DICCIONARIO MÉDICO

Empatía

La empatía es la capacidad de percibir, comprender y, en cierta medida, compartir los estados emocionales de otra persona. La neurociencia actual la desglosa en dos componentes con sustratos cerebrales diferenciados: la empatía afectiva (resonar emocionalmente con lo que siente el otro) y la empatía cognitiva (comprender su perspectiva sin necesariamente experimentar la misma emoción). En la práctica clínica se considera una de las competencias que más influyen en la calidad de la relación entre profesional sanitario y paciente.

Qué es la empatía

El término tiene una historia etimológica curiosa. Procede del griego ἐμπάθεια (empátheia), formado por ἐν (en, dentro) y πάθος (páthos, pasión, padecimiento): literalmente, «sentir dentro». Los griegos, sin embargo, no lo utilizaban con el sentido que hoy le damos. Fue el filósofo alemán Robert Vischer quien en 1873 introdujo el concepto de Einfühlung (sentirse dentro de algo, proyectarse emocionalmente en un objeto estético), y el psicólogo británico Edward Titchener quien en 1909 lo tradujo al inglés como empathy, calcando la raíz griega. Desde ahí pasó a las lenguas romances.

Lo que Vischer y Titchener describían era inicialmente un fenómeno estético: la proyección del observador en la obra de arte. Su traslado a la psicología y a la medicina se consolidó a mediados del siglo XX, cuando Carl Rogers situó la comprensión empática como uno de los tres pilares de la relación terapéutica, junto con la aceptación incondicional y la autenticidad del terapeuta.

Componentes afectivo y cognitivo

La investigación reciente ha dejado claro que la empatía no es un fenómeno unitario. Su componente afectivo se activa de forma relativamente automática: ver a alguien en dolor desencadena una respuesta en la corteza insular anterior y en la circunvolución cingulada anterior del observador, como si este experimentara parcialmente la misma sensación. Es lo que coloquialmente se llama «contagio emocional».

El componente cognitivo, en cambio, requiere un esfuerzo deliberado de representación mental. Imaginar lo que piensa o siente otra persona implica la corteza prefrontal medial y la unión temporoparietal, áreas asociadas a la teoría de la mente. Los dos sistemas pueden funcionar de forma independiente. Los trastornos del espectro autista, por ejemplo, cursan con dificultades en la empatía cognitiva pero conservan en buena medida la empatía afectiva; en la psicopatía ocurre una disociación distinta, con empatía cognitiva intacta (el individuo entiende lo que siente el otro) pero empatía afectiva gravemente atenuada (no le afecta emocionalmente).

Base neurobiológica: neuronas espejo y más allá

En la década de 1990, el grupo de Giacomo Rizzolatti en la Universidad de Parma identificó en macacos un conjunto de neuronas motoras que se activaban tanto cuando el animal ejecutaba una acción como cuando observaba la misma acción realizada por otro. Las llamaron neuronas espejo. Se propuso que un sistema análogo en humanos (localizado principalmente en la corteza premotora ventral y en el lóbulo parietal inferior) podría ser el sustrato neuronal de la comprensión de las acciones ajenas y, por extensión, de la empatía.

Esa hipótesis generó un entusiasmo considerable, pero también matizaciones. Hoy se acepta que las neuronas espejo participan en la percepción de acciones e intenciones motoras, pero la empatía emocional recluta además circuitos límbicos que no se reducen al sistema espejo. La ínsula anterior, la amígdala y la circunvolución cingulada desempeñan papeles que van más allá del simple reflejo motor, y la empatía cognitiva depende de redes prefrontales que nada tienen que ver con la imitación motora.

Empatía en la práctica clínica

Desde los trabajos de Rogers, la empatía figura en todos los modelos de comunicación médico-paciente como una competencia irrenunciable. Se ha demostrado que los pacientes que perciben a su médico como empático refieren mayor satisfacción, mejor comprensión de su problema y mayor adherencia a las indicaciones recibidas. En algunas especialidades la evidencia es más concreta: en diabetología, la percepción de empatía del médico correlaciona con un mejor control glucémico en los pacientes, un hallazgo que probablemente refleja la mejora en la adherencia más que un efecto fisiológico directo.

