DICCIONARIO MÉDICO
Virus satélite
Un virus satélite es un agente infeccioso incompleto: le falta una pieza que no puede fabricar por sí mismo para replicarse por su cuenta, y solo puede hacerlo si en la misma célula está presente otro virus distinto que le proporcione lo que le falta. A ese segundo virus se le llama virus auxiliar o ayudante. Son raros en el ser humano, aunque no inexistentes; el ejemplo más conocido es el virus de la hepatitis D, que necesita al de la hepatitis B para poder infectar. Lo que distingue a un virus satélite de un virus corriente no es su tamaño, aunque suele ser mucho más pequeño, sino su dependencia genética. Carece de los genes necesarios para replicar su propio material genético o para completar su ciclo, y toma prestada del virus auxiliar la maquinaria que le falta. El término lo acuñó en 1962 el fitopatólogo Basil Kassanis para describir una partícula de apenas 17 nanómetros que aparecía junto al virus de la necrosis del tabaco, de 26 nanómetros, en algunos cultivos infectados. Aquella partícula menor, hoy conocida como virus satélite de la necrosis del tabaco, fue el primer agente de este tipo que se describió, y desde entonces se han identificado otros, casi todos en plantas. No todos los agentes que dependen de un virus auxiliar son iguales entre sí. Un virus satélite codifica su propia proteína de cápside y construye con ella una partícula distinta, reconocible aparte del virus auxiliar. Un ácido nucleico satélite, en cambio, no codifica cápside alguna: su material genético viaja empaquetado dentro de la misma cápside que fabrica el virus auxiliar. La frontera entre ambos grupos, aunque parezca un matiz técnico, determina si se habla de dos virus distintos conviviendo en la misma célula o de un solo virus con un pasajero genético a bordo. El origen de los virus satélite sigue siendo, en buena medida, un misterio. No son formas degeneradas de su virus auxiliar, ni existe entre ambos una relación evolutiva conocida, pese a la dependencia que los une. Son primos lejanos, no descendientes. En personas, el ejemplo mejor documentado es el virus de la hepatitis D, que solo puede infectar una célula ya infectada por el de la hepatitis B, del que toma prestada la envoltura externa para poder salir de una célula y entrar en otra. Su genoma, un ARN circular de apenas 1,7 kilobases, es el más pequeño conocido entre los virus que infectan animales, y su estructura, muy plegada sobre sí misma en forma de bastón, recuerda a la de un viroide. Ahí se acaba el parecido. A diferencia de un viroide, sí codifica una proteína, el antígeno delta, que empaqueta su propio ARN, una capacidad que comparte con los virus satélite aunque no llegue a fabricar una cápside propia. Esa posición a medio camino llevó durante décadas a describirlo, sin más, como un virus satélite del de la hepatitis B. En 2021 el Comité Internacional de Taxonomía de Virus lo reclasificó, junto con otros agentes similares descubiertos después en aves, reptiles y otras especies, dentro de una familia propia, Kolmioviridae, y un género propio, Deltavirus: taxonómicamente ya no es un satélite, aunque en la práctica siga necesitando al virus de la hepatitis B para transmitirse. Esta relación se desarrolla con más detalle en la entrada dedicada al virus de la hepatitis. En 1962, cuando el fitopatólogo Basil Kassanis identificó una partícula diminuta asociada al virus de la necrosis del tabaco y acuñó para ella el término satélite. Hoy se la conoce como virus satélite de la necrosis del tabaco, y sigue siendo el ejemplo de referencia del grupo. No. El virus satélite fabrica su propia cápside con una proteína que él mismo codifica; el ácido nucleico satélite carece de esa proteína y viaja empaquetado dentro de la cápside del virus auxiliar. Porque su genoma, de apenas 1,7 kilobases de ARN circular, es el más pequeño descrito entre los virus que infectan a animales. El del virus de la hepatitis B, del que depende, mide más del doble. Ya no, al menos no de forma estricta. Desde 2021 tiene familia y género taxonómico propios, Kolmioviridae y Deltavirus, aunque su biología no ha cambiado: sigue necesitando la envoltura del virus de la hepatitis B para completar su ciclo, la misma dependencia funcional que dio origen al término satélite.Qué es un virus satélite
Virus satélite frente a ácido nucleico satélite
El caso humano: el virus de la hepatitis D
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se describió el primer virus satélite?
¿Es lo mismo un virus satélite que un ácido nucleico satélite?
¿Por qué se dice que el virus de la hepatitis D es tan pequeño?
¿Sigue considerándose la hepatitis D un virus satélite?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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