DICCIONARIO MÉDICO
Pericondritis
La pericondritis es la inflamación del pericondrio, la membrana de tejido conectivo que rodea y nutre al cartílago. Puede afectar a cualquier estructura cartilaginosa del cuerpo, aunque el pabellón auricular es, con diferencia, su localización más frecuente. Al comprometer la nutrición del cartílago, sostenida en el tiempo puede derivar en necrosis y deformidad permanente. El nombre combina perí (περί), «alrededor de», y chondros (χόνδρος), «cartílago», más el sufijo griego -itis, «inflamación». El término inglés perichondritis quedó documentado en 1846, ya en pleno auge de la nomenclatura médica decimonónica que acuñó buena parte del vocabulario clínico actual. Conviene distinguirla de la condritis propiamente dicha, que es la inflamación del cartílago en sí. En la práctica ambas entidades se solapan con frecuencia: como el cartílago depende por completo del pericondrio para nutrirse, una pericondritis mantenida termina dañando la pieza cartilaginosa subyacente. El cartílago carece de vasos sanguíneos propios y recibe todos sus nutrientes por difusión desde los capilares del pericondrio. Cuando este se inflama, se edematiza y puede separarse de la superficie cartilaginosa, ya sea por el propio proceso inflamatorio o por la acumulación de líquido, sangre o pus en ese espacio. La separación interrumpe el aporte de oxígeno y nutrientes. Sin riego, el cartílago entra en isquemia. Si el proceso no se resuelve, la pieza cartilaginosa se necrosa y pierde su función de soporte estructural, con la consiguiente deformidad del órgano afectado. El origen más habitual es infeccioso: un traumatismo, una quemadura, una perforación estética a través del cartílago o una picadura de insecto rompen la barrera cutánea y permiten la entrada de bacterias hasta el pericondrio. Pseudomonas aeruginosa es el patógeno que con más frecuencia se aísla en estos casos, seguida de Staphylococcus aureus, sobre todo cuando ya existe formación de absceso. Existe también una vía no infecciosa, menos frecuente pero clínicamente relevante: trastornos inflamatorios sistémicos, entre ellos algunas vasculitis, en los que el propio sistema inmunitario ataca el tejido conectivo del pericondrio sin que medie ningún microorganismo. La pericondritis auricular, centrada en el pabellón de la oreja, concentra la mayoría de los casos descritos y cuenta con una entrada propia en este diccionario por la entidad clínica que representa. En el tabique nasal, el mecanismo suele ser distinto: un traumatismo provoca un hematoma que se acumula entre el cartílago septal y su pericondrio. Si no se drena a tiempo, ese hematoma produce el mismo efecto de separación y necrosis, con el hundimiento del dorso nasal como secuela característica. La laringe representa la localización de mayor riesgo vital. Cuando el proceso afecta a los cartílagos tiroides, cricoides o aritenoides, la inflamación puede estrechar la vía aérea y comprometer la respiración, un cuadro que a veces aparece como complicación tardía de una radioterapia cervical o de una biopsia laríngea. Frente a la erisipela, que también cursa con enrojecimiento e hinchazón del pabellón auricular, el dato más útil es el lóbulo: al carecer de cartílago, permanece respetado en la pericondritis y afectado en la erisipela. Frente a la otitis externa, la inflamación de esta última se concentra en el conducto auditivo y no en el relieve cartilaginoso del pabellón. Y frente a la policondritis recidivante, una enfermedad autoinmune que ataca de forma repetida cartílagos de varias localizaciones a la vez, la pericondritis suele limitarse a un único episodio y a una sola zona. No exactamente. La pericondritis afecta a la membrana que rodea el cartílago; la condritis, al cartílago mismo. La segunda suele ser consecuencia de la primera cuando esta no se controla a tiempo. Por su exposición y por la popularidad de las perforaciones estéticas a través del cartílago del hélix, hoy consideradas el principal factor de riesgo de esta variante. No. Aunque la mayoría lo son, una minoría responde a un mecanismo autoinmune sin infección demostrable, como ocurre en el contexto de ciertas vasculitis o de la policondritis recidivante. Sí, si el cartílago llega a necrosarse. El resultado depende de la localización: deformidad del pabellón auricular, hundimiento del dorso nasal o, en los casos laríngeos más graves, compromiso de la vía aérea.Qué es la pericondritis
Por qué el pericondrio inflamado pone en riesgo al cartílago
Causas
Clasificación según la localización
Diferenciación con otros procesos
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo pericondritis que condritis?
¿Por qué la oreja es la localización más frecuente?
¿Toda pericondritis es de origen bacteriano?
¿Puede la pericondritis dejar secuelas permanentes?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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