DICCIONARIO MÉDICO
Aflicción
La aflicción es la respuesta emocional de sufrimiento que experimenta una persona ante la pérdida de alguien o algo significativo en su vida. Se considera una reacción normal y esperable, no una enfermedad, y su duración e intensidad varían según el vínculo con lo perdido, las circunstancias de la pérdida y los recursos psicológicos de quien la vive. En el uso médico y psicológico, aflicción designa el estado de pesar profundo que sobreviene tras una pérdida relevante: la muerte de un ser querido, el final de una relación prolongada, el diagnóstico de una enfermedad incurable o la privación de una capacidad que la persona daba por segura. La RAE la recoge escuetamente como «efecto de afligir o afligirse», pero la literatura psiquiátrica le atribuye un contenido bastante más preciso: se trata de una experiencia emocional reactiva, con componentes cognitivos, somáticos y conductuales, que no constituye por sí misma un trastorno mental. La palabra procede del latín afflictio, -ōnis, sustantivo derivado de affligere (formado por ad-, «contra», y fligere, «golpear»): literalmente, «el acto de ser golpeado» o «abatimiento». En el latín clásico ya tenía un sentido figurado de padecimiento moral. Gonzalo de Berceo la emplea hacia 1255 en los Milagros de Nuestra Señora con la grafía aflictiones, lo que la convierte en uno de los términos de la esfera emocional documentados más tempranamente en castellano. A lo largo de los siglos XVI y XVII convivieron las variantes aflición, aflictión y afflicción antes de que la forma actual se fijase definitivamente en el siglo XVIII. Quien atraviesa un periodo de aflicción puede experimentar llanto recurrente, insomnio, pérdida de apetito, dificultad para concentrarse y un sentimiento persistente de vacío. Son frecuentes también la apatía y la anhedonia transitoria, rasgos que comparte con el episodio depresivo pero que, en la aflicción normal, no alcanzan la gravedad ni la persistencia necesarias para configurar un diagnóstico clínico. Desde mediados del siglo XX, varios autores han intentado organizar la aflicción en fases. El modelo más conocido sigue siendo el de Elisabeth Kübler-Ross (1969), que describió cinco etapas (negación, ira, negociación, depresión y aceptación) a partir de entrevistas con enfermos terminales. Conviene matizar que esas etapas no se recorren siempre en orden ni son universales; muchas personas saltan alguna o las viven simultáneamente, y la propia Kübler-Ross advirtió de que su esquema no pretendía ser un itinerario obligatorio. La fase aguda de la aflicción suele atenuarse en torno a los dos meses, si bien manifestaciones más leves pueden prolongarse un año o más. El problema clínico surge cuando la intensidad del sufrimiento no disminuye con el paso del tiempo, la persona es incapaz de retomar sus actividades cotidianas y la añoranza por lo perdido domina su funcionamiento diario. En 2022, la Asociación Americana de Psiquiatría incorporó el trastorno por duelo patológico (prolonged grief disorder) al DSM-5-TR, con un umbral de 12 meses en adultos y 6 meses en menores. La cifra que suele citarse es que aproximadamente un 10 % de las personas en duelo desarrollan esta forma prolongada. Importa no confundir aflicción con angustia. La aflicción es reactiva y mira hacia lo que se ha perdido; la angustia es anticipatoria, orientada hacia una amenaza futura que puede ser difusa. Tampoco equivale al sufrimiento en sentido amplio, que abarca además el dolor físico y el padecimiento existencial no ligado a una pérdida concreta. Del latín afflictio, derivado de affligere («golpear contra algo»). El sentido figurado de abatimiento emocional ya existía en latín. En castellano se documenta desde Berceo, hacia 1255. No. La aflicción es una respuesta emocional esperable ante una pérdida; la depresión clínica es un trastorno del estado de ánimo con criterios diagnósticos específicos. Comparten rasgos como la tristeza, el insomnio y la falta de concentración, pero en la aflicción normal la persona conserva la capacidad de experimentar momentos de bienestar y la intensidad del malestar tiende a disminuir con las semanas. Cuando eso no ocurre y los síntomas persisten más allá de un año, puede estar indicada una valoración profesional. Depende. La fase más intensa rara vez se extiende más de dos meses, pero los episodios puntuales de pesar pueden reaparecer durante el primer año e incluso después, especialmente en fechas significativas. Eso sigue siendo normal y no indica por sí solo un problema clínico. Sí, y con frecuencia lo hace. El estrés sostenido asociado a la aflicción puede alterar el sueño, reducir el apetito, debilitar transitoriamente la función inmunitaria y agravar enfermedades crónicas preexistentes. En casos extremos se ha descrito incluso la miocardiopatía de takotsubo, conocida coloquialmente como «síndrome del corazón roto», un cuadro cardiológico reversible desencadenado por un estrés emocional agudo. Si desea profundizar en conceptos asociados a la aflicción, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la aflicción
Componentes de la respuesta afligida
Frontera entre aflicción normal y duelo patológico
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra aflicción?
¿Es lo mismo aflicción que depresión?
¿Cuánto dura normalmente la aflicción?
¿Puede la aflicción causar síntomas físicos?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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