecer la aparición de patología en tejidos vecinos. Es un dato reciente y en parte inesperado. No todos los organismos de la misma especie envejecen al mismo ritmo. La edad cronológica registra el tiempo transcurrido desde el nacimiento; la edad biológica intenta cuantificar el grado real de deterioro fisiológico. En las últimas décadas se han desarrollado los denominados relojes epigenéticos, de los cuales el más conocido es el reloj de Horvath (2013), que estima la edad biológica a partir del patrón de metilación del ADN en determinados loci genómicos. Que dos personas de 70 años puedan presentar edades biológicas distintas subraya algo que la experiencia clínica confirma a diario: la velocidad del envejecimiento depende de la interacción entre la dotación genética y factores ambientales como la alimentación, la actividad física, el estrés psicológico y la exposición a tóxicos. Hay un margen de modulación que la investigación actual intenta definir con mayor precisión. Las teorías que han intentado explicar por qué envejecemos se agrupan en dos familias. Las teorías estocásticas postulan que el envejecimiento resulta de la acumulación progresiva de daño aleatorio en las macromoléculas (la teoría de los radicales libres, formulada por Denham Harman en 1956, es la más conocida de este grupo). Las teorías programadas, por el contrario, proponen que existen mecanismos genéticos que regulan activamente la duración de la vida. Ninguna de las dos familias por separado ofrece una explicación completa. La visión actual integra ambas perspectivas: el envejecimiento sería el resultado de programas genéticos que establecen los límites de la longevidad de cada especie, modulados por la acumulación de daño ambiental a lo largo de la vida del individuo. Leonard Hayflick demostró en 1961 que los fibroblastos humanos en cultivo se dividen un número finito de veces (aproximadamente 50 divisiones), un hallazgo que apuntaba ya hacia un componente programado del proceso. Deriva del castellano antiguo envejecer, formado sobre el latín inveterascĕre, que significaba hacerse viejo. La raíz vetus, veteris (viejo) es la misma que dio origen a veterano. En textos médicos castellanos aparece documentado al menos desde el siglo XV. No. El envejecimiento es un proceso fisiológico universal; la senilidad es un término que históricamente designaba el deterioro cognitivo y funcional avanzado asociado a la vejez. Hoy se prefiere hablar de deterioro cognitivo o de demencia, según el caso, porque el término senilidad resulta impreciso y tiene connotaciones peyorativas. Existen intervenciones que modifican la velocidad del deterioro biológico en modelos animales, como la restricción calórica o la eliminación selectiva de células senescentes (senolíticos). En seres humanos, la evidencia es más limitada, pero se sabe que la actividad física regular, una alimentación equilibrada y la ausencia de tabaquismo se asocian con un menor acortamiento telomérico y una edad biológica más baja que la cronológica. Es un neologismo acuñado por Claudio Franceschi en el año 2000 para designar el estado de inflamación crónica de bajo grado que acompaña al envejecimiento. Se produce por la acumulación de células senescentes, la activación persistente del sistema inmunitario innato y cambios en la microbiota intestinal. No provoca los signos clásicos de la inflamación aguda (calor, rubor, dolor), pero contribuye al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas y metabólicas asociadas a la edad. No, son conceptos distintos que a menudo se confunden. La longevidad se refiere a la duración total de la vida de un individuo o una especie. El envejecimiento, en cambio, describe el deterioro funcional que ocurre con el paso del tiempo. Una especie puede ser longeva y, sin embargo, envejecer rápidamente en sus últimos años, o viceversa. Si desea profundizar en conceptos asociados al envejecimiento, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el envejecimiento
Mecanismos moleculares y celulares
Edad cronológica y edad biológica
Teorías clásicas del envejecimiento
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra envejecimiento?
¿Es lo mismo envejecimiento que senilidad?
¿Se puede frenar el envejecimiento biológico?
¿Qué es el inflammaging?
¿Envejecimiento y longevidad son lo mismo?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026