DICCIONARIO MÉDICO
Anoxia de altitud
La anoxia de altitud es la forma de privación de oxígeno tisular que se produce al ascender a cotas elevadas, donde la presión atmosférica desciende y, con ella, la presión parcial de oxígeno en el aire inspirado. Se engloba dentro de las anoxias de tipo anóxico y constituye el mecanismo fisiopatológico del mal agudo de montaña. Cuando una persona asciende por encima de los 2500 metros sobre el nivel del mar, cada inspiración le aporta menos moléculas de oxígeno que al nivel del mar. La proporción de oxígeno en el aire sigue siendo la misma (aproximadamente un 21 %), pero la presión atmosférica total es menor, de modo que la presión parcial de oxígeno cae de forma proporcional. A unos 5500 metros, esa presión parcial se ha reducido a la mitad de su valor habitual a nivel del mar. El término anoxia de altitud describe justamente esa situación: un déficit de oxígeno en los tejidos cuya causa no reside en una enfermedad pulmonar ni en un fallo circulatorio, sino en la simple escasez del gas en el ambiente. En la literatura médica contemporánea se prefiere la expresión hipoxia hipobárica, más precisa, porque en la mayoría de los casos la privación es parcial y no absoluta. Conviene no confundir estos términos: la hipoxemia se refiere al dato de laboratorio (baja presión de oxígeno en sangre arterial), mientras que la anoxia o hipoxia alude al efecto tisular. Para compensar esa menor disponibilidad, el cuerpo humano dispone de mecanismos que se activan desde las primeras horas de exposición a la altitud. La ventilación pulmonar aumenta, el corazón eleva su frecuencia y, si la estancia se prolonga días o semanas, la médula ósea incrementa la producción de glóbulos rojos bajo el estímulo de la eritropoyetina renal. Todo ese conjunto de ajustes recibe el nombre de aclimatación. Cuando el ascenso es demasiado rápido o la altitud demasiado elevada, esos mecanismos no bastan. Aparece entonces el mal agudo de montaña, conocido en los países andinos como soroche o puna. Se estima que lo sufre alrededor del 25 % de quienes ascienden a 2500 metros y hasta el 40 % de quienes alcanzan los 4300 metros. Las poblaciones que han habitado durante generaciones en altitudes elevadas (altiplano andino, meseta tibetana) presentan adaptaciones genéticas que reducen notablemente su susceptibilidad a estos efectos. No exactamente. La anoxia de altitud es el mecanismo fisiopatológico subyacente: la reducción de oxígeno tisular por descenso de la presión atmosférica. El mal agudo de montaña es el cuadro clínico que puede derivarse de esa situación cuando los mecanismos de aclimatación no logran compensarla. Los efectos fisiológicos comienzan a ser mensurables por encima de los 2100 metros, aunque las manifestaciones clínicas relevantes aparecen con más frecuencia a partir de los 2500 metros. Hay personas especialmente sensibles en las que se han descrito problemas desde los 1800 metros. Porque el término anoxia, en su sentido más riguroso, implica ausencia total de oxígeno, y eso rara vez ocurre en la altitud. Lo habitual es una reducción parcial, que se ajusta mejor al concepto de hipoxia. Se añade el adjetivo hipobárica para precisar que la causa es el descenso de la presión barométrica y no una enfermedad respiratoria o circulatoria. Si desea profundizar en conceptos asociados a la anoxia de altitud, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la anoxia de altitud
Presión atmosférica y respuesta del organismo
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo la anoxia de altitud que el mal de montaña?
¿A partir de qué altitud se produce?
¿Por qué se llama hipoxia hipobárica y no simplemente anoxia?
Referencias
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