DICCIONARIO MÉDICO
Praxia
Praxia es la capacidad de planificar y ejecutar, con un propósito, un movimiento que se ha aprendido antes. No hace falta que el músculo falle ni que la sensibilidad esté alterada para que este proceso se rompa: basta con que se pierda el plan interno del gesto, aunque el cuerpo conserve intacta toda su capacidad física. Esa observación, a comienzos del siglo XX, permitió situar la función en una región muy concreta del cerebro. El término procede del griego πρᾶξις (práxis), acción o ejecución, derivado del verbo πράττω (práttō), hacer. En neuropsicología designa algo más preciso que moverse: es la capacidad de organizar, secuenciar y ejecutar un gesto aprendido con una finalidad, ya sea imitar una orden verbal, manipular un objeto o reproducir un dibujo. La praxia se distingue de la simple fuerza muscular o de la coordinación porque interviene antes que ellas, en el momento en que el cerebro decide qué hacer y en qué orden. Una persona puede tener los músculos intactos, la sensibilidad conservada y entender perfectamente lo que se le pide, y aun así fallar en la ejecución del gesto correcto. Ese fallo, cuando aparece en alguien que antes lo hacía bien, es lo que la neurología llama apraxia. Curiosamente, la palabra que nombra la ausencia de esta función es anterior a la que nombra la función misma. En 1871 el filólogo alemán Heymann Steinthal acuñó el término "Apraxie" con un uso todavía lingüístico, alejado de la clínica. Tres décadas después, el neurólogo berlinés Hugo Liepmann le dio el sentido que hoy conocemos: a partir de un paciente con parálisis en el lado derecho que era incapaz de ejecutar bien los gestos incluso con la mano sana, propuso que la planificación motora reside sobre todo en el hemisferio izquierdo, y que desde ahí se transmite al hemisferio derecho a través del cuerpo calloso. Ese modelo, con matices, sigue vigente. La corteza parietal y la corteza premotora del hemisferio izquierdo concentran buena parte de las representaciones internas de los gestos aprendidos, y lo hacen en la mayoría de las personas con independencia de si son diestras o zurdas. La lateralidad manual y la lateralidad de la praxia no siempre coinciden: hay zurdos con la planificación motora asentada en el hemisferio izquierdo, igual que existen, aunque son minoría, diestros en los que es el hemisferio derecho el que asume ese papel. La neuropsicología distingue varios tipos según la naturaleza del gesto. La praxia ideomotora permite ejecutar un movimiento simple y aislado a partir de una orden verbal o de la imitación, como despedirse con la mano. Ordenar una secuencia de gestos con objetos reales, en el orden correcto, corresponde en cambio a la praxia ideatoria: preparar un sobre, meter una carta y cerrarlo es el ejemplo clásico. Ensamblar elementos en el espacio (copiar un dibujo, encajar las piezas de un rompecabezas) depende de la praxia constructiva. Sacar la lengua o silbar a la orden es tarea de la praxia orofacial, centrada en los músculos de la cara. La marcha, por último, también es un programa motor aprendido y no un simple reflejo de equilibrio: caminar sobre una línea o sortear un obstáculo exige una planificación tan real como la de cualquier gesto de la mano. Reconocer un objeto y saber emplearlo son procesos distintos. Quien sufre una agnosia visual puede no identificar unas tijeras con solo mirarlas, y sin embargo cortar con ellas sin dificultad en cuanto las tiene en la mano: la gnosia falla, la praxia se conserva. El caso contrario también existe: alguien reconoce perfectamente las tijeras, sabe para qué sirven, pero no logra ejecutar el gesto de cortar. Gnosia y praxia se exploran juntas en la valoración neuropsicológica precisamente por esta posible disociación. La coordinación motora, con todo, tampoco es lo mismo. Depende del cerebelo y de los circuitos que ajustan sobre la marcha la fuerza, la velocidad y el equilibrio de un movimiento que ya ha sido decidido. La praxia actúa antes: decide qué gesto hacer y en qué orden, no lo fino o preciso que saldrá ese gesto una vez puesto en marcha. Del griego πρᾶξις (práxis), acción o ejecución, derivado del verbo πράττω (práttō), hacer. Curiosamente, la palabra que nombra su ausencia es anterior: el filólogo alemán Heymann Steinthal acuñó "apraxia" en 1871, décadas antes de que la neurología definiera con precisión la función que designa cuando falta. No exactamente. En la mayoría de las personas, sean diestras o zurdas, la planificación de los gestos aprendidos recae sobre todo en el hemisferio izquierdo. Existen excepciones documentadas, sobre todo entre zurdos, en las que es el hemisferio derecho el que asume ese papel. Se confunden a menudo, pero son funciones distintas: la coordinación ajusta la fuerza y el equilibrio de un movimiento ya decidido; la praxia decide, antes, qué movimiento hacer. Es la pérdida de la praxia en una persona que antes la tenía, casi siempre por una lesión cerebral focal: un ictus, un traumatismo o una enfermedad neurodegenerativa. No hay parálisis ni pérdida de sensibilidad que lo explique; el gesto simplemente deja de organizarse bien, aunque la persona entienda lo que se le pide y quiera hacerlo. Es uno de los signos que se exploran de forma sistemática tras un daño cerebral, junto con el lenguaje y el reconocimiento sensorial. Para situar la praxia dentro de las funciones cognitivas con las que trabaja, puede consultar:Qué es la praxia
El hemisferio que planifica el gesto
Tipos de praxia
Praxia, gnosia y coordinación: funciones que no deben confundirse
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra praxia?
¿Depende la praxia de ser diestro o zurdo?
¿Es lo mismo la praxia que la coordinación motora?
¿Qué es la apraxia?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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