DICCIONARIO MÉDICO
Termocoagulación
La termocoagulación es la aplicación de calor controlado sobre un tejido con el fin de desnaturalizar sus proteínas y provocar una coagulación irreversible. Se emplea como principio físico común a varias técnicas de distintas especialidades, desde la neurocirugía funcional hasta la dermatología, y no designa una única fuente de energía: el calor puede generarse por radiofrecuencia, por corriente eléctrica o por otros medios. El término une el griego θερμός (thermós, "caliente") con el latín coagulare ("cuajar", "hacer que un líquido se solidifique"), derivado a su vez de coagulum ("cuajo"). Describe, por tanto, un efecto: el paso de un tejido blando a un estado firme y desvitalizado por la acción del calor, de forma parecida a como el calor cuaja la clara de un huevo. Por debajo de los 50 grados centígrados, el daño celular es reversible si el tiempo de exposición es breve. A partir de esa temperatura las proteínas estructurales empiezan a desnaturalizarse de forma permanente, y entre los 60 y los 100 grados la coagulación es prácticamente inmediata. Ese umbral térmico, común a cualquier tejido biológico, es lo que hace posible usar el calor como herramienta de destrucción selectiva: basta con concentrarlo en el volumen que se quiere tratar y mantener el resto del tejido circundante por debajo del punto de lesión. En la terminología de indexación biomédica (DeCS/BIREME, que recoge el tesauro MeSH en español), "termocoagulación" figura como término de entrada sinónimo del descriptor electrocoagulación, junto con diatermia quirúrgica, electrocauterio o galvanocauterio. A efectos de búsqueda bibliográfica, ambas voces remiten al mismo concepto. El uso clínico real es más matizado. La electrocoagulación, en sentido estricto, exige que una corriente alterna de alta frecuencia atraviese el propio paciente para generar calor en el interior del tejido. La termocoagulación, en cambio, se emplea con frecuencia para nombrar procedimientos en los que el calor se genera por radiofrecuencia con fines muy distintos de la simple hemostasia, como la lesión controlada de fibras nerviosas en la termocoagulación del trigémino. En ese contexto, lo relevante no es tanto el tipo de corriente como la temperatura alcanzada y su duración, parámetros que el cirujano puede graduar con precisión. Tampoco debe confundirse con la criocirugía, que persigue el mismo objetivo de destruir tejido de forma controlada por el mecanismo contrario: el frío intenso en lugar del calor. Y aunque el láser también puede producir coagulación térmica, la fuente de energía es luz amplificada, no corriente ni contacto directo con un electrodo. La termocoagulación se utiliza en neurocirugía funcional para interrumpir de forma selectiva la conducción de fibras nerviosas concretas, en cirugía general como método de hemostasia durante una intervención y en dermatología para el tratamiento de lesiones cutáneas superficiales. El denominador común de estos usos, por dispares que parezcan, es siempre el mismo: calor suficiente, en el punto exacto y durante el tiempo justo para coagular el tejido diana sin extender el daño más allá de él. Para la indexación bibliográfica, sí: los tesauros médicos las tratan como sinónimos. En el lenguaje clínico especializado, sin embargo, "electrocoagulación" suele reservarse para la técnica que hace pasar corriente alterna a través del paciente, mientras que "termocoagulación" se usa en un sentido más general, centrado en el efecto del calor con independencia de cómo se haya generado. El daño térmico irreversible comienza en torno a los 50-55 grados centígrados si se mantiene varios minutos. Entre 60 y 100 grados, la desnaturalización de las proteínas y la coagulación son prácticamente instantáneas. No. Puede proceder de una corriente de radiofrecuencia, de un electrodo resistivo calentado directamente o de energía luminosa, como en el caso del láser. Lo que define a la termocoagulación es el efecto conseguido, no la fuente concreta de energía. Ambas destruyen tejido de forma controlada y localizada, pero por mecanismos opuestos: la termocoagulación desnaturaliza las proteínas mediante calor, mientras que la criocirugía provoca necrosis por congelación, con formación de cristales de hielo dentro de las células.Qué es la termocoagulación
Un término más amplio que electrocoagulación
Campos en los que se emplea
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo que electrocoagulación?
¿A qué temperatura se produce la coagulación del tejido?
¿Siempre se genera el calor con electricidad?
¿En qué se diferencia de la criocirugía?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026