DICCIONARIO MÉDICO
Virología
La virología es la rama de la microbiología dedicada al estudio de los virus: su estructura, su genética, su forma de replicarse y su relación con los organismos que infectan. Nació como disciplina independiente a finales del siglo XIX, cuando una serie de experimentos con filtros de porcelana reveló la existencia de agentes infecciosos demasiado pequeños para ser bacterias. El término une dos piezas de procedencia distinta. Virus llegó al castellano hacia 1450 desde el latín, donde antes de tener sentido médico significaba veneno o ponzoña; con ese valor lo usó ya el médico romano Celso en el siglo I para describir la saliva de un perro rabioso, en una casualidad que solo diecinueve siglos después tendría explicación real. El segundo elemento, -logía, procede del griego logos, tratado o estudio, el mismo sufijo que da nombre a decenas de disciplinas científicas. La palabra virología, por tanto, es bastante más joven que virus: solo pudo acuñarse una vez que la ciencia reconoció a los virus como un objeto de estudio propio, distinto del de la bacteriología. La virología nació de una pregunta incómoda para la bacteriología de finales del siglo XIX, que daba por sentado que toda enfermedad infecciosa se debía a un germen visible al microscopio y cultivable en un medio artificial. En 1892, el microbiólogo ruso Dmitri Ivanovski usó un filtro de porcelana, el filtro Chamberland, diseñado para retener bacterias, y comprobó que el extracto de una hoja de tabaco enferma seguía siendo infeccioso después de pasar por él. Ivanovski no se atrevió a sacar la conclusión evidente y prefirió suponer que se trataba de una toxina bacteriana. Fue el neerlandés Martinus Beijerinck quien, en 1898, repitió el experimento, lo llevó más lejos y afirmó sin rodeos que aquel filtrado contenía un agente vivo de naturaleza nueva, al que llamó contagium vivum fluidum. Ese mismo año, en Alemania, Friedrich Loeffler y Paul Frosch aplicaron la misma lógica a una enfermedad animal, la fiebre aftosa del ganado, y demostraron que su agente causal también atravesaba el filtro. Fue el primer virus reconocido fuera del mundo vegetal. Con él, la virología dejó de ser una curiosidad botánica y empezó a tener vocación médica y veterinaria. Durante más de tres décadas nadie supo si aquellos agentes filtrables eran seres vivos, sustancias químicas o algo intermedio. La respuesta, sorprendente para la época, llegó en 1935, cuando el bioquímico estadounidense Wendell Stanley logró cristalizar el virus del mosaico del tabaco y demostró que aquellos cristales, con aspecto de sal común, conservaban intacta su capacidad de infectar. El hallazgo le valió en 1946 el Premio Nobel de Química, el primero que se concedía a un trabajo de virología. Faltaba, sin embargo, ver a los virus con los propios ojos. Lo consiguieron en 1939 Gustav Kausche, Edgar Pfankuch y Helmut Ruska, hermano del inventor del microscopio electrónico, al obtener las primeras imágenes del virus del mosaico del tabaco. A partir de ahí, la microscopía electrónica se convirtió en herramienta habitual del laboratorio de virología. Entre 1915 y 1917, el británico Frederick Twort y el franco-canadiense Félix d'Herelle describieron, cada uno por su cuenta, virus capaces de destruir bacterias. D'Herelle les dio nombre, bacteriófagos, literalmente comedores de bacterias, y con ellos la virología ganó un modelo experimental manejable y barato que resultaría decisivo para el nacimiento de la biología molecular décadas después. Otro obstáculo práctico de la disciplina era que los virus, al contrario que las bacterias, no crecen en una placa de agar: necesitan una célula viva. En 1949, John Enders, Thomas Weller y Frederick Robbins lograron cultivar el virus de la poliomielitis en tejido humano en laboratorio, una hazaña que en 1954 les valió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina y que abrió el camino directo hacia la vacuna de la polio. El motivo de fondo, el que explica por qué la virología acabó separándose como campo