DICCIONARIO MÉDICO
Síndrome de McCune-Albright
El síndrome de McCune-Albright es una enfermedad genética rara y no hereditaria, causada por una mutación en mosaico del gen GNAS, que asocia displasia fibrosa ósea, manchas cutáneas color café con leche y una o varias glándulas con actividad hormonal excesiva. Debe su nombre a dos médicos que llegaron a la misma descripción por caminos independientes, en la misma década. El síndrome de McCune-Albright reúne, en la misma persona, tres tipos de alteración que a primera vista no guardan relación entre sí: una lesión del hueso, un rasgo de la piel y un exceso de función en una o más glándulas endocrinas. Donovan McCune, pediatra en Nueva York, publicó en 1936 el primer caso, una niña de nueve años con pubertad precoz, manchas pigmentadas e hipertiroidismo, y lo amplió al año siguiente junto con Helen Bruch. Fuller Albright, endocrinólogo del Massachusetts General Hospital, llegó de forma independiente a una conclusión casi idéntica: en 1937, con Anne Butler, Albert Hampton y Patricia Smith, describió cinco mujeres con el mismo patrón de hueso, piel y hormonas. Ninguno de los dos equipos conocía el trabajo del otro en el momento de publicar. Durante buena parte del siglo XX la literatura médica se refirió al cuadro simplemente como síndrome de Albright, una costumbre que conviene recordar porque puede confundirse con una entidad distinta que también lleva su apellido: la osteodistrofia hereditaria de Albright, de la que se ocupa el apartado de diferenciación más abajo. Los dos apellidos conjuntos, McCune-Albright, son hoy la forma preferida en la nomenclatura médica internacional. La causa está en el gen GNAS, situado en el brazo largo del cromosoma 20, que codifica la subunidad alfa de una proteína G estimuladora (Gsα). Esa proteína funciona como un interruptor molecular: transmite al interior de la célula la orden de fabricar AMP cíclico cuando un receptor hormonal se activa en la superficie celular. La mutación, casi siempre en el codón 201, deja ese interruptor encendido de manera permanente, sin relación con que la hormona correspondiente esté presente o no. Aquí conviene una precisión que se pasa por alto con frecuencia: la mutación no está en el óvulo ni en el espermatozoide, sino que surge de manera espontánea en una célula del embrión ya en desarrollo, casi siempre en una fase muy temprana. Todas las células que descienden de esa célula portarán el defecto; el resto del organismo, no. A ese reparto desigual se le llama mosaicismo, y es la razón última de que dos personas con el mismo diagnóstico puedan presentar cuadros clínicos muy distintos entre sí. Todo depende del mapa. Si el mosaico alcanza el tejido óseo aparece la displasia fibrosa; si alcanza los melanocitos de la piel, las manchas; si alcanza una glándula, la hiperfunción correspondiente. Una mutación de este tipo, presente en la totalidad de las células del organismo, se considera incompatible con el desarrollo embrionario, lo que explica que el síndrome no se transmita de padres a hijos. La tríada con la que se describió originalmente el síndrome (displasia fibrosa poliostótica, manchas cutáneas y pubertad precoz) describe la forma de presentación clásica, no el límite del cuadro. Con las décadas se han sumado otras disfunciones hormonales ligadas al mismo mecanismo molecular: hipertiroidismo no autoinmune, exceso de hormona de crecimiento, síndrome de Cushing de origen suprarrenal y pérdida renal de fosfato mediada por la proteína FGF23. La pubertad precoz, casi siempre por quistes ováricos autónomos productores de estrógenos en las niñas, sigue siendo la manifestación endocrina más frecuente y, en muchos casos, el primer signo que motiva la consulta. El diagnóstico completo de la afectación ósea (displasia fibrosa monostótica y poliostótica) se desarrolla en las entradas de este diccionario dedicadas específicamente a esa lesión. Las manchas cutáneas tienen, además, un patrón bastante reconocible: bordes irregulares y dentados, descritos gráficamente como «costa de Maine» frente a los bordes lisos en «costa de California» de la neurofibromatosis tipo 1, y una distribución que respeta la línea media del cuerpo y sigue las llamadas líneas de Blaschko, el trazado por el que avanzó la migración celular durante el desarrollo embrionario. Basta con dos o más de los rasgos característicos (óseo, cutáneo, endocrino) para establecer el diagnóstico, sin necesidad de que coincidan los tres de la tríada original. El estudio genético existe, pero su utilidad práctica es limitada por el propio mosaicismo: una muestra de sangre puede salir negativa aunque la mutación esté presente en el hueso o en la piel, simplemente porque esas células concretas no circulan en el torrente sanguíneo. Comparten apellido y comparten gen, pero no son la misma enfermedad, y la propia base de datos genética OMIM advierte expresamente de que no deben confundirse. La osteodistrofia hereditaria de Albright surge de mutaciones inactivadoras del GNAS, heredadas en la línea germinal y presentes desde la concepción en todas las células del organismo, no de una mutación activadora y mosaico como la del síndrome de McCune-Albright. El resultado clínico es, en consecuencia, prácticamente opuesto: talla baja, cara redondeada, acortamiento de los huesos de la mano y calcificaciones bajo la piel, con resistencia hormonal a la paratohormona cuando la mutación procede de la madre. Puede ampliarse en la entrada de este diccionario dedicada a esa osteodistrofia. Es una enfermedad rara, con una prevalencia estimada de entre 1 caso por cada 100.000 habitantes y 1 por cada 1.000.000. Afecta a ambos sexos sin diferencias étnicas conocidas, aunque la pubertad precoz como forma de presentación es notablemente más frecuente en niñas que en niños. Porque dos médicos llegaron a la misma descripción sin conocer el trabajo del otro. Donovan McCune publicó su primer caso en 1936 desde la pediatría neoyorquina; Fuller Albright, desde la endocrinología de Boston, publicó el suyo en 1937 con tres colaboradores más. La comunidad médica tardó años en unir ambos nombres en una sola entidad. No. Surge de una mutación que aparece de forma espontánea durante el desarrollo del embrión y no se transmite a la descendencia. Comparten el apellido de quien las describió y comparten también el gen, pero son dos trastornos distintos, con mecanismos y consecuencias clínicas casi opuestas, como se explica en el apartado de diferenciación de esta misma entrada. Sí. Los criterios diagnósticos actuales no exigen la presencia de displasia fibrosa: basta con dos o más rasgos extraóseos, como las manchas cutáneas junto con una endocrinopatía, para plantear el diagnóstico. Se han descrito casos identificados únicamente por el patrón de pigmentación de la piel, confirmados después con el estudio genético del tejido afectado.Qué es el síndrome de McCune-Albright
Mecanismo: una mutación repartida de forma desigual
Qué órganos puede afectar
Cómo se establece el diagnóstico
Diferenciación con la osteodistrofia hereditaria de Albright
Epidemiología
Preguntas frecuentes
¿Por qué el síndrome lleva dos apellidos?
¿Es una enfermedad hereditaria?
¿Es lo mismo que la osteodistrofia hereditaria de Albright?
¿Puede aparecer sin que haya afectación ósea?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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