DICCIONARIO MÉDICO
Olfactómetro
Un olfactómetro es el instrumento que mide la función olfativa: el umbral de detección de un olor, la capacidad de identificarlo o de distinguirlo de otros. Se emplea en neurología, otorrinolaringología, investigación básica e industria. La palabra combina olfacto-, del latín olfactus, con el elemento compositivo -metro, del griego métron ("medida"), presente en instrumentos como el termómetro o el barómetro. Un olfactómetro es, literalmente, el aparato que mide el olfato. Bajo ese nombre conviven dispositivos muy distintos entre sí. Los hay pensados para la exploración clínica de una persona, capaces de establecer si su umbral de percepción está dentro de lo esperable, y los hay diseñados para cuantificar de forma objetiva la concentración de un olor en el aire de una fábrica o de una planta de tratamiento de residuos. El principio que comparten es sencillo: presentar un estímulo oloroso de concentración conocida y registrar la respuesta, humana o instrumental, que provoca. En su forma clínica más simple, el olfactómetro entrega un odorante a una concentración determinada, a través de un tubo o de una tira impregnada, y registra si la persona lo detecta, lo identifica o lo distingue de otro. La concentración puede variarse de forma controlada hasta dar con el umbral, la cantidad mínima perceptible para esa persona en ese momento. Para la versión ambiental, el principio es de dilución sucesiva: una muestra de aire con olor conocido se mezcla con aire limpio en proporciones cada vez menores hasta que un panel de evaluadores entrenados deja de percibirlo. El número de diluciones necesario para llegar a ese punto se traduce en unidades de olor por metro cúbico, la medida que emplean las normativas ambientales europeas. Existen, a grandes rasgos, dos familias. La primera, de uso clínico y de investigación, incluye pruebas psicofísicas de papel o de lápiz aromático, como el test de identificación de olores de la Universidad de Pensilvania (UPSIT) o los Sniffin' Sticks desarrollados en Alemania, capaces de evaluar el umbral, la identificación y la discriminación de olores en pocos minutos. Ninguna requiere aparatos complejos. La segunda familia corresponde a la olfatometría dinámica de dilución, regulada en Europa por la norma UNE-EN 13725, que se usa para medir de forma objetiva las emisiones olorosas de fuentes industriales, estaciones depuradoras o vertederos, y para comprobar si una instalación respeta los límites legales de emisión de olor. El fisiólogo neerlandés Hendrik Zwaardemaker construyó el primer olfactómetro en 1888. Su diseño consistía en un tubo de caucho vulcanizado, deslizante dentro de otro de porcelana o vidrio con un extremo impregnado de una sustancia odorífera; la longitud del tubo expuesto determinaba la intensidad del estímulo que llegaba a la fosa nasal del sujeto. No convenció, sin embargo, a toda la comunidad científica. En Francia, el psicofisiólogo Charles Henry desarrolló su propio olfactómetro por desconfianza hacia el modelo neerlandés, y poco después Jacques Passy ideó una técnica alternativa para medir el umbral de percepción de los olores. De ese linaje de instrumentos surgió, en 1904, el osmiestesiómetro de Édouard Toulouse y Nicolae Vaschide. El olfactómetro de Zwaardemaker dejó de emplearse hace décadas, pero buena parte de la metodología actual desciende de aquellos primeros aparatos de finales del siglo XIX. Conviene distinguir el aparato de la disciplina: el olfactómetro es el instrumento y la olfatometría es la técnica que lo emplea, del mismo modo que el termómetro y la termometría se relacionan entre sí. Un laboratorio puede practicar la olfatometría dinámica con distintos modelos de olfactómetro, siempre que cumplan la norma de calibración correspondiente. Una consulta de otorrinolaringología puede recurrir a un olfactómetro clínico como parte de una exploración más amplia de la función olfativa, sin que ese uso tenga relación alguna con la normativa ambiental. Lo construyó el fisiólogo neerlandés Hendrik Zwaardemaker, en 1888. Su instrumento, hoy en desuso, dio nombre a toda una familia de aparatos posteriores. No. Son dos tipos de dispositivos distintos, con principios de medida y unidades de resultado diferentes, aunque compartan el mismo nombre genérico. Depende del modelo. Puede establecer el umbral de detección de un olor, la capacidad para identificarlo entre varias opciones o la habilidad para discriminar entre dos estímulos parecidos; los equipos ambientales, en cambio, cuantifican la concentración de olor de una muestra de aire. La norma europea UNE-EN 13725 expresa los resultados en unidades de olor europeas por metro cúbico. La cifra indica cuántas veces hay que diluir una muestra de aire con aire limpio hasta que un panel de personas entrenadas deja de percibir el olor. Cuantas más diluciones hacen falta, mayor es la concentración de olor original. El método se aplica sobre todo a instalaciones industriales, estaciones depuradoras de aguas residuales y plantas de gestión de residuos, donde sirve para comprobar el cumplimiento de los límites legales de emisión. En perfumería y en la industria alimentaria, para el control de calidad de fragancias y aromas, y en la investigación básica sobre percepción sensorial.Qué es un olfactómetro
Cómo funciona un olfactómetro
Tipos de olfactómetros
Historia del olfactómetro
Olfactómetro y olfatometría
Preguntas frecuentes
¿Quién inventó el olfactómetro?
¿Sirve el mismo olfactómetro para la clínica y para medir olores industriales?
¿Qué mide exactamente un olfactómetro?
¿Qué unidades se emplean en la olfatometría ambiental?
¿En qué campos se usa un olfactómetro además de la medicina?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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