DICCIONARIO MÉDICO

Potencial evocado auditivo

El potencial evocado auditivo es el registro de la actividad eléctrica que un sonido genera a lo largo de la vía nerviosa auditiva, desde el nervio coclear hasta el tronco del encéfalo. Es una técnica objetiva: no requiere que la persona explorada colabore activamente ni indique lo que oye, por lo que resulta especialmente útil en recién nacidos y en pacientes que no pueden responder a una audiometría convencional.

Qué es el potencial evocado auditivo

El nombre combina "potencial", del latín potentialis, con "auditivo", derivado de audire, "oír". Un sonido breve, casi siempre un chasquido de espectro amplio conocido como click, se envía por un auricular; los electrodos colocados en el cuero cabelludo, cerca de las mastoides y en el vértex, recogen la sucesión de respuestas eléctricas que ese sonido provoca a su paso por la vía auditiva.

Como cada respuesta individual es diminuta, comparable en magnitud al ruido eléctrico de fondo del propio cerebro, hace falta promediar cientos de estímulos para que la señal se distinga con claridad. El resultado es un trazado con una serie de ondas características, numeradas con cifras romanas, que aparecen dentro de los primeros diez milisegundos tras el estímulo.

Las cinco ondas y su origen

Cada onda del trazado corresponde, de forma aproximada, a un relevo concreto de la vía: la onda I nace en el propio nervio auditivo, cerca de la cóclea; la II, un poco más adelante en el mismo nervio; la III, en los núcleos cocleares del tronco del encéfalo; la IV, en el complejo olivar superior; y la V, la más constante y de mayor amplitud de todas, en el colículo inferior del mesencéfalo. Esta correspondencia anatómica es lo que permite, ante una alteración del trazado, sospechar en qué punto concreto de la vía se sitúa el problema.

La onda V es la que casi siempre se usa como referencia clínica. Es la última en desaparecer al reducir la intensidad del estímulo, así que su presencia o ausencia a distintos niveles de sonido permite estimar el umbral auditivo con bastante precisión, incluso sin que el paciente colabore. El intervalo entre la onda I y la onda V, llamado tiempo de conducción central, informa además sobre la integridad de la vía dentro del tronco del encéfalo.

Un poco de historia

La posibilidad de registrar actividad eléctrica cerebral tras un estímulo sonoro se remonta a 1929, cuando Hans Berger describió por primera vez cambios en el electroencefalograma tras una estimulación acústica intensa. El verdadero salto llegó en la década de 1970, cuando James Jewett y sus colaboradores colocaron electrodos en la mastoides y en el vértex y consiguieron aislar, mediante promediación informática, esa secuencia de ondas de latencia corta que hoy se conoce como potenciales evocados auditivos de tronco cerebral. Para entonces, el desarrollo de los ordenadores hacía por fin viable promediar de forma rápida los cientos de repeticiones que la técnica exige.

Uso clínico

Su aplicación más extendida es la detección precoz de hipoacusia en recién nacidos, dentro de los programas de cribado auditivo universal que hoy se realizan de forma sistemática en las maternidades. También sirve para diferenciar una pérdida auditiva de origen coclear de una de origen retrococlear, es decir, situada en el propio nervio auditivo o en el tronco del encéfalo, una distinción que no siempre resulta evidente con una audiometría tonal convencional.

Explora sobre todo las frecuencias agudas, entre 2000 y 4000 hercios, así que un resultado normal no descarta una pérdida auditiva limitada a las frecuencias graves. Tampoco sustituye a una audiometría conductual completa una vez que el niño tiene edad suficiente para colaborar en ella.

Diferenciación con pruebas afines

No debe confundirse con las otoemisiones acústicas, que exploran únicamente la función coclear y no requieren electrodos en el cuero cabelludo, ni con el potencial evocado visual o el potencial evocado somatosensorial, que exploran vías sensoriales completamente distintas y comparten con este solo el principio técnico de promediar respuestas a estímulos repetidos.

Preguntas frecuentes

¿Desde cuándo se usa en recién nacidos?

Los programas de cribado auditivo neonatal universal se generalizaron en España a partir de los años dos mil, aunque la técnica en sí existe desde los años setenta. Antes de su implantación sistemática, muchas hipoacusias congénitas no se detectaban hasta que el niño mostraba un retraso evidente en el lenguaje.

¿Hace falta que el paciente esté despierto?

No. De hecho, en los recién nacidos suele registrarse durante el sueño natural, y en niños pequeños o pacientes poco colaboradores se realiza a veces bajo sedación ligera, porque el sueño no altera de forma relevante el trazado de las ondas de tronco cerebral.

¿Qué significa que se altere la onda V?

Depende de cómo se altere. Un retraso en su latencia sugiere un problema de conducción a lo largo de la vía; una amplitud reducida o su ausencia completa, especialmente a intensidades altas, puede indicar una pérdida auditiva más profunda o una alteración retrococlear.

¿Sirve para diagnosticar todas las hipoacusias?

No todas. Al limitarse a las frecuencias agudas, un registro normal no excluye una hipoacusia circunscrita a los tonos graves. Por eso complementa, pero no sustituye, a la audiometría conductual en cuanto el paciente tiene edad para realizarla con fiabilidad.

Referencias

  1. Anales de Pediatría Continuada. Potenciales evocados auditivos.
  2. Revista Gaceta Audio. Potenciales evocados auditivos: una prueba objetiva del sentido de la audición.
  3. Acta Otorrinolaringológica Española. Cribado auditivo neonatal con potenciales evocados auditivos.
  4. Clínica Barona. Potenciales evocados auditivos: ondas y latencias.

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