El reto para el profesional está en mantener la empatía sin caer en lo que la literatura anglosajona llama empathic distress: una absorción emocional tan intensa que lleva al agotamiento. La distinción que la neurocientífica Tania Singer ha propuesto entre «empatía» (sentir con el otro) y «compasión» (preocupación por el otro acompañada de motivación para ayudar, sin absorber el sufrimiento) resulta útil en programas de formación dirigidos a prevenir el desgaste emocional de los sanitarios.

Diferenciación con conceptos afines

Empatía frente a simpatía. La simpatía implica sentir lástima o compasión «hacia» el otro; la empatía implica sentir «con» el otro. En la simpatía el observador mantiene su propia perspectiva; en la empatía se esfuerza por adoptar la perspectiva ajena, aunque sea temporalmente.

Empatía frente a afectividad. La afectividad engloba el conjunto de fenómenos emocionales de un individuo; la empatía es una competencia interpersonal específica, una parte del repertorio afectivo dirigida exclusivamente a captar y resonar con las emociones ajenas.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra empatía?

Del griego ἐμπάθεια (empátheia): ἐν, «dentro», y πάθος, «padecimiento» o «pasión». El sentido moderno lo acuñó Edward Titchener en 1909 al traducir al inglés el alemán Einfühlung, un concepto introducido por Robert Vischer en 1873 en el ámbito de la estética.

¿Se puede medir la empatía?

Existen escalas estandarizadas. La más utilizada en el ámbito sanitario es la Jefferson Scale of Empathy (JSE), diseñada específicamente para evaluar la empatía en profesionales de la salud. A nivel general, el Interpersonal Reactivity Index (IRI) de Mark Davis (1983) diferencia cuatro dimensiones: toma de perspectiva, fantasía, preocupación empática y malestar personal. Las escalas psicométricas se complementan hoy con estudios de neuroimagen funcional que permiten observar la activación de los circuitos empáticos en tiempo real.

¿La empatía se puede aprender?

En parte, sí. El componente afectivo depende en gran medida de circuitos que maduran tempranamente y tienen base genética parcial, pero el componente cognitivo es entrenable. Programas de formación en habilidades comunicativas y en mindfulness han demostrado incrementos medibles en las puntuaciones de empatía de estudiantes de medicina y residentes.

¿La falta de empatía indica un trastorno?

Depende. Una reducción marcada de la empatía es un rasgo característico del trastorno antisocial de la personalidad y de la psicopatía. También aparece en la demencia frontotemporal variante conductual, donde la pérdida de empatía puede ser uno de los primeros signos clínicos. Sin embargo, una empatía moderadamente baja dentro del espectro normal no constituye por sí sola un trastorno.

Referencias

  1. Real Academia Española. Empatía. Diccionario de la lengua española.
  2. Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. Emociones y salud. MedlinePlus en español.
  3. Manual MSD. Trastorno de la personalidad antisocial. MSD Manual (versión para profesionales).
  4. Mayo Clinic. Demencia frontotemporal. Información médica en español.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos vinculados a la empatía y la vida afectiva, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Simpatía: inclinación afectiva hacia otra persona que implica comprensión desde la propia perspectiva del observador.
  • Altruismo: conducta que busca el beneficio de otro, frecuentemente impulsada por la empatía afectiva.
  • Afectividad: dimensión global de la vida psíquica que comprende emociones, sentimientos y la propia capacidad empática.
  • Alexitimia: dificultad para reconocer y verbalizar las propias emociones, con frecuente impacto sobre la empatía.
  • Cognición: conjunto de procesos mentales que incluye la toma de perspectiva, base de la empatía cognitiva.
  • Psicoterapia: modalidad de intervención en la que la empatía del terapeuta constituye uno de los factores terapéuticos mejor documentados.

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