DICCIONARIO MÉDICO
Ototóxico
Ototóxico es el adjetivo que describe cualquier sustancia capaz de dañar el oído interno y alterar la audición o el equilibrio. No designa un fármaco concreto, sino una propiedad que comparten sustancias de origen muy distinto, reconocida desde el siglo XIX. La palabra combina oto-, del griego oûs, ōtós (οὖς, ὠτός), oído, con tóxico, que a su vez procede del griego toxikón (τοξικόν), veneno para las flechas, derivado de tóxon (τόξον), arco. La ototoxicidad se define como el daño, reversible o irreversible, que determinadas sustancias producen en el oído interno, con capacidad de alterar la audición, el sistema vestibular, o ambos a la vez. El daño puede afectar a dos estructuras distintas del oído interno, y de ahí se derivan dos formas de ototoxicidad. La coclear compromete las células ciliadas de la cóclea, sobre todo las externas, y se traduce en una pérdida de audición. La vestibular afecta al sistema del equilibrio y produce inestabilidad o vértigo. Ambas comparten, en buena medida, el mismo mecanismo íntimo: la generación de especies reactivas de oxígeno que dañan el ADN, las proteínas y los lípidos de las células ciliadas, unas células que, a diferencia de otras del organismo, no se regeneran una vez destruidas. Varias familias de fármacos se asocian de forma reconocida con la ototoxicidad. Los antibióticos aminoglucósidos, como la gentamicina o la estreptomicina, figuran entre los más estudiados. Los compuestos de platino empleados en quimioterapia, en particular el cisplatino, también dañan la cóclea de forma característica. Se añaden a la lista los diuréticos de asa, algunos salicilatos a dosis altas y, con menor frecuencia, ciertos macrólidos y glicopéptidos. No todas estas sustancias afectan al oído por igual: unas son sobre todo cocleotóxicas, otras predominantemente vestibulotóxicas, y varias combinan ambos efectos. El efecto suele guardar relación con la dosis administrada. Puede ser transitorio y desaparecer al retirar la sustancia, o instaurarse de forma permanente si el daño celular ha sido extenso. La radioterapia dirigida a estructuras próximas al oído se ha señalado también como causa de ototoxicidad, con un riesgo que aumenta a partir de ciertas dosis de radiación acumulada. Por esa razón, en población pediátrica sometida a tratamientos con fármacos ototóxicos se recomienda un seguimiento audiológico específico durante y después del tratamiento. De oto-, oído, y tóxico, que en último término procede del griego tóxon, arco, a través de toxikón, veneno para las flechas. No. El primero daña las células ciliadas de la cóclea y afecta a la audición. El segundo compromete el sistema vestibular y altera el equilibrio. Una misma sustancia puede tener ambos efectos a la vez, en proporciones distintas según el caso. No siempre. Depende de la dosis, de la duración de la exposición y de la sustancia implicada. Algunos episodios remiten por completo tras suspender el tratamiento; otros dejan una secuela auditiva o vestibular que no se recupera, porque las células ciliadas dañadas no vuelven a regenerarse. Desde el siglo XIX. Con la generalización de fármacos como los primeros antibióticos aminoglucósidos, a mediados del siglo XX, la ototoxicidad pasó de ser una observación aislada a un problema de seguridad farmacológica estudiado de manera sistemática.Qué significa ototóxico
Mecanismo
Tipos de sustancias
Reversibilidad y factores de riesgo
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra ototóxico?
¿Es lo mismo cocleotóxico que vestibulotóxico?
¿Toda ototoxicidad es permanente?
¿Desde cuándo se conoce este fenómeno?
Referencias
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