DICCIONARIO MÉDICO
Bacillus cereus
Bacillus cereus es una bacteria grampositiva formadora de esporas, la especie del género Bacillus con mayor relevancia clínica junto con el agente del carbunco, responsable sobre todo de toxiinfecciones alimentarias. Sus esporas resisten la temperatura de la cocción y sobreviven en alimentos ricos en almidón, como el arroz o la pasta, para germinar después si el plato se deja horas a temperatura ambiente. En personas con heridas o las defensas debilitadas puede además causar infecciones oportunistas fuera del tubo digestivo, entre ellas una de las formas más temidas de endoftalmitis. Bacillus cereus Tipo: bacteria Morfología: bacilo grampositivo, aerobio o anaerobio facultativo, móvil, beta-hemolítico, sin cápsula Transmisión: alimentaria (principal); contacto directo y parenteral en las formas oportunistas (heridas, cuerpos extraños, catéteres) Reservorio: ambiental (suelo, polvo, vegetación) Patogenicidad: primario y oportunista Enfermedades: intoxicación por alimentos, endoftalmitis, bacteriemia El nombre del género, Bacillus, procede del latín bacillum, 'bastoncillo', y describe la forma alargada de la célula, un rasgo que comparte con muchas otras bacterias sin relación filogenética alguna. El epíteto cereus es también latino y significa 'de cera': alude al aspecto opaco y algo brillante que toman sus colonias al crecer en agar sangre, muy distinto del tono dorado que da nombre a Staphylococcus aureus. En 1887, el matrimonio de científicos británicos Percy y Grace Frankland describió la especie a partir de bacterias aisladas del aire de un establo, en un estudio sobre los microorganismos atmosféricos publicado en las Philosophical Transactions de la Royal Society. Grace Frankland fue, de hecho, solo la tercera mujer que firmaba un artículo en esa revista, después de Caroline Herschel y Mary Somerville. Su papel como causa de enfermedad tardó más en demostrarse: ya en 1906 se habían descrito en Alemania brotes de gastroenteritis atribuidos a bacilos esporulados emparentados con la especie, pero la prueba definitiva llegó en 1950, cuando el noruego Steinar Hauge, tras investigar varios brotes ligados a una salsa de vainilla contaminada, bebió un cultivo de la propia bacteria y reprodujo en sí mismo los síntomas de la intoxicación. Al microscopio es un bacilo grampositivo de extremos romos, dispuesto a menudo en cadenas cortas, capaz de crecer tanto con oxígeno como sin él. A diferencia de Bacillus anthracis, su pariente más temido, es móvil gracias a un penacho de flagelos que rodea toda la célula, y en el laboratorio se reconoce por una hemólisis beta franca sobre agar sangre que B. anthracis apenas produce. Tampoco fabrica la cápsula de ácido poli-D-glutámico que protege a B. anthracis de las defensas del organismo. Movilidad, hemólisis y ausencia de cápsula son, junto con la clínica del paciente, los tres datos que antes se buscan en el laboratorio para descartar carbunco cuando aparece un bacilo esporulado sospechoso. Bacillus cereus es un habitante habitual del suelo, del polvo y de la superficie de las plantas, y desde ahí llega con facilidad a los alimentos, sobre todo a los que llevan almidón: arroz, pasta, patata, especias y postres con base de nata o huevo. Sus esporas soportan bien la cocción. El peligro aparece después: si el alimento ya cocinado se deja horas a temperatura ambiente, las esporas germinan y la bacteria se multiplica hasta niveles capaces de enfermar. Fuera de esa vía digestiva, basta a veces una herida contaminada con tierra, un cuerpo extraño intraocular o un catéter para que la bacteria entre directamente en el organismo, sin pasar por el intestino. Produce enfermedad por dos vías bioquímicas distintas, lo que explica que se hable de dos síndromes y no de uno. El emético lo desencadena la cereulida, un péptido cíclico termoestable con una estructura emparentada con la valinomicina, un antibiótico ionóforo que produce la bacteria Streptomyces fulvissimus; la cereulida se forma ya en el alimento, antes de comerlo, así que el recalentado posterior no la destruye. El diarreico, en cambio, lo provocan tres enterotoxinas distintas (hemolisina BL, enterotoxina no hemolítica y citotoxina K) que la bacteria libera en el intestino delgado tras la ingestión de esporas o células vivas. Ahí no acaban sus capacidades. Fuera del tubo digestivo, la bacteria se comporta como un oportunista: en personas con heridas, catéteres o las defensas debilitadas puede producir bacteriemia, y en el ojo es la segunda bacteria que con más frecuencia causa endoftalmitis tras un traumatismo, un cuadro que puede progresar con rapidez. Bacillus cereus no es una especie aislada, sino el miembro más conocido de un grupo de bacterias genéticamente casi idénticas que la taxonomía sigue afinando. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria reconoce ocho especies dentro de ese grupo, entre ellas Bacillus anthracis y Bacillus thuringiensis, esta última inocua para el ser humano y empleada como insecticida biológico en agricultura. El parentesco no es solo de aspecto. Las tres especies pueden intercambiarse entre sí los plásmidos que portan los genes de virulencia, de manera que lo que distingue clínicamente a B. anthracis de B. cereus depende, en buena medida, de qué plásmidos concretos lleva cada cepa y no de diferencias profundas en el resto del genoma. Bastoncillo de cera. Bacillus procede del latín bacillum, 'bastón pequeño', y cereus significa 'de cera', por el aspecto de sus colonias en cultivo. La especie recibió su nombre en 1887, de manos del matrimonio de científicos británicos Percy y Grace Frankland. No. Comparten género y una relación genética muy estrecha, pero Bacillus anthracis produce el carbunco por vías muy distintas, mientras que Bacillus cereus enferma casi siempre a través de la comida. Porque el arroz cocido reúne las condiciones que la bacteria necesita para causar el síndrome emético: sus esporas sobreviven a la cocción y, si el arroz se enfría despacio y se deja horas fuera de la nevera antes de saltearlo, tiene tiempo de multiplicarse y liberar la toxina antes de que nadie lo coma. Un caso investigado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos ilustra el patrón con detalle: en 1993, un lote de arroz frito con pollo servido en dos guarderías de Virginia provocó síntomas en catorce de las cuarenta y ocho personas que lo comieron. El recalentado posterior, por breve que sea, no destruye la toxina, que es termoestable. No siempre. La toxiinfección alimentaria puede afectar a cualquier persona sana que ingiera suficiente bacteria o toxina; las formas oportunistas fuera del intestino, en cambio, casi siempre aparecen en personas con heridas, catéteres o un sistema inmunitario debilitado.Qué es Bacillus cereus
Morfología e identificación en el laboratorio
Dónde vive y cómo se transmite
Qué enfermedades produce
El grupo Bacillus cereus
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el nombre Bacillus cereus?
¿Es lo mismo que la bacteria del carbunco?
¿Por qué se asocia tanto al arroz?
¿Enferma solo a personas con las defensas bajas?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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