DICCIONARIO MÉDICO
Ataraxia
La ataraxia designa un estado de imperturbabilidad o ausencia de turbación anímica. Formulada como ideal ético por la filosofía griega antigua, la voz ha mantenido vigencia en el vocabulario médico: primero como descriptor del efecto clínico observado con los primeros fármacos antipsicóticos y, más recientemente, para referirse a ciertos cuadros de indiferencia emocional ligados a daño neurológico. El término procede del griego ἀταραξία (ataraxía), compuesto por el prefijo privativo ἀ- y el verbo ταράσσω (tarássō), que significa agitar o perturbar. La traducción literal es, por tanto, "ausencia de perturbación". Demócrito de Abdera (ca. 460-370 a. C.) fue probablemente el primero en emplear el vocablo en contexto filosófico al incluir la ataraxia entre las condiciones de la felicidad, junto al placer, la armonía y la simetría (fragmento DK 68 A 167). Epicuro lo adoptó un siglo después con un matiz más preciso: para su escuela, alcanzar la ataraxia exigía liberarse de los miedos y de los deseos no naturales, y combinaba esa serenidad del alma con la aponía (ἀπονία), la ausencia de dolor corporal. En la tradición estoica el concepto se solapó parcialmente con la apatía (apátheia), entendida como el control racional de las pasiones, y con la euthymía (buen ánimo). Los escépticos pirrónicos seguían otra vía: proponían alcanzar la ataraxia mediante la suspensión del juicio (epoché), de modo que, al abstenerse de afirmar o negar, la mente quedase libre de la ansiedad que genera la pretensión de certeza. La Real Academia Española recoge la voz como sustantivo femenino del ámbito de la filosofía, con la acepción escueta de "imperturbabilidad, serenidad". No figura en el DRAE como término médico, pero su uso clínico ha recorrido dos caminos distintos que se describen a continuación. Cuando en enero de 1952 el cirujano naval francés Henri Laborit probó por primera vez la clorpromazina (compuesto RP 4560 de Rhône-Poulenc) como coadyuvante anestésico en el hospital militar Val-de-Grâce de París, le llamó la atención un efecto que no encajaba con ninguna categoría farmacológica conocida: el paciente quedaba tranquilo, indiferente al entorno, pero sin perder la conciencia. Laborit describió ese estado como una "quietud eufórica" y recurrió al griego para bautizarlo: lo llamó ataraxia. De ahí que los primeros fármacos del grupo recibiesen el nombre de atarácticos. Aquella primera denominación duró poco. Con la aparición del meprobamato y las benzodiazepinas se impuso el término tranquilizante y, dentro de él, la distinción entre tranquilizantes mayores (la clorpromazina y sus derivados) y menores (lo que hoy se conoce como ansiolíticos). En 1955, Jean Delay y Pierre Deniker propusieron la palabra neuroléptico, que acabaría imponiéndose durante décadas. Conviene no perder de vista que "ataráxico", "tranquilizante mayor", "neuroléptico" y "antipsicótico" son, en realidad, etiquetas sucesivas para un mismo grupo farmacológico; cada una refleja la teoría dominante sobre el mecanismo de acción en el momento en que fue acuñada. Al margen de la historia farmacológica, la neurología contemporánea emplea ocasionalmente "ataraxia" para describir un estado clínico de indiferencia emocional sostenida que aparece tras lesiones del lóbulo frontal. Pacientes con daño en la corteza prefrontal ventromedial (por traumatismo craneoencefálico, ictus o ciertos tumores) pueden perder la capacidad de experimentar frustración, culpa o enfado sin que exista un cuadro depresivo ni un déficit cognitivo global. La persona no elige la calma; simplemente ha perdido la maquinaria neuronal que genera la respuesta emocional. Conviene distinguir esta presentación de otros fenómenos semiológicos con los que puede confundirse. El embotamiento afectivo y el afecto aplanado se refieren a una reducción de la expresividad emocional observable durante la entrevista psiquiátrica (frecuente, por ejemplo, como síntoma negativo de la esquizofrenia), mientras que la anhedonia implica específicamente la incapacidad de experimentar placer. La ataraxia neurológica, cuando se emplea con rigor, apunta más bien a una abolición global de la reactividad afectiva que no se limita a un polo emocional concreto. Del griego ἀταραξία, formado por el prefijo privativo ἀ- y ταράσσω ("agitar", "perturbar"). Su significado literal es "ausencia de turbación". Demócrito la incluyó entre los componentes de la felicidad hacia el siglo V a. C., y fue Epicuro quien la convirtió en pieza central de su sistema ético un siglo después. No. En filosofía griega, la apatía (apátheia) designaba el dominio racional de las pasiones, un concepto más propio del estoicismo. En medicina actual, la apatía se define como una disminución de la motivación y del interés por el entorno. La ataraxia, cuando se usa en contexto clínico, señala una indiferencia emocional más amplia que no se reduce a la falta de motivación. Porque Henri Laborit, al observar el efecto de la clorpromazina en 1952, describió el estado que inducía en los pacientes como ataraxia: una tranquilidad sin pérdida de conciencia que no tenía precedente farmacológico. El término se abandonó pronto en favor de "tranquilizante" y, más tarde, de "neuroléptico" y "antipsicótico". Depende del contexto. Como ideal filosófico o como efecto buscado de ciertos fármacos sedantes, la ataraxia no tiene carácter patológico. Cuando aparece de forma involuntaria tras una lesión cerebral frontal, sí constituye un signo clínico relevante, porque la persona pierde la capacidad de reaccionar emocionalmente ante situaciones que lo requieren, con consecuencias sobre su conducta social y su toma de decisiones. Si desea profundizar en conceptos asociados a la ataraxia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la ataraxia
La ataraxia en la historia de la psicofarmacología
Uso neurológico del término
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra ataraxia?
¿Es lo mismo ataraxia que apatía?
¿Por qué a los primeros antipsicóticos se les llamó atarácticos?
¿La ataraxia puede ser patológica?
Referencias
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