DICCIONARIO MÉDICO
Plata
Plata es un elemento químico metálico, símbolo Ag y número atómico 47, conocido sobre todo por su valor ornamental y económico. Tiene, además, una larga historia como antiséptico: sus iones destruyen microorganismos a concentraciones muy bajas, una propiedad que se ha aprovechado desde la Antigüedad hasta las curas modernas de quemaduras, mucho antes de que existieran los antibióticos. Se sitúa en el grupo 11 de la tabla periódica, junto al cobre y al oro, los llamados metales de acuñación. De los tres, es el que mejor conduce la electricidad y el calor: ninguna sustancia conocida supera a la plata pura en ambas propiedades. Es también blanda, dúctil y muy maleable, lo que explica su empleo temprano en joyería, monedas y utensilios. Curiosamente, la palabra española no comparte raíz con el símbolo químico. Ag procede del latín argentum, la misma fuente de la que deriva argiria, el nombre de la intoxicación crónica por este metal. "Plata", en cambio, viene de platta, una forma de latín vulgar propia de la península ibérica que significaba lámina de metal, a su vez tomada del griego platýs, ancho o plano. Por eso el portugués dice prata y el catalán plata, mientras que el francés conservó argent y el símbolo químico se quedó fiel a esa raíz latina más antigua. El científico suizo Karl Wilhelm von Nägeli describió en 1893 lo que llamó efecto oligodinámico: la capacidad de ciertos metales pesados, la plata entre ellos, para matar microorganismos en cantidades ínfimas. El mecanismo se conoce hoy con bastante detalle. Los iones Ag+ se unen a los grupos tiol y amino de las proteínas bacterianas, lo que altera la membrana celular, bloquea la cadena respiratoria e interfiere con la replicación del ADN. Actúa sobre varios blancos a la vez. Esa multiplicidad es, precisamente, lo que dificulta que las bacterias desarrollen resistencia frente a ella, a diferencia de lo que ocurre con muchos antibióticos convencionales. El papiro de Ebers, un texto egipcio de hacia 1500 a. C., ya menciona la plata con fines curativos, y persas, griegos y romanos guardaban agua y vino en recipientes de este metal para conservarlos mejor. La medicina moderna retomó esa propiedad de forma sistemática a partir del siglo XIX. Camillo Golgi puso a punto en 1873 una técnica de impregnación con sales de plata que permitió, por primera vez, observar neuronas completas al microscopio; Santiago Ramón y Cajal la perfeccionó poco después, en lo que el diccionario recoge con más detalle en la entrada impregnación. En 1884, el obstetra alemán Carl Credé introdujo la instilación de nitrato de plata en los ojos del recién nacido para prevenir la conjuntivitis gonocócica, una práctica descrita en la entrada maniobra de Credé. A comienzos del siglo XX se comercializaron coloides argénticos como el protargol o el colargol, que la llegada de los antibióticos dejó en desuso. El giro decisivo llegó en 1968, cuando el cirujano Charles Fox introdujo la crema de sulfadiazina de plata al uno por ciento, que sigue siendo hoy un tratamiento de referencia contra la infección de las quemaduras. El diccionario dedica una entrada propia a ese fármaco, sulfadiazina. En su forma metálica, la plata recubre catéteres, suturas y apósitos para heridas, sobre todo como nanopartículas que liberan iones de manera sostenida. En forma iónica o disuelta se emplea en el nitrato de plata, un astringente y hemostático de uso tópico, y en la propia sulfadiazina argéntica. Los haluros, como el yoduro de plata, tienen aplicaciones ajenas a la clínica: la fotografía analógica y la siembra de nubes. Conviene distinguir esos usos regulados de la plata coloidal que se vende como suplemento dietético. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos declaró en 1999 que ningún producto de plata coloidal de venta libre está reconocido como seguro ni eficaz para tratar enfermedad alguna. El riesgo mejor documentado de su consumo prolongado es la argiria, una pigmentación grisácea y permanente de la piel que el diccionario desarrolla en su propia entrada. El parecido del nombre lleva a veces a confundir la plata con el platino, un metal distinto, de número atómico 78 y mucho más denso, que pertenece a otro grupo de la tabla periódica y del que deriva el citostático cisplatino. Comparten el brillo blanco y el uso en joyería, nada más. Porque el español heredó dos palabras distintas para el mismo metal. "Plata" viene del latín vulgar platta, lámina, mientras que el símbolo Ag conserva la raíz culta argentum, la misma que dio nombre a la argiria. El francés y el italiano, en cambio, mantuvieron esa segunda raíz también en el habla corriente: argent, argento. No exactamente. La plata de ley que se usa en joyería suele llevar una aleación con cobre para ganar dureza. Los productos médicos utilizan plata pura o compuestos definidos, como el nitrato o la sulfadiazina, con una concentración y una pureza controladas que no tienen equivalente en una pieza de bisutería. No hay evidencia sólida de que lo sea ni de que funcione. Ninguna autoridad sanitaria la reconoce como tratamiento eficaz para ninguna enfermedad, y su consumo continuado se ha relacionado con argiria y con otros efectos sobre el hígado y el riñón. Quien tenga dudas sobre un producto concreto puede consultarlo con su médico antes de tomarlo. Desde hace muchísimo tiempo. El papiro de Ebers ya la menciona hacia 1500 a. C. Casi 3.500 años después, en 1968, Charles Fox introdujo la sulfadiazina argéntica, y ese salto entre un remedio empírico y un fármaco de mecanismo conocido resume bastante bien la historia médica de este elemento.Qué es la plata
El efecto antimicrobiano
Uso médico a través de la historia
Formas de uso actual
Plata, no platino
Preguntas frecuentes
¿Por qué la plata no comparte raíz con su símbolo químico?
¿Es lo mismo la plata de joyería que la que se usa en medicina?
¿Es segura la plata coloidal que se vende como suplemento?
¿Desde cuándo se usa la plata en medicina?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026