propio, es biológico. Un virus carece de metabolismo, de ribosomas y de la maquinaria necesaria para fabricar sus propias proteínas; depende por completo de la célula a la que infecta, hasta el punto de que buena parte de la comunidad científica discute si merece llamarse microorganismo en sentido estricto, ya que no se le puede considerar un ser vivo autónomo fuera de una célula huésped. Esa dependencia hace que los métodos clásicos de la bacteriología (el cultivo en medios artificiales, la tinción de Gram, las pruebas bioquímicas) no sirvan frente a un virus, y explica por qué la disciplina desarrolló herramientas propias: el cultivo celular, la microscopía electrónica y, más adelante, la biología molecular. Poner orden en la diversidad de virus descubiertos a lo largo del siglo XX exigió un organismo propio. En 1966, durante el Congreso Internacional de Microbiología celebrado en Moscú, se creó el comité que hoy se conoce como Comité Internacional de Taxonomía de Virus. Su primer informe, publicado en 1971, recogía apenas diecinueve géneros de virus de vertebrados; el catálogo actual reconoce miles de especies. La virología actual se ramifica según el huésped y el nivel de estudio. Existe una virología médica, centrada en los virus que enferman al ser humano; una veterinaria, volcada en el ganado y los animales de compañía; y una vegetal, heredera directa de los experimentos con el tabaco que dieron origen a toda la disciplina. A ellas se suman enfoques transversales, como la virología molecular, que analiza el genoma y las proteínas víricas al detalle, o la virología ambiental, que rastrea virus en aguas residuales y ecosistemas naturales. El conocimiento que produce toda esa investigación es la base sobre la que se apoyan después el diagnóstico de laboratorio y el desarrollo de antivirales y vacunas, aunque esa parte del trabajo, la aplicada al paciente concreto, corresponde ya a la práctica clínica y no al objeto de estudio de la virología como ciencia. De la unión del latín virus, que en origen significaba veneno, y el sufijo griego -logía, estudio o tratado. La palabra solo pudo acuñarse una vez que la ciencia reconoció a los virus como un objeto de estudio distinto del de las bacterias. No hay una sola respuesta. Dmitri Ivanovski dio en 1892 la primera evidencia experimental de un agente filtrable; Martinus Beijerinck, seis años después, fue quien se atrevió a llamarlo virus y a describirlo como una entidad nueva; y Friedrich Loeffler y Paul Frosch demostraron ese mismo año que el fenómeno no se limitaba a las plantas. Porque carecen de metabolismo propio y no pueden multiplicarse fuera de una célula viva. Hasta 1949, cuando Enders, Weller y Robbins lograron cultivar el poliovirus en tejido humano, ni siquiera existía un método fiable para reproducirlos en el laboratorio. Formalmente sí, y así se la sigue enseñando: como una rama de la microbiología, junto a la bacteriología, la micología y la parasitología. En la práctica, sin embargo, estudia un objeto que no es una célula ni, para muchos autores, un ser vivo en sentido estricto, y usa herramientas (cultivo celular, microscopía electrónica, biología molecular) que tienen poco que ver con las de un laboratorio de bacteriología clásico. Esa diferencia de fondo es la que explica que la disciplina, pese a compartir nombre de familia con la microbiología, haya desarrollado desde el principio un camino bastante propio.El nombre de la disciplina
Los orígenes: virus que atravesaban filtros
De la sustancia invisible al objeto fotografiable
Bacteriófagos y cultivo celular: dos herramientas que cambiaron la disciplina
Qué hace distinta a la virología dentro de la microbiología
Un catálogo con reglas propias
Qué abarca hoy
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra virología?
¿Quién fundó la virología?
¿Por qué los virus no se cultivan como las bacterias?
¿Es la virología una parte de la microbiología?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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