DICCIONARIO MÉDICO
Progeria
La progeria, o síndrome de Hutchinson-Gilford, es una enfermedad genética extremadamente rara que produce un envejecimiento acelerado desde los primeros años de vida. Está causada por una mutación del gen LMNA, que da lugar a una forma alterada de la lámina A llamada progerina. No debe confundirse con el síndrome de Werner, la llamada progeria del adulto. El término procede del griego pro, "antes" o "hacia adelante", y geras, "vejez". Literalmente, envejecer antes de tiempo. El médico inglés Jonathan Hutchinson describió el primer caso en 1886, en un niño con ausencia congénita de cabello y atrofia cutánea; su colega Hastings Gilford estudió un segundo caso años más tarde y, en un artículo de 1904, propuso el nombre progeria para el cuadro. En ese mismo trabajo acuñó también el término ateleiosis para una forma distinta de déficit de hormona de crecimiento, lo que da idea de su interés por clasificar los trastornos del desarrollo y el envejecimiento. Durante décadas se conoció como síndrome de Hutchinson-Gilford, en honor a ambos médicos. La denominación abreviada HGPS no llegó hasta 1972, cuando DeBusk la propuso en una revisión clínica del cuadro. Hoy conviven los dos nombres: progeria en el uso divulgativo, síndrome de Hutchinson-Gilford en el clínico. La causa de la progeria es una mutación puntual en el gen LMNA, situado en el cromosoma 1. Este gen codifica la lamina A, una proteína que forma parte del andamiaje estructural situado bajo la membrana nuclear y que sostiene la forma y la organización de la cromatina dentro del núcleo celular. En condiciones normales, la lamina A se sintetiza como una forma precursora que sufre varios recortes enzimáticos antes de quedar madura. La mutación de la progeria altera uno de esos pasos de maduración. El resultado es una proteína truncada, la progerina, que conserva un grupo químico (farnesilo) que debería haberse eliminado. Esa progerina permanece anclada a la envoltura nuclear en lugar de integrarse con normalidad, y su acumulación progresiva desorganiza la arquitectura del núcleo. No se hereda de los progenitores, salvo excepción: surge como mutación de novo en el momento de la concepción, lo que explica por qué prácticamente nunca aparece en más de un hijo de la misma pareja. El síndrome de Hutchinson-Gilford es la forma clásica y más conocida de progeria, pero no la única. Bajo el término genérico de síndromes progeroides se agrupan varios trastornos genéticos distintos que comparten rasgos de envejecimiento acelerado sin ser la misma enfermedad ni compartir necesariamente el mismo gen. Existen también formas atípicas del propio síndrome de Hutchinson-Gilford, en las que el fenotipo es compatible con la enfermedad pero no se identifica la mutación característica del gen LMNA, lo que obliga a plantear diagnósticos diferenciales adicionales. Dentro de este grupo, el más citado en la práctica clínica es el síndrome de Werner. El síndrome de Werner se conoce como progeria del adulto. Sus signos no aparecen en la infancia, sino a partir de la segunda o tercera década de vida, y su origen genético es otro: mientras que la progeria de Hutchinson-Gilford depende de una mutación del gen LMNA, el síndrome de Werner está producido por alteraciones en el gen WRN, que codifica una helicasa implicada en la reparación del ADN. Se transmite, además, con un patrón autosómico recesivo, y no como mutación de novo. Ese último punto tiene una consecuencia práctica para las familias: en el síndrome de Werner sí existe riesgo de recurrencia entre hermanos cuando ambos progenitores son portadores, algo que en la progeria clásica prácticamente no ocurre. La progeria clásica es una de las enfermedades genéticas menos frecuentes que existen. Las estimaciones sitúan su incidencia en torno a 1 caso por cada 4 a 8 millones de recién nacidos, sin diferencias apreciables entre sexos ni entre grupos étnicos. Se calcula que, en un momento dado, viven en el mundo entre 400 y 450 niños con la enfermedad. Al tratarse en la inmensa mayoría de los casos de una mutación de novo, no existe un patrón hereditario familiar que permita anticipar su aparición mediante los antecedentes. Del griego pro (antes) y geras (vejez). Gilford propuso el término en 1904, casi veinte años después de que Hutchinson describiera el primer caso conocido. No es lo habitual. La progeria surge por una mutación nueva en el momento de la concepción, sin que ninguno de los progenitores la porte previamente. El riesgo de que una pareja tenga un segundo hijo afectado es bajo, aunque algo superior al de la población general por la posibilidad, poco frecuente, de mosaicismo germinal en uno de los progenitores. No, aunque ambos se engloban entre los síndromes progeroides. El síndrome de Werner se manifiesta en la vida adulta y depende de un gen distinto, el WRN, con un patrón de herencia autosómico recesivo. Por eso también se le llama progeria del adulto, una etiqueta que puede inducir a confusión si se toma de forma literal. Varios, y no todos están identificados en cada caso. Además de LMNA en la progeria clásica y WRN en el síndrome de Werner, existen formas atípicas en las que el fenotipo progeroide aparece sin que se detecte mutación en ninguno de los dos genes, lo que sugiere la implicación de otros mecanismos aún no caracterizados por completo.Qué es la progeria
El gen LMNA y la progerina
Clasificación: progeria clásica y otros síndromes progeroides
Diferenciación con el síndrome de Werner
Epidemiología
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra progeria?
¿Los hijos de una persona con progeria heredan la enfermedad?
¿Es la progeria lo mismo que el síndrome de Werner?
¿Cuántos genes distintos pueden causar un cuadro progeroide?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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