DICCIONARIO MÉDICO
Angiopatía amiloide
La angiopatía amiloide cerebral es una enfermedad de los vasos sanguíneos del encéfalo caracterizada por el depósito de proteína beta-amiloide en la pared de las arterias corticales y leptomeníngeas. Su frecuencia aumenta de forma notable con la edad y representa una de las causas principales de hemorragia intracerebral lobar en personas mayores de 60 años. El término combina angiopatía (del griego ἀγγεῖον, angeîon, «vaso», y πάθος, páthos, «enfermedad») con amiloide, palabra acuñada por Rudolf Virchow en 1854 a partir del latín amylum y el griego ἄμυλον (ámylon, «almidón»), porque los depósitos tisulares que observó le recordaban a la sustancia del almidón cuando se teñía con yodo. Más adelante se comprobó que esos depósitos no eran glucídicos sino proteicos, pero el nombre ya se había consolidado en la literatura. En la angiopatía amiloide cerebral, el péptido beta-amiloide (Aβ, fragmento de 40 o 42 aminoácidos derivado de la proteína precursora del amiloide) se acumula en la capa media y la adventicia de arterias de pequeño y mediano calibre situadas en la corteza cerebral y las leptomeninges. La sustancia blanca profunda, los ganglios basales y el troncoencéfalo apenas se ven afectados, un dato que ayuda a distinguir esta entidad de otras causas de hemorragia cerebral. También se la conoce como angiopatía congofílica, en alusión al colorante rojo Congo: el amiloide se tiñe con este reactivo y exhibe birrefringencia verde manzana bajo luz polarizada, una propiedad que sigue siendo el patrón de referencia histológico. La acumulación progresiva de Aβ debilita la arquitectura del vaso. La lámina muscular pierde fibras, aparece necrosis fibrinoide focal y pueden formarse microaneurismas en puntos de especial fragilidad. El resultado es una pared arterial propensa a la rotura, que origina hemorragias en territorio cortical y subcortical superficial (hemorragias lobares), no en las zonas profundas de los ganglios basales, donde la causa habitual es la hipertensión arterial crónica. Esa distribución lobar, cuando se repite en un paciente mayor de 55 años sin otra causa evidente, es el rasgo que más orienta hacia una angiopatía amiloide subyacente. Junto con las hemorragias de gran tamaño, la enfermedad provoca microsangrados corticales detectables mediante resonancia magnética de susceptibilidad y siderosis superficial de la convexidad cerebral. Estas lesiones pueden pasar inadvertidas durante años. No todos los portadores de depósito amiloide vascular experimentan episodios hemorrágicos; en estudios de autopsia de personas fallecidas por otras causas, la prevalencia de depósito moderado o grave de Aβ vascular supera el 50 % en mayores de 80 años. Existe un solapamiento frecuente con la enfermedad de Alzheimer: la mayoría de los pacientes con Alzheimer presentan algún grado de angiopatía amiloide cerebral en los estudios postmortem. Sin embargo, la relación no es de equivalencia. La angiopatía amiloide puede darse sin Alzheimer, y muchas de las hemorragias lobares que provoca aparecen en pacientes sin deterioro cognitivo previo. El gen de la apolipoproteína E (APOE) es el principal factor genético compartido; en particular, el alelo ε4 se asocia con una mayor carga de depósito vascular, mientras que el alelo ε2 parece favorecer la rotura del vaso. Se han descrito también formas hereditarias minoritarias, agrupadas bajo el nombre de hemorragia cerebral hereditaria con amiloidosis (HCHWA). La variante islandesa y la holandesa son las más conocidas. Las formas hereditarias suelen manifestarse antes de los 55 años, bastante más temprano que la forma esporádica, y siguen un curso más agresivo. Porque el amiloide depositado en los vasos se tiñe con el colorante rojo Congo (inventado en 1883 por Paul Böttiger) y, al observarse con luz polarizada, muestra birrefringencia verde manzana. Esa afinidad por el rojo Congo es la que da origen al adjetivo «congofílico». No. Ambas comparten la acumulación de péptido beta-amiloide, pero en localizaciones distintas: en la enfermedad de Alzheimer el depósito predomina en el parénquima cerebral como placas neuríticas, mientras que en la angiopatía amiloide se concentra en la pared de los vasos. Un mismo paciente puede presentar ambos procesos, y de hecho esa coincidencia es habitual en edades avanzadas, pero cada entidad puede existir sin la otra. La forma esporádica, que es la más frecuente con diferencia, aumenta su prevalencia a partir de los 55 años y es muy infrecuente antes de esa edad. Las formas hereditarias, mucho más raras, pueden aparecer en adultos jóvenes. Si desea profundizar en conceptos asociados a la angiopatía amiloide, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la angiopatía amiloide cerebral
Depósito vascular y consecuencias sobre la pared arterial
Relación con la enfermedad de Alzheimer y formas hereditarias
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama «congofílica»?
¿Es lo mismo angiopatía amiloide que enfermedad de Alzheimer?
¿Solo afecta a personas mayores?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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