DICCIONARIO MÉDICO
Adicción
La adicción es un trastorno crónico y recidivante que se caracteriza por la búsqueda y el consumo compulsivo de una sustancia, o por la repetición de una conducta, a pesar de las consecuencias perjudiciales que acarrea. Afecta a los circuitos cerebrales de recompensa, motivación y autocontrol, y se estima que unos 35 millones de personas en el mundo padecen trastornos por uso de sustancias que requieren atención, según datos de la Organización Mundial de la Salud. El término procede del latín addictus, participio de addicĕre, que en el derecho romano designaba al deudor insolvente adjudicado como esclavo a su acreedor. La metáfora resulta incómoda, pero es precisa: la persona con adicción queda sometida a la sustancia o la conducta con una pérdida de libertad que ella misma reconoce y, aun así, no consigue revertir por voluntad propia. El uso médico del vocablo se consolidó en la literatura anglosajona durante el siglo XIX, inicialmente ligado al opio y al alcohol, y entró en el español clínico a principios del XX. Conviene separar adicción de otros términos con los que se confunde a menudo. El consumo ocasional de una sustancia no es adicción. Tampoco lo es la dependencia física aislada (un paciente que toma opioides por prescripción puede desarrollar tolerancia y síndrome de abstinencia sin presentar la conducta compulsiva que define el trastorno). Lo que distingue a la adicción es la pérdida de control: el sujeto sigue consumiendo o repitiendo la conducta aun cuando percibe claramente el daño. Todas las sustancias con potencial adictivo comparten una propiedad: incrementan, directa o indirectamente, la señalización dopaminérgica en el núcleo accumbens, una estructura del estriado ventral que forma parte del circuito mesolímbico. En condiciones normales, ese circuito refuerza conductas necesarias para la supervivencia (alimentarse, reproducirse, establecer vínculos sociales). Las drogas lo secuestran generando picos de dopamina muy superiores a los fisiológicos, lo que graba en la memoria una asociación intensa entre la sustancia y el placer. Con la exposición repetida, el cerebro responde reduciendo el número de receptores dopaminérgicos disponibles. El resultado es doble y, en cierto modo, paradójico: la persona necesita dosis mayores para obtener el mismo efecto (tolerancia) y, al mismo tiempo, las actividades cotidianas que antes resultaban gratificantes pierden capacidad de generar satisfacción. A esos cambios en la vía mesolímbica se suman alteraciones en la corteza prefrontal, la región que gobierna la toma de decisiones y la inhibición de impulsos. Las técnicas de neuroimagen funcional han documentado una reducción de la actividad prefrontal en personas con adicción prolongada, lo que contribuye a explicar por qué la voluntad no basta para abandonar el consumo. Durante décadas, la psiquiatría utilizó los términos «abuso» y «dependencia» como categorías separadas. El DSM-IV (1994) mantenía esa división. Con la publicación del DSM-5 en 2013, la American Psychiatric Association los fusionó en un continuo denominado «trastorno por uso de sustancias», graduado en leve, moderado o grave según el número de criterios cumplidos. El cambio no fue solo terminológico: reflejaba la evidencia de que abuso y dependencia no eran entidades distintas sino grados de un mismo proceso. Otro hito del DSM-5 fue incluir el juego patológico (ludopatía) en el mismo capítulo que los trastornos por sustancias, reconociendo por primera vez que una conducta sin sustancia exógena puede activar los mismos circuitos y producir un cuadro clínicamente comparable. La CIE-11, vigente desde 2022, añadió el trastorno por videojuegos como segunda adicción no tóxica oficialmente reconocida. No existe una causa única. Los estudios de gemelos y de adopción estiman que la heredabilidad del riesgo oscila entre el 40 % y el 60 %, una cifra comparable a la de la diabetes de tipo 2. Los genes no determinan la adicción, pero modulan la vulnerabilidad individual: variantes en los receptores dopaminérgicos D2, en las enzimas que metabolizan el alcohol o en los sistemas de respuesta al estrés se han asociado con mayor propensión. Al componente genético se superponen factores ambientales. La edad de inicio del consumo es uno de los más consistentes: un cerebro adolescente, con la corteza prefrontal aún en maduración, es especialmente vulnerable. El estrés crónico, la exposición temprana a la sustancia en el entorno familiar y la comorbilidad psiquiátrica (trastornos de ansiedad, depresión, trastorno por déficit de atención) multiplican el riesgo de formas graves. Del latín addictus, que en el derecho romano designaba al deudor entregado como esclavo a su acreedor. El sentido figurado de «estar sometido a algo» pasó al inglés médico en el siglo XIX y de ahí al español clínico. La raíz latina es addicĕre (ad-, hacia + dicĕre, decir, en su acepción jurídica de adjudicar). No exactamente. La dependencia física se refiere a la adaptación del organismo a una sustancia, con tolerancia y síndrome de abstinencia si se suspende. La adicción incluye esa dimensión, pero añade un componente conductual imprescindible: la búsqueda compulsiva a pesar de las consecuencias. Un paciente puede ser físicamente dependiente de un opioide prescrito sin presentar conducta adictiva, y a la inversa, ciertas adicciones comportamentales carecen de componente de dependencia física. El primer contacto con la sustancia suele ser voluntario. Lo que ocurre después no lo es. Los cambios que las drogas producen en los circuitos de recompensa y en la corteza prefrontal alteran la capacidad de decidir, exactamente en el dominio que más importa: la evaluación de consecuencias futuras frente al impulso inmediato. Por eso las principales instituciones sanitarias (OMS, NIDA, ASAM) clasifican la adicción como un trastorno cerebral crónico y tratable, no como un fallo moral. Sí. El DSM-5 reconoce la ludopatía como trastorno adictivo y la CIE-11 incorpora el trastorno por videojuegos. Las adicciones comportamentales comparten con las de sustancias la activación del circuito de recompensa, la pérdida de control y la persistencia pese al daño. Otras conductas (compras, sexo, ejercicio) se investigan como posibles adicciones, pero aún no cuentan con reconocimiento diagnóstico formal. Si desea profundizar en conceptos asociados a la adicción, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la adicción
El circuito de recompensa y la neurobiología del trastorno
Evolución del concepto en las clasificaciones psiquiátricas
Factores de riesgo
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra adicción?
¿Es lo mismo adicción que dependencia?
¿La adicción es una enfermedad o una elección?
¿Se puede desarrollar adicción a conductas, sin sustancias?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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