DICCIONARIO MÉDICO
Vesicatorio
Un vesicatorio era, en la medicina anterior al siglo XX, el parche o el emplasto que se aplicaba sobre la piel para levantar una ampolla con fines terapéuticos. La sustancia más empleada para conseguirlo era la cantaridina, extraída de un escarabajo, y la teoría que sostenía la práctica defendía que la ampolla artificial servía para desviar hacia la piel una enfermedad alojada en un órgano interno. El término no figura ya en el diccionario académico actual. La Real Academia Española sí conserva, marcada como poco usada, la voz «vejigatorio»: dicho de un emplasto o de un parche de cantáridas u otra sustancia irritante que se pone para levantar vejigas. Es, en la práctica, la misma palabra con un sufijo distinto y el mismo origen latino: vesica (vejiga). Los diccionarios médicos de finales del siglo XIX y principios del XX sí recogían «vesicatorio» como entrada propia, con una definición casi idéntica a la de «vejigatorio»: un tópico destinado a despegar la epidermis mediante la acumulación de suero debajo de ella. La distinción entre ambos términos es hoy más de época y de uso regional que de significado. La cantaridina, principio activo de la cantárida (Lytta vesicatoria, también llamada mosca española), fue con diferencia el agente más utilizado. El insecto se secaba y se molía hasta obtener un polvo que, mezclado con cera o resina, formaba el emplasto. Este se dejaba actuar sobre la piel varias horas, a veces un día entero, hasta que se formaba la ampolla. Entonces se perforaba y se dejaba drenar, o se mantenía abierta de forma deliberada durante semanas para crear lo que la medicina de la época llamaba una fuente o un exutorio. El dolor era considerable. La técnica pertenecía a una familia más amplia de tratamientos, la revulsión, que buscaba aliviar una inflamación interna provocando otra, controlada, en la superficie del cuerpo. Se aplicaba en procesos tan distintos como la pleuresía, los reumatismos o ciertos cuadros febriles, casi siempre en el punto de la piel más próximo al órgano afectado. El Real Colegio de Médicos de Edimburgo documenta su empleo generalizado hasta bien entrado el siglo XIX, con el aviso de que la ampolla, dejada sin drenar o vuelta a irritar, podía convertirse en un foco de infección tan peligroso como el mal que pretendía tratar. Absorbida en exceso, la cantaridina resulta tóxica por vía sistémica, algo que ocurría con más frecuencia de la deseada cuando se aplicaba sobre grandes superficies de piel o sobre piel lesionada. A eso se sumó, a lo largo del siglo XIX, la falta de una base fisiológica sólida que explicara por qué ampollar un punto de la piel debía mejorar una enfermedad situada en otro órgano bien distinto. La teoría que había sostenido la práctica durante siglos perdió terreno frente a una medicina cada vez más apoyada en la anatomía patológica, y el vesicatorio quedó relegado, ya en el siglo XX, a una curiosidad histórica y, en veterinaria, a un uso muy restringido. El vesicante es la categoría general: cualquier agente, con intención médica o sin ella, capaz de producir una ampolla. El vesicatorio era un caso particular de esa categoría, definido por su finalidad terapéutica y por su forma de presentación en parche o emplasto. Dicho de otro modo, toda cantaridina aplicada con esa intención era un vesicatorio, pero no todo vesicante lo es: el gas mostaza, sustancia también vesicante, nunca tuvo una función curativa. Del latín vesicare (levantarse ampollas), el mismo verbo del que procede «vesicante». La forma vesicatorio, con el sufijo de instrumento -torio, subraya el objeto que producía el efecto, más que el efecto en sí. No. La práctica se abandonó en la medicina humana a lo largo del siglo XX y hoy se considera obsoleta y potencialmente peligrosa. El aceite de crotón, obtenido de las semillas de un árbol asiático, Croton tiglium, cumplió una función parecida desde que el comercio holandés lo introdujo en Europa en el siglo XVI. Producía un efecto vesicante intenso, con inflamación y ampollas incluso a dosis bajas, por lo que solía aplicarse diluido. Ninguna de estas alternativas desplazó nunca a la cantárida como referencia, en buena parte porque el insecto era fácil de conseguir en las boticas europeas gracias al comercio con España e Italia. De ahí procede, de hecho, uno de los nombres populares de la cantárida: mosca española. Sí, y bastante. El dolor aparecía ya en las primeras horas, antes incluso de que la ampolla se formara del todo, y se prolongaba mientras la lesión permanecía abierta.Qué es un vesicatorio
El uso histórico del vesicatorio
Por qué cayó en desuso
Diferenciación con vesicante
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra «vesicatorio»?
¿Se sigue usando el vesicatorio en medicina humana?
¿Qué otras sustancias se empleaban además de la cantaridina?
¿Dolía la aplicación de un vesicatorio?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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