DICCIONARIO MÉDICO
Nariz en silla de montar
La nariz en silla de montar es la depresión del dorso nasal que resulta de la pérdida de su soporte óseo, cartilaginoso o de ambos a la vez. No constituye una enfermedad en sí misma, sino un signo: la huella visible de un daño estructural cuyo origen puede ser traumático, infeccioso, autoinmune o congénito. El propio dorso, visto de perfil, recuerda al asiento hundido de una silla de montar, de donde procede el nombre. El sostén del dorso nasal depende de una estructura mixta: la mitad superior es ósea (los huesos nasales) y la mitad inferior es cartilaginosa, con el cartílago septal como pieza central de ese soporte. Cuando ese armazón pierde altura, ya sea por destrucción del hueso, del cartílago o de ambos, el puente se hunde y la nariz adquiere un perfil cóncavo que contrasta con la línea recta o suavemente convexa habitual. Conviene distinguir un matiz clínico importante. La deformidad no señala una causa concreta: es un punto de llegada común a trastornos muy distintos entre sí, desde un golpe aislado hasta una enfermedad sistémica de curso prolongado. Por eso los propios especialistas insisten en que no es un diagnóstico cerrado, sino un signo que obliga a buscar el proceso que lo originó. La comparación con el arnés ecuestre no es exclusiva del español. El alemán clínico la llama Sattelnase, el francés nez en selle y el inglés saddle nose: tres tradiciones médicas distintas coincidieron, de forma independiente, en la misma imagen visual para describir el mismo hundimiento del puente nasal. Esa convergencia terminológica es en sí misma un indicio de lo característico y reconocible que resulta el signo en la exploración clínica. El traumatismo nasal figura entre las causas más frecuentes. Una fractura que afecta al tabique cartilaginoso, o un hematoma septal que no se drena a tiempo, puede privar de riego al cartílago y provocar su necrosis: el tejido muere y el dorso pierde el soporte que ese cartílago le proporcionaba. En el extremo congénito está la sífilis congénita tardía, que puede dejar el hundimiento nasal como uno de sus estigmas óseos característicos, junto a otras alteraciones craneofaciales que se desarrollan mientras el esqueleto del niño todavía está formándose. Dos enfermedades autoinmunes explican buena parte de los casos adquiridos en la edad adulta. La granulomatosis con poliangeítis es una vasculitis que puede inflamar y erosionar el cartílago nasal hasta perforar el tabique; la policondritis recidivante ataca de forma recurrente el cartílago de la nariz, las orejas y la vía respiratoria, con el mismo resultado final sobre el dorso nasal cuando el proceso se repite sin control. La lepra lepromatosa puede destruir el tabique por invasión directa de la mucosa nasal, y el consumo intranasal prolongado de cocaína actúa por un mecanismo distinto pero con el mismo desenlace: compromete el riego del tabique hasta perforarlo. En todos los casos, la vía final es la misma, aunque el camino hasta llegar a ella cambie por completo de una causa a otra. Ya en el siglo XIX, la sifilografía documentó este hundimiento como parte del repertorio de estigmas craneofaciales de la sífilis congénita tardía, la misma tradición clínica que en 1858 registró, de la mano del cirujano británico Jonathan Hutchinson, las muescas dentarias que hoy llevan su nombre. Ambos signos, el dental y el nasal, se describían entonces como parte de un mismo cuadro tardío, reconocible a simple vista décadas antes de que existiera ninguna prueba de laboratorio para confirmarlo. No. Es un signo, la consecuencia visible de un daño estructural en el dorso nasal. La causa que lo origina sí puede ser una enfermedad, pero el hundimiento en sí mismo es solo su manifestación externa. El traumatismo nasal, por delante de las causas infecciosas, autoinmunes o congénitas. La mayoría de los casos parten de una fractura o de un hematoma septal mal resuelto, no de una enfermedad sistémica. No suele ser así. En la infancia se asocia sobre todo a la sífilis congénita, transmitida antes del nacimiento. En la edad adulta predominan el traumatismo y, con menor frecuencia, las enfermedades autoinmunes del cartílago. En absoluto. La granulomatosis con poliangeítis afecta el oído, la nariz y la garganta hasta en el 50 al 95 por ciento de los pacientes, y el hundimiento del dorso nasal es solo una de las varias formas en que ese daño se expresa allí, junto a otras alteraciones del tabique y de los senos. Porque el perfil resultante, con el puente hundido entre la raíz y la punta, dibuja una curva cóncava muy parecida al asiento de una montura ecuestre visto de lado. La imagen resultó tan clara que se fijó de forma independiente en varias lenguas médicas europeas.Qué es
Origen del nombre
Causas
Un signo con historia
Preguntas frecuentes
¿La nariz en silla de montar es una enfermedad?
¿Cuál es la causa más habitual?
¿Aparece siempre por el mismo motivo en niños y en adultos?
¿Es un signo exclusivo de una sola enfermedad?
¿Por qué se compara con una silla de montar y no con otra forma?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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