DICCIONARIO MÉDICO
Mortalidad infantil
La mortalidad infantil cuantifica las defunciones de niños que han nacido con vida y fallecen antes de cumplir un año, expresadas por cada 1.000 nacidos vivos. Se descompone en mortalidad neonatal, la de los primeros 28 días, y posneonatal, la del resto del primer año, y es uno de los indicadores más utilizados para valorar la salud de una población infantil. El adjetivo infantil procede del latín tardío infantilis, relativo al infans, literalmente "el que no habla", formado por el prefijo negativo in- y el participio de fari (hablar). El término conserva ese matiz de primera infancia, el tramo vital en el que un niño aún no se expresa con palabras. A diferencia de la mortalidad fetal, que no exige que el feto haya nacido con vida, la mortalidad infantil parte de un requisito estricto: el nacido debe haber mostrado algún signo de vida (respiración, latido cardíaco, pulsación del cordón o movimiento muscular voluntario) tras separarse por completo del cuerpo materno. Si fallece después de eso, en cualquier momento antes de cumplir el año, la muerte se contabiliza como mortalidad infantil. La mortalidad neonatal agrupa las muertes ocurridas en los primeros 28 días de vida, y suele subdividirse a su vez en precoz (los primeros 7 días) y tardía (del día 7 al 28). La mortalidad posneonatal, o infantil tardía, recoge las que se producen entre el día 28 y los 11 meses. Casi la mitad de todas las muertes de menores de 5 años en el mundo ocurre dentro del periodo neonatal, según la Organización Mundial de la Salud, lo que convierte a las primeras cuatro semanas de vida en la ventana de mayor riesgo de toda la infancia. El parto prematuro, las complicaciones durante el parto, las infecciones neonatales y las anomalías congénitas concentran la mayoría de esas muertes. En 2022 fallecieron 2,3 millones de recién nacidos en sus primeros 28 días de vida en todo el mundo, unas 6.500 defunciones diarias, según datos de la OMS. La carga se reparte de forma muy desigual: el África subsahariana registró ese año la tasa de mortalidad neonatal más alta del planeta, 27 defunciones por cada 1.000 nacidos vivos, seguida de Asia central y meridional, con 21. España se sitúa entre los países con tasas más bajas. La tasa de mortalidad infantil aumentó tres centésimas en 2023 respecto al año anterior y se situó en 2,63 defunciones por cada 1.000 nacidos vivos, según el Instituto Nacional de Estadística. Es una cifra reducida en términos absolutos, pero conviene leerla junto a la evolución de la mortalidad neonatal y posneonatal por separado, porque ambas responden a causas distintas y no siempre evolucionan en la misma dirección. Pocos indicadores resumen tanto sobre el estado de un sistema sanitario. La mortalidad infantil refleja el acceso al control prenatal, la calidad de la atención al parto, la cobertura vacunal, la nutrición materna e infantil y las condiciones socioeconómicas generales de una población, lo que explica que organismos como UNICEF o la OMS lo empleen como referencia comparativa entre países y a lo largo del tiempo. Conviene no confundirla con la mortalidad perinatal, que combina la mortalidad fetal tardía con solo la primera semana de vida y se detiene ahí. La mortalidad infantil, en cambio, cubre el año completo tras el nacimiento, incluye tanto el periodo neonatal como el posneonatal, y no incorpora ninguna muerte anterior al parto. La neonatal cubre los primeros 28 días de vida; la posneonatal, del día 28 hasta los 11 meses. Sus causas suelen ser distintas: la neonatal está más ligada a la prematuridad y a complicaciones del parto, y la posneonatal, a infecciones adquiridas tras el nacimiento y a factores ambientales o nutricionales. No. Exige que el niño haya nacido con vida. Las muertes ocurridas dentro del útero, antes del parto, se registran como mortalidad fetal, un indicador distinto con su propia definición y sus propios criterios de edad gestacional. Porque incluso valores bajos siguen siendo sensibles a las desigualdades internas. Dentro de un mismo país con una tasa nacional reducida pueden convivir regiones o grupos de población con cifras varias veces superiores, de modo que el indicador sigue revelando brechas de acceso que la media general oculta. Su uso sistemático se consolidó a lo largo del siglo XX, a medida que los registros civiles de nacimientos y defunciones se generalizaron. España, por ejemplo, partía de tasas cercanas a 200 muertes por cada 1.000 nacidos vivos a comienzos del siglo pasado, un valor hoy propio de los países con peores indicadores del mundo.Qué es la mortalidad infantil
Neonatal y posneonatal: los dos componentes
Magnitud global y en España
Por qué es un indicador de desarrollo
Diferenciación con mortalidad fetal y perinatal
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre mortalidad neonatal y posneonatal?
¿La mortalidad infantil incluye las muertes fetales?
¿Por qué se sigue usando como indicador de desarrollo si la mortalidad infantil ya es baja en muchos países?
¿Desde cuándo se emplea como indicador demográfico?
Referencias
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