DICCIONARIO MÉDICO
Cleptomanía
La cleptomanía es un trastorno del control de los impulsos caracterizado por la necesidad recurrente e irresistible de sustraer objetos que no se necesitan ni tienen valor económico relevante para quien los toma. Clasificada en el DSM-5 dentro de los trastornos disruptivos, del control de los impulsos y de la conducta, afecta aproximadamente al 0,3-0,6 % de la población general, con una proporción cercana a tres mujeres por cada hombre. La cleptomanía designa un trastorno psiquiátrico en el que la persona experimenta una tensión creciente antes de sustraer un objeto y, tras hacerlo, un alivio momentáneo que da paso con frecuencia a culpa o vergüenza. No se trata de un robo planificado ni de un acto motivado por el lucro; los objetos sustraídos carecen de utilidad práctica y a menudo se acumulan, se regalan o se devuelven en secreto. El término procede del griego κλέπτω (kléptō, «robar», «actuar a escondidas») y μανία (manía, «locura», «impulso desmedido»). Fue acuñado por primera vez en 1816 como klopemanie por el médico suizo André Matthey, que describió un impulso irresistible a tomar objetos sin provecho para quien los sustrae. En 1838, los médicos franceses C. C. Marc y Jean-Étienne Esquirol modificaron el término a kleptomanie y subrayaron la sensación de exaltación y descarga de tensión que acompaña al acto. La voz se incorporó al castellano a mediados del siglo XIX, ya con la grafía actual. A lo largo de aquel siglo el concepto generó controversia. La revista The Lancet publicó en 1861 un editorial que criticaba el uso de la palabra como coartada para hurtos cometidos por personas de clase alta, un debate que no ha desaparecido del todo en la literatura criminológica contemporánea. Se han propuesto varias hipótesis sobre la base neurobiológica de la cleptomanía. La que cuenta con mayor respaldo apunta a una desregulación en las vías de la serotonina y la dopamina, dos neurotransmisores implicados en el control de los impulsos y en el circuito cerebral de recompensa. Esta alteración explicaría tanto la dificultad para inhibir la conducta como la gratificación que sigue al acto. Existe también una línea de investigación que vincula la cleptomanía con el sistema opioide endógeno, responsable en parte de la regulación del placer y el alivio del malestar. El solapamiento neurobiológico con otros trastornos del espectro impulsivo-compulsivo (la tricotilomanía, la ludopatía o la piromanía) es considerable, y la comorbilidad con trastornos afectivos, de ansiedad y de la alimentación se observa en la mayoría de los casos descritos en la literatura. El DSM-5, publicado por la American Psychiatric Association en 2013, ubica la cleptomanía en el capítulo de trastornos disruptivos, del control de los impulsos y de la conducta. Para el diagnóstico se requiere que el acto de sustraer no responda a ira, venganza ni un episodio maníaco, y que no pueda explicarse mejor por un trastorno de conducta o un trastorno antisocial de la personalidad. La CIE-10 la clasifica con el código F63.2 dentro de los trastornos de los hábitos y de los impulsos. Los primeros manuales diagnósticos que la incluyeron formalmente fueron el DSM-III (1980) y el DSM-III-R (1987). La edad media de inicio ronda los 18-20 años, si bien puede aparecer en la adolescencia o, con menos frecuencia, en la vida adulta tardía. La condición tiende a la cronicidad cuando no se aborda. La distinción entre cleptomanía y hurto intencionado reposa en la motivación y en la vivencia subjetiva del acto. La persona con cleptomanía no busca beneficio material ni actúa por rebeldía; experimenta el robo como un impulso egodistónico (contrario a sus propios valores) y a menudo intenta resistirlo antes de ceder. El hurto convencional, en cambio, responde a una motivación externa, se planifica y suele dirigirse a objetos de valor. Se estima que entre el 4 y el 24 % de las personas detenidas por hurto en comercios cumplen criterios de cleptomanía, una cifra que ilustra la dificultad diagnóstica. Del griego κλέπτω (kléptō, «robar») y μανία (manía, «locura»). La acuñó el médico suizo André Matthey en 1816, con la forma klopemanie. En 1838 los franceses Marc y Esquirol la adaptaron a kleptomanie y, desde ahí, se incorporó al castellano con la grafía cleptomanía. Sí, y de hecho ese es uno de los problemas principales del trastorno. Muchas personas con cleptomanía terminan con antecedentes penales antes de recibir un diagnóstico. Los estudios clínicos indican que más del 60 % de quienes buscan ayuda por cleptomanía han sido detenidos en algún momento. La diferencia radica en que el cleptómano no planifica el hurto, no obtiene provecho del objeto y vive el episodio con malestar posterior. No. Las cifras de prevalencia se sitúan en torno al 0,3-0,6 % de la población, aunque es probable que el trastorno esté infradiagnosticado por la vergüenza que comporta y por el temor a consecuencias legales. Estrictamente, no. Comparten rasgos (la intrusión de un impulso no deseado, la tensión previa, el alivio transitorio al ejecutar la conducta), pero el DSM-5 los sitúa en categorías diagnósticas diferentes. Algunos investigadores consideran que la cleptomanía pertenece al espectro obsesivo-compulsivo; otros la emparentan más con los trastornos adictivos y los trastornos del estado de ánimo. La cuestión sigue abierta en la literatura especializada. Si desea ampliar información sobre conceptos vinculados a la cleptomanía, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la cleptomanía
Mecanismo neurofisiológico
Clasificación y encuadre nosológico
Diferenciación con el hurto común
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra cleptomanía?
¿La cleptomanía se puede confundir con un robo normal?
¿Es frecuente la cleptomanía?
¿Es lo mismo cleptomanía que trastorno obsesivo-compulsivo?
Referencias
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