DICCIONARIO MÉDICO
Cistografía con cadena
La cistografía en cadena fue una variante de la cistografía en la que, además del medio de contraste, se introducía en la uretra una cadena metálica flexible. La cadena, opaca a los rayos X, dibujaba en la placa el trayecto uretral y permitía medir el ángulo que forma con la base de la vejiga. Se empleó durante décadas para estudiar la incontinencia urinaria femenina y hoy está abandonada. El problema de fondo que quiso resolver esta técnica es sencillo de enunciar. Una cistografía convencional opacifica la vejiga y la dibuja con nitidez, pero la uretra femenina, corta y colapsada cuando no pasa orina por ella, apenas deja rastro en la placa fuera del momento de la micción. Sin uretra visible no hay manera de medir su inclinación ni su relación con la vejiga. La solución consistió en meter dentro un objeto que sí se viera: una cadena de bolas metálicas, fina y flexible, con un extremo enrollado en el interior de la vejiga y el otro asomando por el meato y fijado al muslo. La cadena adopta la forma del conducto que la aloja y se comporta como una plomada radiopaca. Sobre la radiografía lateral quedan entonces dos trazos legibles: el molde vesical, dibujado por el contraste, y la línea de la uretra, dibujada por el metal. En la literatura anglosajona el procedimiento se conoce como bead-chain cystourethrogram, cistouretrografía con cadena de bolas, y esa denominación es más precisa que la española, porque la exploración interesa tanto por la vejiga como por la uretra. Durante la primera mitad del siglo XX se consolidó la idea de que la continencia urinaria dependía de la geometría: si la uretra y la base de la vejiga conservaban entre sí un ángulo determinado, la mujer retenía la orina; si ese ángulo se perdía, la orina escapaba con el esfuerzo. Medir el ángulo se convirtió, en consecuencia, en la manera de clasificar a las pacientes. Stevens y Smith publicaron en 1936 un estudio radiológico de la uretra femenina en el que ya se apuntaba la utilidad de introducir un objeto opaco en el conducto. Hodgkinson describió en 1953 la exploración con cadena tal como se practicó después, y la propuso como método para relacionar la posición de la uretra y de la vejiga con la incontinencia de esfuerzo. Green, en 1963, sistematizó los hallazgos en dos tipos de defecto anatómico según se hubiera perdido solo el ángulo uretrovesical posterior o también la inclinación del eje uretral. Sobre esa clasificación se decidían intervenciones quirúrgicas. La exploración se completaba con la paciente en reposo y durante un esfuerzo abdominal, para observar cuánto se desplazaba el cuello vesical. La técnica se derrumbó por donde suelen derrumbarse las medidas anatómicas convertidas en criterio diagnóstico: por su reproducibilidad. En 1967, Greenwald, Thornbury y Dunn evaluaron la cistouretrografía como ayuda diagnóstica en la incontinencia de esfuerzo y encontraron un margen de error próximo a la mitad de los casos, además de un porcentaje elevado de mujeres continentes que presentaban hallazgos considerados patológicos. Un dato que se repite en una de cada tres mujeres sanas no sirve para separar enfermas de no enfermas. A ese hallazgo se sumó un cambio conceptual: el ángulo uretrovesical posterior dejó de considerarse el mecanismo de la incontinencia de esfuerzo, que hoy se explica por el fallo del soporte de la uretra y por la insuficiencia del propio esfínter. La ecografía transperineal, la videourodinamia y la resonancia magnética dinámica del suelo pélvico ofrecen la misma información sin irradiar y sin sondar una cadena. Los trabajos de comparación entre ecografía transperineal y cistografía con cadena hallaron buena correlación entre ambas para medir la posición y la movilidad del cuello vesical. Fue el argumento definitivo para retirar la cadena del arsenal. Porque se introducía literalmente una cadena metálica de bolas en la uretra. Al ser opaca a los rayos X, la cadena se veía en la radiografía y reproducía el trayecto de un conducto que, por sí solo, no habría dejado ninguna huella en la placa. No. Su interés es hoy exclusivamente histórico. La ecografía transperineal, sobre todo, porque no irradia, está disponible en la consulta y mide la movilidad del cuello vesical en tiempo real. En los casos complejos se recurre a la videourodinamia, que combina el registro de presiones con la imagen radiológica, o a la resonancia magnética dinámica del suelo pélvico. El ángulo formado entre la uretra proximal y la base de la vejiga, medido sobre la radiografía lateral. Se le atribuyó durante décadas un papel central en la continencia femenina: se pensaba que su pérdida explicaba el escape de orina con el esfuerzo. La idea nació de la observación radiológica y se sostuvo hasta que los estudios de los años sesenta demostraron que muchas mujeres sin ningún problema urinario tenían el ángulo alterado. Hoy no se considera el mecanismo de la incontinencia de esfuerzo, aunque el término sigue apareciendo en la literatura antigua y en algunos informes. Si desea profundizar en conceptos asociados a la cistografía en cadena, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la cistografía en cadena
El ángulo uretrovesical posterior y la teoría anatómica de la continencia
Por qué dejó de utilizarse
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llamaba en cadena?
¿Sigue empleándose?
¿Qué la ha sustituido?
¿Qué era el ángulo uretrovesical posterior?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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