DICCIONARIO MÉDICO
Enfermedad facticia
La enfermedad facticia, también llamada trastorno facticio, es un trastorno psiquiátrico caracterizado por la producción deliberada o simulación de síntomas físicos o psicológicos con el objetivo de asumir el papel de enfermo. Se diferencia de la simulación en que no persigue un beneficio externo tangible como una indemnización o una baja laboral. El término facticio procede del latín facticius, que significa "hecho de forma artificial" o "fabricado". En medicina, la denominación recoge con precisión el rasgo definitorio del cuadro: los signos y síntomas no responden a una patología orgánica real, sino que han sido producidos de forma intencionada por el propio paciente. La persona puede inyectarse sustancias, manipular muestras de laboratorio, ingerir fármacos a escondidas, provocarse heridas o, simplemente, falsear su historia clínica con una habilidad que a menudo resulta difícil de detectar. Antes de la publicación del DSM-5 en 2013, la forma más grave del trastorno se conocía como síndrome de Münchhausen, nombre que el internista británico Richard Asher acuñó en 1951 en The Lancet. Asher eligió al barón Karl Friedrich Hieronymus von Münchhausen (1720-1797), célebre por sus relatos de aventuras fantásticas, como figura literaria que ilustraba la tendencia de estos pacientes a construir historias clínicas inverosímiles pero convincentes. Aunque el epónimo sigue en uso coloquial, la nomenclatura psiquiátrica actual prefiere la denominación de trastorno facticio. La motivación no es un beneficio material. Ese es el punto que separa al trastorno facticio de la simulación pura, una distinción que tiene consecuencias clínicas y legales. El paciente facticio busca recibir atención médica, ocupar el rol de enfermo y obtener los cuidados que esa posición conlleva. Muchos de estos pacientes tienen un conocimiento sorprendentemente detallado de la terminología médica, de los procedimientos hospitalarios y de los resultados que cabe esperar en las pruebas complementarias. Se desconoce con exactitud qué desencadena este comportamiento. Los factores que se han asociado con mayor frecuencia incluyen antecedentes de pérdidas afectivas tempranas (por fallecimiento, abandono o institucionalización), experiencias hospitalarias en la infancia que resultaron gratificantes a nivel emocional, y trastornos de personalidad concurrentes (sobre todo del tipo límite). Algunos estudios de neuroimagen han descrito anomalías de la sustancia blanca y atrofia frontotemporal, aunque estos hallazgos no se han replicado de forma consistente. El DSM-5 distingue dos formas. En el trastorno facticio impuesto a uno mismo, la persona es a la vez agente y víctima de la conducta. Se provoca o finge los síntomas en su propio cuerpo. Puede presentar un abanico enorme de cuadros: dolor abdominal recurrente, hipoglucemias de causa oscura, coagulopatías, fiebre de origen desconocido, heridas que no cicatrizan o convulsiones atípicas. La entrada hipoglucemia facticia de este diccionario recoge un ejemplo concreto de esta práctica. En el trastorno facticio impuesto a otro (anteriormente llamado síndrome de Münchhausen por poderes), un cuidador, casi siempre el padre o la madre, provoca o finge síntomas en una persona que está bajo su cuidado, habitualmente un hijo menor de edad. Esta variante constituye una forma de maltrato infantil y tiene implicaciones médico-legales directas. La dermatitis facticia, en la que las lesiones cutáneas son autoinfligidas, representa otra manifestación particular del espectro. La prevalencia es difícil de estimar con precisión porque el engaño es inherente al cuadro. Se calcula que en torno al 1 % de los pacientes atendidos en contextos hospitalarios podrían presentar un trastorno facticio, si bien la cifra varía mucho según las series. Algunos trabajos han descrito un predominio masculino en la forma clásica de Münchhausen (con peregrinaje hospitalario y pseudología fantástica) y un predominio femenino en formas menos aparatosas, con conductas más sutiles. El diagnóstico se establece cuando se han descartado las enfermedades orgánicas y mentales que podrían explicar los síntomas, y se encuentran pruebas objetivas de que estos han sido provocados o fingidos. Llegar a ese punto puede requerir semanas o meses de seguimiento. No es infrecuente que el paciente acumule múltiples ingresos, cicatrices quirúrgicas y un historial de consultas en distintos centros antes de que alguien sospeche la naturaleza facticia del cuadro. La simulación no es un trastorno psiquiátrico. El simulador fabrica síntomas con un propósito claro y externo: obtener una prestación económica, evitar un servicio militar, conseguir una baja. Existe plena conciencia del engaño y plena conciencia del beneficio perseguido. El paciente facticio, en cambio, no busca un rédito material sino la atención que genera su condición de enfermo, y con frecuencia no comprende del todo por qué actúa como lo hace. El trastorno somatomorfo (actualmente denominado trastorno de síntomas somáticos) se sitúa en otro plano: los síntomas no se producen de forma voluntaria. El paciente los experimenta como reales y no tiene conciencia de estar fabricándolos. La diferencia, pues, reside en la intencionalidad: presente en el trastorno facticio, ausente en el somatomorfo. También conviene distinguir la enfermedad facticia del trastorno conversivo o de conversión, en el que se producen déficits neurológicos (parálisis, ceguera, convulsiones) sin base orgánica demostrable, pero de manera involuntaria y sin la conciencia deliberada que define al cuadro facticio. Richard Asher, internista del hospital Central Middlesex de Londres, lo propuso en un artículo de 1951 publicado en The Lancet. Se inspiró en el barón von Münchhausen, personaje del siglo XVIII cuyas hazañas inventadas se convirtieron en un referente literario del relato inverosímil. Asher vio un paralelo entre esas fábulas y las historias clínicas elaboradas que presentaban sus pacientes. No. La hipocondría (actualmente trastorno de ansiedad por enfermedad) implica un miedo persistente a padecer una enfermedad grave, pero sin fabricación deliberada de síntomas. El hipocondríaco cree estar enfermo; el paciente facticio sabe que no lo está y actúa para parecerlo. Depende. El abordaje es complicado porque el paciente raramente acepta la naturaleza psiquiátrica de su conducta. La psicoterapia a largo plazo se considera la opción más prometedora, pero requiere que el paciente reconozca la existencia del problema. En muchos casos, el objetivo realista no es la curación completa sino la reducción del daño: evitar cirugías innecesarias, prevenir las autolesiones y estabilizar la relación con los profesionales sanitarios. Es poco frecuente en términos absolutos, pero cuando ocurre tiene consecuencias graves. El cuidador, casi siempre la madre en las series publicadas, somete al niño a pruebas y procedimientos innecesarios que pueden causar daño físico real. Los servicios de protección a la infancia intervienen cuando se confirma el diagnóstico. Si desea profundizar en conceptos asociados a la enfermedad facticia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la enfermedad facticia
Mecanismo psicopatológico
Variantes del trastorno
Epidemiología y dificultad diagnóstica
Diferenciación con la simulación y los trastornos somatomorfos
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre "síndrome de Münchhausen"?
¿Es lo mismo que ser hipocondríaco?
¿Se puede curar?
¿Es frecuente el trastorno facticio impuesto a un hijo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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