DICCIONARIO MÉDICO
Dihidrocodeína
La dihidrocodeína es un analgésico opioide semisintético, obtenido a partir de la codeína mediante la saturación de un doble enlace en su estructura química. Pertenece al grupo de los alcaloides naturales del opio y actúa como agonista de los receptores opioides, principalmente a través de su metabolito activo, la dihidromorfina. En España está autorizada para dos usos distintos, el alivio del dolor moderado a intenso y la supresión de la tos, según la formulación. Su código en la clasificación ATC es N02AA08. Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). Desde el punto de vista químico, la dihidrocodeína pertenece a la familia de los morfinanos, moléculas construidas sobre un núcleo de fenantreno con un puente de nitrógeno adicional. Su relación con la codeína es directa: ambas comparten la misma estructura base, pero la dihidrocodeína carece del doble enlace que la codeína conserva en uno de sus anillos. Esa saturación, obtenida por hidrogenación, es la que le da nombre (el prefijo di-hidro alude precisamente a esa incorporación de hidrógeno) y la que modifica su estabilidad química respecto a la molécula original. Tras la administración oral se absorbe con facilidad, aunque su biodisponibilidad real es baja, entre el 12 y el 34 por ciento según los estudios, debido a un metabolismo hepático de primer paso muy marcado. El hígado la transforma sobre todo a través de las enzimas CYP3A4 y CYP2D6, generando dos metabolitos principales: la dihidromorfina, con una afinidad alta por el receptor opioide mu, y la nordihidrocodeína. Su semivida es corta, de unas cuatro horas. La variabilidad genética en la actividad de CYP2D6 explica, en parte, por qué la respuesta al fármaco no es idéntica en todas las personas. En España está autorizada en dos presentaciones orales con indicaciones distintas: un preparado en jarabe registrado como antitusígeno y otro en gotas registrado como analgésico opiáceo. La sustancia activa es la misma en ambos casos. Lo que cambia es la formulación y la indicación autorizada por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. En 1908, la dihidrocodeína se desarrolló en Alemania, en el marco de una búsqueda internacional de antitusígenos más eficaces frente a enfermedades respiratorias de transmisión aérea, entre ellas la tuberculosis, muy extendidas en aquellos años. Se comercializó a partir de 1911. Su indicación original, el control de la tos, se ha mantenido en algunos países hasta la actualidad, si bien en la práctica clínica convive hoy con un uso más extendido como analgésico. Como opioide, conserva la capacidad de generar adicción y tolerancia con el uso continuado, un rasgo compartido por toda la familia farmacológica. La existencia de un metabolito activo con afinidad marcada por el receptor opioide mu contribuye a ese perfil de riesgo, al prolongar la exposición del sistema nervioso central a compuestos con actividad opioide. Por ese motivo, en España su dispensación exige receta médica, y su empleo se plantea siempre como una opción entre otras, no como primera línea sistemática. No, aunque están emparentadas. La dihidrocodeína se obtiene a partir de la codeína mediante la saturación de un doble enlace en su estructura, un cambio que la hace más estable y modifica su metabolismo. En la práctica se comporta como un opioide de potencia moderada, comparable a la de otros opioides considerados menores dentro del grupo. El motivo no es un problema de seguridad puntual, sino una decisión comercial y regulatoria distinta en cada mercado. En Estados Unidos, por ejemplo, ha dejado de comercializarse, mientras que en España sigue disponible con receta médica. Este tipo de divergencia es habitual entre opioides de introducción antigua, cuyo registro depende de decisiones tomadas hace décadas y de la disponibilidad de alternativas más recientes. No necesariamente. Una revisión Cochrane sobre la administración única de dihidrocodeína en dolor postoperatorio agudo encontró que, por vía oral, era más eficaz que el placebo, pero menos eficaz que un antiinflamatorio no esteroideo de uso habitual en ese contexto. El resultado matiza la idea de que un opioide es siempre la opción más potente frente al dolor agudo. Para ampliar conceptos relacionados con este fármaco, puede consultar:Qué es la dihidrocodeína
Más de un siglo en uso clínico
Preguntas frecuentes
¿Es la dihidrocodeína lo mismo que la codeína?
¿Por qué ha dejado de comercializarse en algunos países?
¿Es más eficaz que un antiinflamatorio para el dolor postoperatorio?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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