DICCIONARIO MÉDICO
Enfermedad de Günther
La enfermedad de Günther, conocida en nomenclatura médica como porfiria eritropoyética congénita, es un trastorno hereditario del metabolismo del grupo hemo transmitido con patrón autosómico recesivo. Se debe a la deficiencia de la enzima uroporfirinógeno III sintasa y provoca una fotosensibilidad cutánea grave desde los primeros meses de vida. Se han registrado aproximadamente 200 casos en todo el mundo, con una prevalencia estimada cercana a 1 por cada millón de habitantes. La enfermedad de Günther pertenece al grupo de las porfirias, un conjunto de enfermedades metabólicas provocadas por defectos enzimáticos en la vía de biosíntesis del hemo. Dentro de ese grupo, se clasifica como porfiria eritropoyética (el defecto se expresa principalmente en los precursores eritroides de la médula ósea) y como porfiria cutánea no aguda, porque sus manifestaciones recaen sobre la piel y no cursa con las crisis neuroviscerales propias de las porfirias agudas. Hans Günther, médico alemán, publicó en 1911 la primera descripción clínica completa de este cuadro, al que denominó haematoporphyria congenita. El nombre de porfiria eritropoyética congénita se consolidó décadas después, cuando se identificó con precisión el defecto enzimático responsable. El propio término «porfiria» procede del griego πορφύρα (porphýra, «púrpura»), en referencia al color de las porfirinas acumuladas, un dato que tiene correlato visual directo: la orina de los recién nacidos afectados tiñe el pañal de un rojo oscuro muy llamativo, primer signo clínico en la mayoría de los casos. La enzima deficiente es la uroporfirinógeno III sintasa (UROS), codificada por el gen UROS localizado en el cromosoma 10q25.3-q26.3. En condiciones normales, esta enzima cataliza la conversión del hidroximetilbilano en uroporfirinógeno III, un intermediario clave de la ruta biosintética del hemo. Cuando la actividad de UROS cae de forma marcada, el hidroximetilbilano se cicliza espontáneamente hacia el isómero I, que carece de utilidad metabólica. El resultado es una acumulación masiva de uroporfirina I y coproporfirina I en la médula ósea, los eritrocitos, el plasma y la orina. Estas porfirinas son moléculas fotoactivas: absorben luz ultravioleta y visible, generan especies reactivas de oxígeno y provocan un daño oxidativo directo sobre los tejidos expuestos a la luz solar. De ahí la fotosensibilidad extrema que define a la enfermedad. Las lesiones aparecen desde los primeros meses de vida en las zonas expuestas al sol: cara, dorso de las manos, pies. La luz provoca ampollas que se rompen con facilidad, se sobreinfectan y dejan cicatrices atróficas progresivas. En las formas graves, la destrucción tisular acumulada puede causar mutilación de los pabellones auriculares, la nariz y los dedos a lo largo de los años, con pérdida de sustancia ósea subyacente. Hay dos signos que, cuando aparecen juntos, orientan con firmeza hacia esta enfermedad. Uno es la eritrodoncia: los dientes adquieren una coloración pardo-rojiza porque las porfirinas se depositan en la dentina durante su formación, y emiten fluorescencia roja bajo luz ultravioleta de Wood. El otro es la orina de color rojo oscuro o vinoso desde el nacimiento, que mancha los pañales de un tono inconfundible. Ambos hallazgos preceden en muchos pacientes a las lesiones cutáneas francas. Además de la fotosensibilidad, una proporción variable de pacientes desarrolla anemia hemolítica de intensidad diversa, consecuencia del daño que las porfirinas acumuladas ejercen sobre la membrana del eritrocito. En los casos más graves, la anemia puede requerir transfusiones periódicas y se acompaña de esplenomegalia e hiperesplenismo secundario. Se han descrito también hipertricosis en zonas fotoexpuestas, hiperpigmentación, calcinosis cutánea y, con menor frecuencia, queratoconjuntivitis y ectropión cicatricial. La gravedad del cuadro varía considerablemente de un paciente a otro, y depende en buena medida del grado de actividad residual de la enzima UROS. No todos los pacientes llegan a presentar mutilaciones graves. Del médico alemán Hans Günther, quien en 1911 publicó la descripción clínica más completa de la porfiria eritropoyética congénita bajo el nombre de haematoporphyria congenita. El epónimo se mantuvo en la literatura médica europea durante todo el siglo XX y sigue empleándose hoy como sinónimo habitual. No. La enfermedad de Günther es la porfiria más infrecuente de todas, con apenas 200 casos documentados en la literatura mundial. Las porfirias cutáneas más comunes (como la porfiria cutánea tarda) tienen una prevalencia muy superior y un mecanismo diferente: en la porfiria cutánea tarda el defecto recae sobre la uroporfirinógeno descarboxilasa y la herencia no es autosómica recesiva. Porque las porfirinas de tipo I, que se acumulan en grandes cantidades por la deficiencia de UROS, se excretan por vía renal. Estas moléculas tienen un color rojizo natural que tiñe la orina de un tono oscuro, visible ya en los primeros pañales del recién nacido. Es la coloración pardo-rojiza de los dientes causada por el depósito de porfirinas en la dentina durante la odontogénesis. Resulta prácticamente patognomónica de la porfiria eritropoyética congénita. Bajo la lámpara de Wood, los dientes afectados muestran una fluorescencia roja intensa. Si desea profundizar en conceptos asociados a la enfermedad de Günther, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la enfermedad de Günther
Defecto enzimático y acumulación de porfirinas
Fotosensibilidad y manifestaciones cutáneas
Anemia hemolítica y afectación sistémica
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre «enfermedad de Günther»?
¿Es lo mismo que otras porfirias más frecuentes?
¿Por qué la orina es roja desde el nacimiento?
¿Qué es la eritrodoncia?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026