DICCIONARIO MÉDICO
Aceite de silicona
El aceite de silicona es un polímero líquido derivado del silicio, transparente, viscoso e inerte. En medicina se le conoce sobre todo por una aplicación: en cirugía vitreorretiniana actúa como tamponador intraocular, ocupando el espacio del humor vítreo para empujar la retina contra la pared del ojo. También tiene usos dermatológicos como barrera tópica y se emplea como lubricante interno en jeringas y catéteres. Bajo el nombre genérico de aceite de silicona se agrupa una familia de líquidos formados por cadenas de siloxano —átomos de silicio y oxígeno alternados, con grupos metilo colgando a los lados—. El representante principal, y el único relevante en medicina, es el polidimetilsiloxano (PDMS). Es transparente, inodoro, no conduce la electricidad y resiste temperaturas extremas sin descomponerse. La cadena es flexible, pero las moléculas son lo bastante grandes para que el conjunto se comporte como un fluido espeso. La palabra silicona tiene un origen curioso. La acuñó en 1901 el químico inglés Frederick Stanley Kipping, que estudiaba compuestos del silicio y creyó haber sintetizado un análogo silícico de las cetonas orgánicas. Por analogía con la benzofenona (Ph₂CO), llamó silicocetona y luego silicona al material que obtenía. El paralelismo con las cetonas resultó incorrecto: las siliconas son polímeros, no compuestos simples como las cetonas. El nombre, sin embargo, perduró. La palabra aceite procede del latín oleum, líquido graso, y se aplica aquí por la consistencia, no por la composición —el aceite de silicona no tiene nada que ver con los aceites orgánicos basados en carbono que se usan en cocina o como lubricantes vegetales—. El uso comercial de la silicona despegó tarde. Pasaron casi cuarenta años entre el trabajo inicial de Kipping y la síntesis industrial del PDMS, desarrollada en los años cuarenta por Eugene Rochow y Richard Müller. Desde entonces, los aceites de silicona se fabrican en una amplia gama de viscosidades —desde fluidos casi acuosos hasta consistencias casi sólidas—, y se han abierto paso en aplicaciones que van desde la cosmética hasta la microelectrónica, pasando por la cirugía ocular. El uso oftalmológico es, con diferencia, el más característico. Tras una vitrectomía —procedimiento en el que se extrae el gel vítreo del ojo a través de pequeñas incisiones en la pars plana—, la cavidad vítrea queda vacía. El cirujano puede rellenarla con distintos materiales: una solución salina, una burbuja de gas (SF₆, C₃F₈) o, en los casos más complejos, aceite de silicona. La elección depende de cuánto tiempo se necesite mantener un soporte físico sobre la retina. La idea de fondo es mecánica, no farmacológica. El aceite de silicona no cura nada. Lo que hace es ejercer una presión suave sobre la retina, manteniéndola pegada a la pared posterior del ojo mientras el tejido se reaplica de forma natural y la cicatrización sella los desgarros. Que la sustancia sirva para esto se explica básicamente por su tensión superficial, alta, que impide que una gota se rompa en fragmentos pequeños y se cuele por un agujero retiniano. La densidad ayuda: es ligeramente inferior a la del agua —alrededor de 0,97 g/cm³—, de modo que el aceite flota dentro del ojo y tampona con preferencia las roturas de la mitad superior. Y la viscosidad, medida en centistokes (cSt), basta para que el fluido se quede donde se le pone aunque el paciente mueva la cabeza. A diferencia del gas, que se reabsorbe solo en pocas semanas, el aceite de silicona no se elimina por sí mismo. Permanece en el ojo el tiempo que el cirujano considere necesario —meses, en general— y debe retirarse después en una segunda intervención. Es un tamponador de larga duración, indicado cuando un tamponado breve no basta: desprendimientos de retina complicados con vitreorretinopatía proliferativa, desgarros gigantes, trauma penetrante o casos en los que el paciente no podrá adoptar la postura prolongada que exige el tamponado con gas. Los aceites de silicona oftalmológicos no son todos iguales. La diferencia clínicamente más relevante es la viscosidad. Las dos presentaciones habituales son la de 1.000 centistokes y la de 5.000 centistokes; la primera es más fluida y se inyecta y retira con menos esfuerzo, la segunda es más espesa y tiende a emulsificarse menos —es decir, a fragmentarse en pequeñas gotas que pueden migrar a la cámara anterior o al ángulo iridocorneal—. La elección depende de cada caso. La densidad introduce otra variable. El aceite de silicona convencional, basado en PDMS puro, flota en el ojo: tampona los desgarros situados en la parte superior de la retina, donde el aceite asciende y se acumula. Para los desgarros inferiores existe el llamado aceite pesado, una mezcla de PDMS con un perfluoroalcano (típicamente perfluorohexiloctano, conocido como F6H8), que sube la densidad por encima de la del agua y permite tamponar la retina inferior. Cada formulación tiene su lugar; no son intercambiables. Quien introdujo el aceite de silicona dentro del