DICCIONARIO MÉDICO

Respuesta humoral

La respuesta humoral es el brazo de la respuesta inmunitaria adaptativa mediado por anticuerpos, producidos por los linfocitos B y disueltos en la sangre y otros líquidos del organismo en lugar de actuar como células enteras. El nombre no describe un mecanismo nuevo tanto como recuerda una disputa científica que marcó el nacimiento de la inmunología moderna.

Qué designa el término

Frente a la inmunidad celular, en la que el propio linfocito T actúa como agente efector, la respuesta humoral delega esa función en una molécula soluble que circula libremente: el anticuerpo. La entrada inmunidad humoral desarrolla el origen etimológico del adjetivo y la biología de los linfocitos B; esta entrada se detiene, en cambio, en cómo se llegó a saber que existía un mecanismo de defensa separado de la fagocitosis, y por qué acabó llamándose así.

Una disputa entre dos escuelas

Hasta 1890, la teoría dominante sobre la inmunidad era la del ruso Elie Metchnikoff: la defensa del organismo residía en las células, concretamente en los fagocitos capaces de engullir al invasor. Ese mismo año, Emil von Behring y Shibasaburo Kitasato, trabajando en el instituto berlinés de Robert Koch, demostraron algo que parecía contradecir esa idea. Inyectaron a animales sanos suero, sin ninguna célula, procedente de otros que habían sobrevivido a la difteria o al tétanos, y comprobaron que ese suero por sí solo transfería protección frente a la enfermedad. La resistencia, por tanto, no vivía en las células: viajaba disuelta en un líquido corporal, un humor, en el sentido clásico de la palabra.

Un año después, en 1891, Paul Ehrlich introdujo el término alemán Antikörper, anticuerpo, para nombrar a la sustancia responsable de ese efecto. Behring recibió por su hallazgo el primer Premio Nobel de Fisiología o Medicina de la historia, en 1901. Durante los años siguientes, la escuela humoral, de raíz alemana, y la escuela celular, de raíz franco-rusa en torno al Instituto Pasteur, mantuvieron un enfrentamiento que llegó a rozar lo personal, agravado por la tensión franco-alemana posterior a la guerra de 1871.

La reconciliación de 1908

La disputa se resolvió, no con la victoria de un bando, sino con el reconocimiento de que ambos tenían razón. En 1908 el Comité Nobel concedió el premio conjuntamente a Ehrlich y a Metchnikoff, formalizando que la inmunidad depende tanto de la fagocitosis celular como de los anticuerpos solubles. Esa doble naturaleza sigue siendo la vigente: la respuesta humoral y la celular no compiten, se complementan, y buena parte de la inmunidad adaptativa moderna consiste precisamente en describir cómo se coordinan entre sí.

El propio ritmo con que la respuesta humoral se despliega frente a un antígeno, más lenta y dominada por inmunoglobulina M en el primer encuentro, más rápida y dominada por inmunoglobulina G en los siguientes, ya está desarrollado en las entradas dedicadas a la respuesta inmunitaria primaria y a la respuesta inmunitaria secundaria, que no se repiten aquí.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se llama humoral si hoy sabemos que no hay cuatro humores corporales?

Porque el nombre nació por analogía, no por adhesión a la fisiología galénica. A finales del siglo XIX, cuando Behring y Kitasato mostraron que la protección viajaba en el suero, se echó mano de un vocabulario médico ya antiguo, el de los humores, para describir algo disuelto en un líquido corporal y no encerrado en una célula.

¿Fue Behring el único responsable del descubrimiento?

No del todo. Kitasato participó en los mismos experimentos y en la publicación original sobre la antitoxina tetánica, pero el Nobel de 1901 recayó solo en Behring, una decisión que varios historiadores de la medicina consideran injusta con su colaborador japonés.

¿Compite la respuesta humoral con la celular?

Durante casi veinte años se planteó justo al revés, pero no es así. Los linfocitos T colaboradores son necesarios para que los linfocitos B produzcan anticuerpos de alta afinidad, y los propios anticuerpos facilitan que las células citotóxicas destruyan a las células infectadas. Una respuesta depende de la otra en la práctica clínica diaria.

¿Qué mide en el laboratorio la fuerza de la respuesta humoral de una persona?

La cuantificación de inmunoglobulinas en sangre y la determinación de anticuerpos específicos frente a un patógeno o una vacuna concreta, con las mismas técnicas que ya recoge la entrada dedicada a la inmunidad humoral.

Referencias

  1. Vacunas.org, Asociación Española de Vacunología. La difteria, un camino hacia la sueroterapia y las anatoxinas.
  2. Revista Galenus. Emil von Behring (1854-1917).
  3. Reumatología Clínica. Cincuentenario del descubrimiento de la estructura química de los anticuerpos.
  4. Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Respuesta inmunitaria. MedlinePlus, enciclopedia médica en español.

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  • Inmunidad humoral. El desarrollo completo de la etimología, los linfocitos B y el papel diagnóstico de esta rama de la inmunidad adaptativa.
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  • Respuesta inmunitaria primaria. El ritmo y las características de la respuesta humoral en el primer contacto con un antígeno.
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