DICCIONARIO MÉDICO
Raquitismo
El raquitismo es un trastorno de la mineralización del hueso en crecimiento causado por un déficit de vitamina D, calcio o fósforo. Afecta sobre todo a lactantes y niños pequeños, en el periodo de mayor actividad de las placas de crecimiento óseo. El nombre procede del griego rhákhis, columna vertebral, al que el médico inglés Francis Glisson añadió en 1650 el sufijo médico -itis para acuñar el término latino rachitis. Glisson escribió el primer tratado sistemático sobre la enfermedad, aunque el nombre popular inglés rickets (de origen incierto, documentado antes en los condados de Dorset y Somerset) ya circulaba entre la población. Las dos palabras terminaron fundiéndose: el latín científico tomó prestada la t final de rickets, y de rachitis derivó después, con el sufijo -ismo que indica proceso patológico, el castellano raquitismo. Para mineralizar el hueso en formación, el organismo necesita depositar sales de calcio y fosfato sobre la matriz de colágeno que producen los osteoblastos. La vitamina D permite absorber el calcio en el intestino y, junto con la hormona paratiroidea, regula su concentración en sangre. Cuando falta alguno de estos tres elementos, el hueso sigue creciendo en longitud pero no logra endurecerse. Se acumula entonces tejido osteoide sin calcificar, sobre todo en la placa de crecimiento, la franja de cartílago situada en los extremos de los huesos largos donde se produce el alargamiento óseo. No todos los raquitismos comparten la misma causa. El más habitual en la práctica clínica histórica es el carencial, ligado a una síntesis o ingesta insuficiente de vitamina D. Existe además un grupo de formas hereditarias que no responden al aporte estándar de esta vitamina, reunidas bajo el nombre de raquitismo resistente a la vitamina D, y una tercera variedad secundaria a la enfermedad renal crónica, el raquitismo renal. Las primeras descripciones clínicas inequívocas se publicaron entre 1645 y 1668, obra de Whistler, Boote, Glisson y Mayow. Coincidieron con el éxodo de las comunidades rurales inglesas hacia las ciudades, un desplazamiento que redujo de forma notable la exposición solar de la infancia urbana. La incidencia se disparó siglos después, durante la revolución industrial, en el norte de Europa y América del Norte, hasta afectar a una cuarta parte de los niños británicos en algunas ciudades. El vínculo con el sol tardó en demostrarse. Lo hizo en 1822 el médico polaco Jędrzej Śniadecki, al comparar la salud ósea de los niños de Varsovia con la de sus vecinos de zonas rurales, con mucha mayor exposición a la luz. Casi un siglo más tarde, en 1919, Edward Mellanby confirmó de forma experimental el papel complementario de la dieta, y con la fortificación alimentaria y la profilaxis sistemática con vitamina D el raquitismo carencial prácticamente desapareció de los países industrializados durante buena parte del siglo XX. La osteomalacia es el equivalente del raquitismo en el hueso ya maduro. Comparte el mismo defecto de mineralización, pero en el adulto las placas de crecimiento están cerradas, de modo que el trastorno se limita a las superficies de recambio óseo y no provoca las deformidades esqueléticas propias de la infancia. Un mismo paciente puede presentar ambos procesos a la vez si el déficit se instaura durante la adolescencia, cuando parte del esqueleto ya ha cerrado sus placas de crecimiento y otra parte sigue activa. En España, el raquitismo carencial es un hallazgo raro en la población autóctona. No es, sin embargo, un problema erradicado. Los casos que se diagnostican se concentran en lactantes y niños inmigrantes de piel oscura, procedentes sobre todo de África subsahariana y Marruecos, alimentados con lactancia materna exclusiva y prolongada sin suplementación de vitamina D. El pico de edad se sitúa entre los 6 y los 24 meses, el periodo de crecimiento óseo más intenso, aunque existe un segundo repunte en la adolescencia asociado al estirón puberal. Del griego rhákhis, columna vertebral. Francis Glisson acuñó en 1650 el término latino rachitis, cruzado con rickets, el nombre popular inglés de la enfermedad. El sufijo -ismo, que indica proceso patológico, se añadió más tarde al adaptarse la palabra al castellano. No. Comparten el mecanismo de mineralización deficiente, pero el raquitismo afecta al hueso en crecimiento del niño, con daño añadido en la placa epifisaria, mientras que la osteomalacia se limita al hueso ya maduro del adulto. Sí, aunque es menos frecuente que en la primera infancia. El estirón puberal exige un aporte elevado de calcio y fósforo, y cualquier déficit se manifiesta entonces con una clínica más discreta que la del lactante. Varios, y no todos tienen origen nutricional. Junto al raquitismo carencial por déficit de vitamina D, calcio o fósforo en la dieta, existen formas hereditarias que no responden a la vitamina D estándar y una variedad secundaria al fallo renal crónico. El raquitismo hipofosfatémico ligado al cromosoma X, la forma genética mejor caracterizada, se estima que afecta a 1 de cada 20.000 nacidos vivos.Qué es el raquitismo
Contexto histórico
Diferenciación con la osteomalacia
Epidemiología
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra raquitismo?
¿Es lo mismo el raquitismo que la osteomalacia?
¿Puede aparecer el raquitismo en la adolescencia?
¿Existen varios tipos de raquitismo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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