DICCIONARIO MÉDICO
Porfiria eritropoyética
Las porfirias eritropoyéticas son el grupo de porfirias en el que el exceso de precursores del hemo se origina en la médula ósea, concretamente en los precursores de los glóbulos rojos, y no en el hígado. A este grupo pertenecen dos enfermedades bien diferenciadas: la porfiria eritropoyética congénita y la protoporfiria eritropoyética. El adjetivo «eritropoyético» remite a la eritropoyesis, el proceso de formación de los glóbulos rojos en la médula ósea. Aquí reside la diferencia con las porfirias hepáticas: mientras que en estas el exceso de porfirinas o de sus precursores se fabrica sobre todo en el hígado, en las eritropoyéticas el fallo enzimático se expresa en los precursores eritroides, y desde allí las porfirinas pasan a la sangre, la piel y otros tejidos. Dentro de este grupo conviven dos enfermedades de mecanismo y gravedad muy distintos. La primera, de una rareza que se cuenta por familias descritas más que por casos, es la porfiria eritropoyética congénita, también llamada enfermedad de Günther, causada por el déficit de la enzima uroporfirinógeno III sintasa. La segunda, la protoporfiria eritropoyética, es algo menos rara y se debe a un déficit de ferroquelatasa, la última enzima de toda la ruta del hemo. En la porfiria eritropoyética congénita, el bloqueo enzimático provoca la acumulación de isómeros I de uroporfirina y coproporfirina, moléculas que se depositan en huesos, dientes y piel y que se eliminan en exceso por orina y heces. La afectación cutánea suele ser grave desde la infancia, con ampollas que pueden infectarse y dejar cicatrices deformantes. Un guion bastante distinto sigue la protoporfiria eritropoyética. Al faltar la ferroquelatasa, se acumula protoporfirina, un precursor no soluble en agua que no aparece en la orina pero sí en heces, plasma e hígado. Clínicamente da la cara con escozor y quemazón tras exponerse al sol, muchas veces sin ampollas visibles, lo que dificulta reconocerla a simple vista. En torno al 10 % de los casos con este mismo cuadro obedece, en realidad, a un mecanismo distinto: una hiperactividad de la enzima ALAS2 ligada al cromosoma X, variante que se conoce como protoporfiria ligada al cromosoma X. La porfiria eritropoyética congénita se cuenta entre las enfermedades más raras de toda la medicina, con apenas un puñado de familias descritas en el mundo. La protoporfiria eritropoyética es algo más habitual, con una prevalencia estimada, según las poblaciones estudiadas, de entre 1 caso por cada 75.000 y 1 por cada 200.000 habitantes. Afecta por igual a ambos sexos y suele debutar en la primera infancia, en cuanto el niño empieza a exponerse al sol. Hay una tercera entidad que conviene no confundir con ninguna de las dos anteriores: la porfiria hepatoeritropoyética. Pese al nombre, no pertenece a este grupo. Se produce por un déficit homocigoto o doblemente heterocigoto de la misma enzima que falla en la porfiria cutánea tarda, la uroporfirinógeno descarboxilasa, y se clasifica entre las porfirias hepáticas. Lo llamativo es que, al heredarse el defecto de ambos progenitores, el cuadro clínico resultante es tan grave que recuerda al de la porfiria eritropoyética congénita, aunque el origen bioquímico sea otro. Se refiere a la eritropoyesis, la formación de glóbulos rojos en la médula ósea, que es el lugar donde se origina el exceso de porfirinas en este grupo de enfermedades. Sí. Son dos nombres para el mismo trastorno: el segundo es un epónimo, tomado del pediatra alemán Hans Günther, que describió el caso índice en 1911. Porque la protoporfirina, a diferencia de otros precursores del hemo, no es soluble en agua y por tanto apenas se elimina por vía renal. Se acumula sobre todo en heces, plasma e hígado. Sí, aunque con patrones distintos. La forma congénita se transmite de manera autosómica recesiva. La protoporfiria eritropoyética exige, en la mayoría de los pacientes, la combinación de una mutación y un alelo de baja expresión del mismo gen, lo que explica que la enfermedad no siempre aparezca en todos los portadores de un solo alelo alterado. No. Pese a la similitud del nombre y a que produce en el niño lesiones cutáneas de una gravedad parecida a las de la porfiria eritropoyética congénita, se debe a una enzima distinta y se clasifica entre las porfirias hepáticas.Qué es la porfiria eritropoyética
Mecanismo diferencial
Clasificación y frecuencia
Preguntas frecuentes
¿Qué significa exactamente «eritropoyética»?
¿La porfiria eritropoyética congénita y la enfermedad de Günther son la misma enfermedad?
¿Por qué la protoporfiria eritropoyética no oscurece la orina?
¿Todas las porfirias eritropoyéticas son hereditarias?
¿Es lo mismo que la porfiria hepatoeritropoyética?
Referencias
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