DICCIONARIO MÉDICO
Reflejo de la amenaza
El reflejo de amenaza es el cierre involuntario de los párpados que se produce cuando un objeto se aproxima con rapidez hacia la cara, y su particularidad frente a otros reflejos de defensa ocular es que exige la participación de la corteza visual. El estímulo llega por la retina, recorre el nervio óptico y el quiasma, y alcanza la corteza visual del lóbulo occipital, donde se interpreta como una amenaza. La orden de cerrar el párpado viaja después hasta el núcleo del nervio facial. La literatura de neurología clínica lo llama con frecuencia parpadeo reflejo a la amenaza visual, mientras que la oftalmología veterinaria, donde el signo se emplea de forma sistemática en la exploración de perros y gatos, prefiere hablar de respuesta a la amenaza y suele precisar que, en sentido estricto, no es un reflejo puro: al requerir integración cortical, se trata más bien de una respuesta aprendida que un arco reflejo elemental. El reflejo corneal también cierra el párpado, pero lo hace por una vía subcortical, trigémino-facial, que no necesita que la imagen llegue a formarse en la corteza occipital. El reflejo de amenaza, en cambio, solo se produce si la corteza visual procesa el objeto que se aproxima como una forma con sentido, lo que lo convierte en una herramienta distinta para explorar el sistema visual: uno prueba la integridad de un arco reflejo del tronco encefálico, y el otro, la de la vía visual completa hasta la corteza. La pérdida del parpadeo reflejo tanto ante la luz intensa como ante la amenaza visual, con conservación del reflejo fotomotor y del de acomodación-convergencia, figura entre los hallazgos clásicos descritos para el diagnóstico del síndrome de Anton, la forma de ceguera cortical en la que el paciente niega su propia pérdida de visión. La combinación resulta reveladora porque aísla el problema en las vías retrogeniculadas: la pupila responde con normalidad a la luz, señal de que el trayecto hasta el núcleo pretectal está intacto, mientras que la ausencia de parpadeo ante la amenaza delata el fallo en la corteza occipital. Es una discusión terminológica real, no una curiosidad menor. Los textos de neurología humana lo siguen llamando reflejo por su rapidez y su carácter involuntario, mientras que buena parte de la literatura de exploración neurológica animal prefiere el término respuesta, precisamente para dejar claro que el circuito no es puramente subcortical, como sí lo son el corneal o el fotomotor. Con el reflejo corneal y con el fotomotor, porque los tres cierran el párpado o modifican la pupila, pero cada uno recorre un tramo distinto de la vía visual y trigeminal. No de forma sostenida. Aunque una persona colaboradora podría intentar suprimir el parpadeo de forma voluntaria ante un estímulo evidente, la exploración cuidadosa evita corrientes de aire o contacto con las pestañas que pudieran generar una respuesta por otra vía, y compara el hallazgo con el resto de reflejos oculares para no basar ninguna conclusión en un solo signo.Qué es, y por qué el nombre es en parte impropio
Una vía distinta a la del reflejo corneal
Su papel en la exploración de la ceguera cortical
Preguntas frecuentes
¿Es correcto llamarlo reflejo, si necesita la corteza cerebral?
¿Con qué otro reflejo se compara habitualmente en la exploración ocular?
¿Se puede fingir su ausencia?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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