DICCIONARIO MÉDICO
Cloroquina
La cloroquina es un fármaco del grupo de las 4-aminoquinolinas, empleado en el tratamiento y la prevención del paludismo y, en menor medida, de enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide o el lupus eritematoso sistémico. Interfiere en la capacidad del parásito para neutralizar el grupo hemo liberado durante la digestión de la hemoglobina. Su código en la clasificación ATC es P01BA01. Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). El químico alemán Hans Andersag la sintetizó en 1934 en los laboratorios Bayer de Elberfeld, con el nombre comercial de Resochin. Los primeros ensayos calificaron el compuesto de excesivamente tóxico para el uso humano y la molécula quedó apartada durante casi una década. Todo cambió con la Segunda Guerra Mundial. La escasez de quinina llevó al ejército de Estados Unidos a examinar de nuevo fórmulas alemanas emparentadas, capturadas en el norte de África, y los ensayos clínicos que patrocinó después el propio gobierno estadounidense confirmaron el valor terapéutico del fármaco. En 1947 se autorizó por fin su uso médico. El parásito del género Plasmodium digiere la hemoglobina del glóbulo rojo dentro de una vacuola ácida y libera hemo, una molécula tóxica incluso para sus propias células. Para sobrevivir, la convierte en hemozoína, un pigmento cristalino e inerte. La cloroquina se acumula en esa vacuola (su carácter de base débil hace que quede atrapada al protonarse en un ambiente ácido) e inhibe la polimerización del hemo, que se acumula hasta alcanzar concentraciones letales para el parásito. La resistencia de Plasmodium falciparum a la cloroquina se documentó por primera vez en Colombia, a finales de los años cuarenta y durante los cincuenta, y se extendió después al sudeste asiático, la India y África. Hoy el fármaco conserva actividad frente a P. vivax, P. ovale, P. malariae y las cepas sensibles de P. falciparum, aunque ha perdido terreno frente a alternativas como la mefloquina en las regiones donde la resistencia es generalizada. Fuera del ámbito infeccioso, se emplea también en la artritis reumatoide, el lupus eritematoso sistémico, la sarcoidosis y algunas dermatosis fotosensibles, donde interfiere con la acidificación de los lisosomas de las células presentadoras de antígenos. En 2020 la pandemia de COVID-19 devolvió brevemente la cloroquina a la primera plana informativa, cuando se ensayó como posible tratamiento experimental. Los estudios clínicos posteriores no confirmaron ese beneficio, y las principales agencias sanitarias no recomiendan hoy su uso frente al virus. Combina cloro, por los átomos de cloro de su estructura, y quina, en referencia a la corteza del árbol del que tradicionalmente se extraía la quinina. La cloroquina no procede de esa corteza, es una molécula de síntesis, pero conserva el núcleo de quinolina que comparte con su antecesora natural, la quinina. No. Los ensayos clínicos no confirmaron ningún beneficio frente al virus, y las agencias sanitarias internacionales desaconsejan su uso fuera de estudios controlados. En un solo grupo hidroxilo, añadido a una de las cadenas laterales de la molécula. La hidroxicloroquina, sintetizada poco después, en 1946, comparte casi todas sus indicaciones, aunque se asocia a un riesgo menor de acumulación en la retina. Esa diferencia bastó para convertirla en la aminoquinolina de referencia en las enfermedades autoinmunes de tratamiento prolongado. Si desea ampliar información sobre la cloroquina y los antipalúdicos, puede consultar:Qué es la cloroquina
De la resistencia a las enfermedades autoinmunes
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre cloroquina?
¿Sirve para tratar la COVID-19?
¿En qué se diferencia de la hidroxicloroquina?
Referencias
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