DICCIONARIO MÉDICO
Pie de Charcot
El pie de Charcot es una artropatía neuropática que destruye de forma progresiva los huesos y las articulaciones del pie y el tobillo, sin que exista infección de por medio. Aparece en personas con una pérdida grave de sensibilidad, casi siempre por neuropatía diabética, que ya no perciben el daño acumulado de la carga diaria sobre el pie. El resultado, con los años, es un pie deformado y a menudo indoloro pese a la magnitud de las lesiones óseas. También llamado artropatía de Charcot, neuroartropatía de Charcot u osteoartropatía neuropática, el pie de Charcot es la forma que adopta en el pie y el tobillo un proceso más general: la destrucción articular que sigue a la pérdida de sensibilidad protectora en una extremidad. El neurólogo francés Jean-Martin Charcot describió el cuadro en 1868 en pacientes con tabes dorsal, la afectación neurológica de la sífilis terciaria; el diccionario recoge esa historia con más detalle en la entrada dedicada a la fractura tabética. Lo que ha cambiado desde entonces es la causa dominante: hoy la práctica totalidad de los casos se asocian a la neuropatía diabética, y la localización en el pie y el tobillo es, con diferencia, la más frecuente de todas las que puede adoptar la neuroartropatía en su sentido más amplio. Dos teorías, hoy consideradas complementarias más que rivales, explican cómo una articulación insensible acaba destruida. La neurotraumática sostiene que la pérdida de dolor y propiocepción permite microtraumatismos repetidos que pasan inadvertidos: quien no siente dolor sigue cargando peso sobre un pie ya lesionado, y cada paso añade daño al anterior. La neurovascular, en cambio, pone el acento en la neuropatía autonómica, que hace perder el tono simpático de los vasos del pie; el resultado es un aumento sostenido del flujo sanguíneo óseo que, paradójicamente, favorece la resorción y la desmineralización del hueso en lugar de nutrirlo. En la práctica, ambos mecanismos suelen coexistir: un hueso ya debilitado por el exceso de flujo vascular resiste peor los microtraumatismos que la falta de sensibilidad deja pasar sin freno. El pie de Charcot se clasifica desde dos ángulos distintos, y conviene no confundirlos. Uno es anatómico y describe dónde se localiza la destrucción: el sistema de Sanders y Frykberg, el más utilizado, distingue cinco patrones según la zona afectada, desde las articulaciones de los dedos hasta el calcáneo, pasando por la región de Lisfranc en el mediopié, la más comprometida en la mayoría de las series. El otro es evolutivo y describe en qué fase de su historia natural se encuentra el proceso: la clasificación de Eichenholtz, formulada en 1966, distingue una fase de desarrollo con fragmentación ósea activa, una de coalescencia en la que el organismo empieza a estabilizar el daño, y una de reconstrucción en la que el hueso se remodela hasta consolidar, con frecuencia, una arquitectura del pie distinta de la original. Es una entidad poco frecuente incluso entre la población diabética: la incidencia anual se sitúa entre el 0,15 % y el 2,5 % de las personas con diabetes, aunque en las consultas especializadas en pie diabético la cifra puede llegar al 13 % de los pacientes atendidos, un reflejo más del sesgo de selección de esas consultas que de la frecuencia real en la población general. La afectación de ambos pies a la vez es rara, por debajo del 10 % de los casos. El dato interesante, y contraintuitivo, es que cuanto mejor controlada está la diabetes de un paciente durante décadas, mayor es paradójicamente su riesgo de desarrollar un pie de Charcot, porque sobrevive más tiempo a la enfermedad y le da margen a la neuropatía para instaurarse. El pie de Charcot no equivale al pie diabético, término más amplio que engloba también las úlceras y la vasculopatía propias de la diabetes de larga evolución; el pie de Charcot es, dentro de ese espectro, la complicación específicamente ósea y articular, con un mecanismo propio que nada tiene que ver con la falta de riego. Tampoco debe confundirse con una infección ósea: un pie caliente, enrojecido e inflamado en una persona diabética con neuropatía puede corresponder tanto a un pie de Charcot en fase activa como a una osteomielitis, y ambos cuadros comparten hallazgos de imagen que dificultan la distinción incluso para el especialista. La ausencia casi constante de dolor, pese a la magnitud de la destrucción radiológica, es uno de los rasgos que más orienta hacia el origen neuropático puro del proceso. Porque el nombre se acuñó por el mecanismo, no por la causa. Jean-Martin Charcot documentó el proceso en pacientes con sífilis terciaria en 1868, décadas antes de que la diabetes se identificara como su causa dominante, algo que no ocurrió hasta 1936. El nombre sobrevivió al cambio de etiología. Menos de lo que cabría esperar por la gravedad de las lesiones óseas, y esa es precisamente una de sus señas de identidad. En fase aguda puede haber cierta molestia, pero la pérdida de sensibilidad que lo origina limita también la percepción del dolor. No. La afectación bilateral simultánea es minoritaria, por debajo de uno de cada diez casos, aunque con el paso de los años una proporción de pacientes acaba desarrollándolo también en el pie contrario. La osteoartropatía neuropática, o neuroartropatía, es el término general para la destrucción articular por pérdida de sensibilidad, con independencia de la articulación afectada; puede darse en el hombro, la rodilla o la columna, entre otras localizaciones. El pie de Charcot es esa misma entidad cuando asienta en el pie y el tobillo, que es, además, su localización con mucho más habitual.Qué es el pie de Charcot
Mecanismo
Clasificación
Epidemiología
Diferenciación con otras entidades del pie
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama pie de Charcot si Charcot no lo describió en diabéticos?
¿Duele el pie de Charcot?
¿Afecta siempre a los dos pies?
¿Es lo mismo que la osteoartropatía neuropática?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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