DICCIONARIO MÉDICO
Salud social
La salud social es la dimensión del bienestar que depende de la cantidad y la calidad de las relaciones de una persona con su entorno humano. Constituye, junto con la salud física y la salud mental, el tercer pilar de la definición de salud que la OMS formuló en 1948. La salud social se refiere a la capacidad de un individuo para establecer vínculos significativos con otras personas, integrarse en la vida comunitaria y desenvolverse en la red de relaciones (familiares, laborales, vecinales) que configuran su existencia cotidiana. No es una dimensión que pueda medirse solo desde el individuo: depende también de las condiciones del entorno en el que vive, del acceso a servicios básicos, de las políticas de inclusión y del tejido asociativo disponible. El adjetivo "social" procede del latín sociālis, derivado de socius, "compañero" o "aliado": en origen designaba lo relativo a la alianza o la convivencia entre personas. La expresión "salud social" adquirió rango institucional con la Constitución de la OMS de 1948, que incluyó el bienestar social como uno de los tres componentes de la salud, aunque durante décadas fue el que menos atención recibió de los tres. Fue a partir del informe de la Comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud (OMS, 2008) cuando el componente social dejó de tratarse como un telón de fondo para pasar a reconocerse como un determinante activo del estado de salud. En un informe del Director General presentado en enero de 2025 al Consejo Ejecutivo de la OMS, la Organización definió formalmente la salud social como "la cantidad y calidad adecuadas de relaciones en un contexto determinado para satisfacer la necesidad de una persona de establecer un contacto significativo con otros seres humanos". Esa definición integra dos planos que a menudo se tratan por separado: el individual (la capacidad relacional de la persona) y el estructural (el contexto que facilita o dificulta esas relaciones). La salud social opera en dos escalas. En la dimensión individual, se manifiesta como la aptitud para entablar relaciones interpersonales satisfactorias, adaptarse a las expectativas del grupo de referencia, dar y recibir apoyo afectivo y participar en actividades compartidas. Las personas con buena salud social no viven necesariamente rodeadas de mucha gente: lo que importa es la percepción de conexión significativa, no el número de contactos. La dimensión colectiva remite a las condiciones del entorno que hacen posible, o imposible, esa conexión. Incluye el acceso a la educación, la estabilidad laboral, la seguridad del vecindario, los espacios de participación comunitaria, la equidad de género y la cobertura de los servicios públicos de salud. Una persona puede tener excelentes habilidades relacionales y, sin embargo, ver comprometida su salud social si el contexto socioeconómico en el que vive la empuja al aislamiento. El aislamiento social (la escasez objetiva de contactos) y la soledad (la percepción subjetiva de falta de compañía significativa) no siempre coinciden, pero ambos se han identificado como factores de riesgo con repercusión directa sobre la salud corporal. El informe de la OMS de 2025 equipara el riesgo que supone la soledad crónica al de otros factores clásicos como el sedentarismo o el consumo de tabaco, con efectos documentados sobre la mortalidad cardiovascular, la función inmunitaria y la progresión de deterioro cognitivo en personas mayores. La relación no es solo unidireccional. Las enfermedades crónicas o las discapacidades pueden limitar la participación social y generar aislamiento secundario, que a su vez agrava el estado de salud. Se crea así un circuito que subraya la interdependencia entre las tres dimensiones: un deterioro en la salud física compromete la salud social, y esta repercute a su vez en la salud emocional. Del latín sociālis, derivado de socius, "compañero". La raíz hace referencia a la alianza y la vida en común, y de ella derivan también palabras como "asociar" o "sociedad". No son lo mismo, aunque están emparentados. Los determinantes sociales de la salud son los factores estructurales (nivel de renta, educación, condiciones de vivienda, acceso a servicios) que condicionan el estado de salud de las poblaciones. La salud social es una dimensión del bienestar individual que se ve afectada por esos determinantes, pero no se reduce a ellos: incluye también la capacidad personal de establecer y mantener vínculos significativos. Como entidad diagnóstica, no figura ni en la CIE ni en el DSM: la soledad no es una enfermedad en sentido nosológico. Es una experiencia subjetiva que, cuando se cronifica, actúa como factor de riesgo para patologías cardiovasculares, trastornos del estado de ánimo y deterioro cognitivo. La OMS la aborda como un problema de salud pública, no como una categoría clínica. Sí, según la definición fundacional de la OMS, que las sitúa al mismo nivel. La evidencia epidemiológica lo respalda: la falta de conexión social aumenta la mortalidad por cualquier causa en proporciones comparables a las de otros factores de riesgo bien establecidos. En la práctica, sin embargo, ha recibido históricamente menos atención clínica e investigadora que las otras dos dimensiones. Si desea profundizar en conceptos asociados a la salud social, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la salud social
Dimensión individual y dimensión colectiva
Aislamiento social, soledad y salud
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "social"?
¿Es lo mismo salud social que determinantes sociales de la salud?
¿La soledad es una enfermedad?
¿Tiene la salud social la misma importancia que la física o la mental?
Referencias
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