DICCIONARIO MÉDICO
Profilaxis antibiótica
La profilaxis antibiótica es la administración de un antibiótico con el fin de evitar una infección antes de que llegue a producirse, no de tratarla una vez instaurada. Su aplicación más extendida es la quirúrgica, donde busca reducir el riesgo de infección del sitio operatorio. Se trata de una modalidad concreta de profilaxis, es decir, de una medida aplicada antes de que exista infección, y no un tratamiento antimicrobiano en sentido estricto. La diferencia no es solo temporal: mientras el tratamiento se dirige contra un microorganismo ya identificado o sospechado con signos clínicos presentes, la profilaxis se administra a una persona sin infección, en previsión de una contaminación bacteriana que todavía no ha ocurrido. El fundamento científico de la profilaxis antibiótica moderna se estableció en 1961, cuando el cirujano John Burke demostró en incisiones experimentales que la eficacia de un antibiótico dependía sobre todo del momento de su administración, no de la dosis. Cuando el fármaco ya se encontraba en concentración tisular suficiente en el momento de la contaminación bacteriana, la infección se reducía de forma notable; administrado después de ese margen, su efecto prácticamente desaparecía. Burke acotó ese margen, al que llamó "periodo efectivo" o "periodo crítico", en unas tres o cuatro horas desde la incisión. Ese hallazgo cambió por completo la lógica de la profilaxis quirúrgica: de una práctica basada en administrar antibióticos durante varios días tras la operación, se pasó a otra centrada en tener el fármaco presente en el tejido antes de que se produjera la contaminación, habitualmente en el momento de la incisión. La indicación de profilaxis antibiótica en cirugía depende, en gran medida, del grado de contaminación bacteriana esperable según el tipo de intervención. La clasificación de referencia, adoptada internacionalmente a partir de los criterios del comité para el control de infecciones quirúrgicas del American College of Surgeons, distingue cuatro categorías. La cirugía limpia no penetra en los tractos respiratorio, digestivo, genital ni urinario y no presenta signos de inflamación. La cirugía limpia-contaminada sí accede a alguno de esos tractos, pero de forma controlada y sin derrame significativo de su contenido. La cirugía contaminada implica una rotura importante de la técnica aséptica o un derrame considerable desde una víscera hueca. La cirugía sucia, por último, se realiza sobre tejido ya infectado o con pus presente antes de empezar la operación. A medida que se avanza en esa escala, aumenta el riesgo de infección del sitio quirúrgico y, con él, la justificación clínica de administrar profilaxis. En la cirugía sucia, de hecho, ya no se habla propiamente de profilaxis, porque la infección puede estar presente desde el principio: ahí el antibiótico cumple una función terapéutica, no preventiva. Fuera del ámbito quirúrgico, la profilaxis antibiótica se emplea también en pacientes con riesgo elevado de una infección concreta: personas inmunodeprimidas frente a determinados patógenos oportunistas, o pacientes con antecedentes de ciertas infecciones recurrentes en quienes se busca evitar una nueva reactivación. En estos contextos suele hablarse, según el momento de aplicación, de profilaxis primaria o secundaria, la misma distinción aplicable a cualquier otra forma de profilaxis. El tratamiento antibiótico se dirige contra una infección ya establecida, con un microorganismo causante identificado o razonablemente sospechado por la clínica. La profilaxis, en cambio, no presupone infección alguna en el momento de administrarse: su objetivo es que esta no llegue a producirse. Esta distinción conceptual tiene implicaciones prácticas relevantes para la duración de la pauta y para el propio antibiótico elegido, cuestiones que corresponden al ámbito clínico y no a esta entrada. Desde 1961, cuando John Burke publicó sus experimentos sobre el llamado periodo crítico. Antes de ese trabajo, la práctica habitual prolongaba la administración de antibióticos varios días después de la cirugía, sin que existiera evidencia sólida que lo respaldara. No. La indicación depende del tipo de cirugía según su riesgo de contaminación y de otros factores del paciente y de la intervención, que corresponde valorar al equipo quirúrgico en cada caso. No. Aunque ambos puedan implicar pocas dosis, la profilaxis se administra sin que exista infección, con la intención de que nunca llegue a aparecer; el tratamiento, por breve que sea, responde a una infección ya presente o firmemente sospechada.Qué es la profilaxis antibiótica
El concepto del "periodo crítico"
Clasificación de la cirugía según el riesgo de contaminación
Otras formas de profilaxis antibiótica
Diferenciación con el tratamiento antibiótico
Preguntas frecuentes
¿Desde cuándo se sabe que el momento de administración importa más que la dosis?
¿Toda cirugía requiere profilaxis antibiótica?
¿Es lo mismo profilaxis antibiótica que tratamiento antibiótico corto?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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