ojo humano fue Paul Anton Cibis, un oftalmólogo nacido en Silesia en 1911 y emigrado a Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. Cibis trabajaba en la Washington University de St. Louis y, en 1962, publicó junto a Bernard Becker, Edward Okun y Sayed Canaan un artículo en Archives of Ophthalmology donde describía el uso de silicona líquida para tratar desprendimientos de retina complejos. La idea era sencilla: dar a la retina un soporte permanente desde dentro. Los primeros años fueron complicados. Las siliconas disponibles entonces no tenían pureza médica y arrastraban contaminantes —siloxanos de bajo peso molecular, sobre todo— que generaban toxicidad y reacciones intraoculares importantes. La técnica perdió favor hasta finales de los setenta, cuando Jean Haut, Relja Živojnović y John Scott la combinaron con la vitrectomía y con siliconas de grado farmacéutico. A partir de los ochenta el uso se consolidó. La FDA estadounidense aprobó formalmente el aceite de silicona intraocular en 1994. Más allá del ojo, el aceite de silicona asoma en otros rincones de la práctica sanitaria. Las jeringas desechables se lubrican internamente con una fina capa que facilita el deslizamiento del émbolo. Algunos catéteres y agujas llevan recubrimientos similares. En dermatología, los preparados tópicos de PDMS de baja viscosidad se usan como barrera hidrorrepelente —protegen la piel de la humedad y de irritantes externos, sin afectar a la respiración cutánea—. En el sistema digestivo, dos derivados estrechamente relacionados —la dimeticona y la simeticona— se utilizan como antiespumantes para reducir gases intestinales; pertenecen químicamente a la familia, aunque comercialmente se nombran aparte. Conviene no confundir el aceite de silicona con otras formas en que la silicona aparece en medicina. La prótesis de silicona —usada en implantes mamarios, articulares o testiculares— es un sólido elastomérico, no un líquido; comparte la química básica pero está reticulada para formar un material gomoso, no fluido. El perfluorocarbono líquido, usado a veces durante la propia cirugía de retina, es una sustancia distinta: más densa que el agua, se emplea como herramienta intraoperatoria transitoria y se retira antes de cerrar el ojo, no permanece como tamponador prolongado. Lo acuñó Frederick Kipping en 1901. Estudiando compuestos del silicio, creyó haber preparado un análogo de las cetonas orgánicas (de ahí "silicocetona", luego abreviado a "silicona"). La analogía resultó equivocada, pero el nombre se mantuvo. Silicio, a su vez, procede del latín silex, silicis, "pedernal", por ser el componente principal de muchas rocas. La diferencia está en la duración. Los gases tamponadores se reabsorben solos en semanas y dejan al ojo recuperar su humor vítreo natural por solución salina. Para algunos desprendimientos basta. Cuando la retina necesita un soporte mecánico más largo —porque el desgarro es grande, porque hay cicatrización proliferativa intensa, porque el paciente no podrá mantener una postura específica— el aceite resulta más adecuado. No se reabsorbe, hay que sacarlo después, pero da meses de margen. Depende del caso. La pauta habitual va de tres a seis meses, aunque hay situaciones —retinas inestables, recidivas, ojos únicos— en las que el aceite se deja indefinidamente. Cuanto más tiempo pasa, mayor es el riesgo de emulsificación, es decir, de que el aceite se fragmente en gotas microscópicas que pueden migrar dentro del ojo. Por eso, salvo decisión clínica en contra, el aceite suele retirarse en una segunda intervención cuando la retina ya está estable. No. Comparten la química de base —cadenas de siloxano con grupos metilo— pero el estado físico y la formulación son distintos. La silicona de los implantes está reticulada y forma un gel o un elastómero sólido. El aceite intraocular es un líquido viscoso, sin reticulación, con una pureza farmacéutica y una viscosidad seleccionadas específicamente para su función dentro del ojo. Es excepcional. Se han descrito casos aislados de migración del aceite a través del nervio óptico hacia los ventrículos cerebrales, especialmente en ojos con presión intraocular elevada y tras vitrectomías repetidas. Son situaciones raras y bien identificadas en la literatura, y no representan la evolución habitual. Si desea profundizar en conceptos asociados al aceite de silicona, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el aceite de silicona
Cómo funciona como tamponador intraocular
Viscosidades, aceite ligero y aceite pesado
Paul Cibis y el origen del uso oftalmológico
Otros usos en medicina y diferenciación con materiales próximos
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre "silicona"?
¿Por qué se elige aceite de silicona y no gas tras una vitrectomía?
¿Cuánto tiempo permanece el aceite de silicona dentro del ojo?
¿Es lo mismo el aceite de silicona oftalmológico que la silicona de los implantes mamarios?
¿Puede emigrar el aceite de silicona fuera del ojo?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026